El grupo fue contactado por buzos de la Marina militar de Tailandia en un paraje de la enorme gruta a más de tres kilómetros de la entrada.
Familiares de los desaparecidos no podían creerlo, un final feliz para más de 10 días de angustia. "Estoy tan feliz que no puedo pensar en otra cosa", le dijo un padre al diario tailandés The Nation.
El estallido colectivo resultó comprensible, ya que muchos temían que, pese a las declaraciones optimistas de las autoridades, el grupo no estuviera con vida.