La situación generó un fuerte malestar entre los usuarios, especialmente en provincias como Tucumán, una de las más afectadas, donde se repitieron cancelaciones y reprogramaciones sin información clara. El caos también se replicó en aeropuertos como Aeroparque y Ezeiza, donde cientos de personas aguardaron durante horas sin respuestas concretas.
Las redes sociales se llenaron de reclamos, quejas e ironías. “Me cancelaron el vuelo a Tucumán y ahora tengo que pagar diez veces más para llegar”, escribió un pasajero. Otros apelaron al humor para sobrellevar la situación: “Ni Papá Noel llegó, le cancelaron el vuelo”, comentaron en la cuenta oficial de la empresa.
Las cancelaciones no fueron un hecho aislado. Solo entre Nochebuena y Navidad se suspendieron más de 30 vuelos. En el acumulado semanal, se registraron servicios cancelados hacia destinos como Bariloche, Iguazú, Mendoza, Salta, Jujuy, Neuquén, Ushuaia, Córdoba, Posadas y, nuevamente, Tucumán, uno de los destinos más castigados.
Según fuentes del sector aerocomercial, el problema se originó en una deficiente planificación operativa. Flybondi habría programado vuelos que no estaba en condiciones de cubrir, debido a que al menos cuatro aeronaves previstas para reforzar la flota nunca estuvieron disponibles. A pesar de ello, los pasajes fueron vendidos y los vuelos cargados en el sistema, repitiendo una práctica que ya había generado conflictos en temporadas anteriores.
El resultado fue una cadena de cancelaciones, pasajeros varados y una fuerte pérdida de confianza. En muchos casos, quienes tenían vuelos programados con anticipación se vieron obligados a pagar tarifas hasta diez veces más altas para poder llegar a destino por otras aerolíneas o medios de transporte.
Los datos oficiales también reflejan el deterioro de la compañía. Según la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), durante noviembre JetSmart fue la única aerolínea que registró crecimiento en cantidad de pasajeros transportados, mientras que Flybondi y Aerolíneas Argentinas mostraron caídas. En el caso de la low cost, el retroceso se dio en pleno inicio de la temporada alta.
Con más de 30 mil personas afectadas en una sola semana, el cierre de 2025 dejó expuesto un problema estructural que la empresa arrastra desde hace tiempo. Mientras tanto, miles de pasajeros continúan esperando respuestas, reembolsos y, sobre todo, la posibilidad de viajar sin la incertidumbre de no saber si su vuelo despegará.