Tras su fallecimiento, el Vaticano sigue un riguroso protocolo para despedir al Sumo Pontífice. Su cuerpo será trasladado a la Basílica de San Pedro, donde permanecerá en velorio durante varios días, permitiendo que los fieles se acerquen a rendirle homenaje. Este es un momento de profundo recogimiento, con la presencia de personas provenientes de diversas partes del mundo. El velorio estará presidido por el cardenal decano del Colegio Cardenalicio y se llevará a cabo en la plaza de San Pedro.
En este contexto, el Gobierno ha decretado siete días de duelo por la muerte del Papa Francisco, un gesto que subraya el impacto de su liderazgo.
La ceremonia del funeral contará con la presencia de jefes de Estado, líderes religiosos y representantes de distintas instituciones, lo que refleja la influencia global del Papa. Siguiendo la tradición, se incluirán lecturas, oraciones y cánticos solemnes, todo en un rito lleno de simbolismo.
El ataúd del Papa estará compuesto por tres capas: una de ciprés, otra de plomo y una externa de olmo o nogal. Dentro del ataúd se colocará un documento que describe brevemente su pontificado, junto a algunas monedas y medallas conmemorativas.
Una vez concluido el funeral, el Papa será sepultado en las Grutas Vaticanas, donde descansan la mayoría de sus predecesores. La ubicación exacta de su tumba será determinada previamente por el propio Pontífice o por el Vaticano.
Este evento no solo representa un acto de despedida, sino que también es un momento de reflexión para la Iglesia. Con la muerte de Francisco I, se abre un nuevo capítulo en la historia del Vaticano, en el que los cardenales deberán elegir al próximo líder de la Iglesia Católica.