Hay damnificados del temporal que padecen inseguridad y viven con temor por otra gran lluvia

Entre fines de marzo e inicios de abril, Comodoro Rivadavia sufrió el temporal más grande de su historia. La caída de más de 300 milímetros de lluvia produjo el colapso de los servicios públicos, inundaciones de viviendas y destrozos de caminos. A seis meses de la catástrofe, diversos afectados sienten que "están solos" en la reconstrucción de sus viviendas. Mientras tanto, con grandes paredones intentan sortear la inseguridad y el temor a una nueva tormenta.

El miércoles 29 de marzo, Comodoro Rivadavia comenzó a vivir la peor catástrofe de su historia. Durante 10 días cayeron más de 300 milímetros de lluvia, equivalente a lo que cae en un año y las consecuencias fueron devastadoras: más de 8.000 personas tuvieron que ser albergadas en centros de evacuados, casas de familiares o de vecinos solidarios.

Los barrios Pueyrredón, Juan XXIII, Abel Amaya, 30 de Octubre, Cerro Solo, Kilómetro 8 y Laprida fueron los más afectados por el temporal. Las viviendas en su interior quedaron cubiertas de barro y agua, los servicios colapsaron y en varios sectores de la ciudad se tuvo que trabajar con camiones vactor y maquinas viales para recuperar la trama vial en los accesos como ocurrió en el San Cayetano, Los Tres Pinos, los Kilómetros 14 y 17, y Caleta Córdova, sector que quedó aislado por el desmoronamiento de un puente.

El viernes se cumplieron seis meses de la catástrofe y El Patagónico volvió a los barrios Juan XXIII, Pueyrredón, Laprida y Don Bosco, sectores que fueron duramente afectados.

El panorama es desolador, con casas abandonadas, vecinos que continúan sacando tierra de sus viviendas, autos completamente destruidos, calles de asfalto hechas tierra y sectores sin alumbrado público.

En el barrio Juan XXIII las heridas del temporal siguen latentes. En muchas de las paredes del barrio aún perduran las marcas de más de un metro de barro, huella de la pérdida de bienes materiales y de esos días de angustia.

En el sector, una gran cantidad de vecinos abandonaron sus casas, otros continúan trabajando para tratar de volver a sus hogares. Mientras que los menos damnificados, decidieron tomar medidas para evitar otra posible inundación. Es que la vida en el barrio no volverá a ser la misma, y los vecinos tratan de convivir con la amenaza en que se convirtió el canal evacuador de la avenida Roca ante una posible tormenta.

“Es el miedo al barro”, afirmó Héctor Blanco, vecino de Carrero Patagónico y Patricios. “Cuando vos tenés el barro en la cintura y ves que todo flota, no sabés qué hacer. Los paredones altos son para eso: para parar el barro y el miedo”, agregó el damnificado quien estima que recién en noviembre podrá volver a su casa, que se encuentra en refacciones.

CASAS VACIAS Y PAREDONES ALTOS

Héctor fue uno de los tantos vecinos que durante la tormenta tuvo que autoevacuarse. En su cabeza aún recuerda como si fuese ayer esa noche en que el barro ingresó a su vivienda. “Fue como un silencio y luego un zumbido fuerte. Enseguida empezamos a ver como entraba el barro. No sé cómo hicimos para abrir la puerta y sacar a la perra que pesa como 60 kilos. Escapamos y nos refugiamos en la casa de un vecino que tenía segundo piso… No sé qué hubiera pasado si nos quedamos unos minutos más. Quizás no la contábamos”, señaló.

La casa de Héctor quedó prácticamente destruida y él junto a su familia tuvo que comenzar de nuevo. En su relato se mezcla la resignación, la bronca y la desazón, también por haber recibido poca ayuda o casi nula de los gobiernos nacional, provincial y municipal.

“Lo que nos dieron fue nada, un subsidio que solo sirvió para comprar pintura que no me alcanza para toda la casa. Es lo que me dieron. Yo tengo con que volver a empezar pero hay gente que perdió todo o quedó muy afectada por la lluvia”, lamentó el hombre.

Las palabras de Héctor se reflejan en el paisaje del barrio, donde el exilio fue la única opción que tuvieron muchos propietarios, pero también los inquilinos, en una zona que se caracteriza por la oferta de alquileres.

“¿Y qué vas hacer si muchos vecinos abrieron sus puertas y se encontraron con todas sus cosas podridas por el agua?, ¿Vos te quedarías en un lugar donde sabes que en cualquier momento te podes inundar?”, se preguntan Edith y Rafael, quienes viven en Carrero Patagónico al 3400.

El matrimonio señala las casas de sus vecinos y dan testimonio de la situación de cada una. Todas tienen un punto en común: son inhabitables, explicó Rafael. “La gente agarró sus cosas y se fueron. Acá tuvimos casi 40 centímetros de agua y nos salvamos, pero otros la pasaron feo. Muchas son prefabricadas o tienen piso flotante y quedaron destruidas. Hubo un matrimonio jovencito que recién empezaba pero se tuvieron que ir con lo puesto porque el barro le desastroso todo”, sostuvo.

La pareja recordó que antes del temporal su cuadra era el patio de los niños que jugaban en las veredas y el rincón de charlas entre vecinos los fines de semana. Es que en la zona rescindían 20 familias, pero hoy solo viven cuatro.

“Esto era árboles y verde por todos lados. Ahora vos ves puro barro seco, polvo, es todo gris por donde mires; las casas abandonadas y que nadie viene a ver, puertas tapeadas para que no sean usurpadas. Antes era difícil encontrar un alquiler, ahora es difícil encontrar alguien que quiera alquilar”, lamentó el matrimonio, que también construye un nuevo paredón para hacerle frente a la lluvia.

INSEGURIDAD Y NULAS RESPUESTAS

Lo cierto es que los damnificados por el temporal no solo deben enfrentar las consecuencias del barro y el agua sino que también deben luchar contra la inseguridad y el peligro de usurpación o la quema de sus viviendas.

María Ojeda, Adelaida Almeida, Mirta Cámara, Verónica Cruz y Ana Koziak son vecinas del Pueyrredón y coincidieron en que luego de la catástrofe los robos se hicieron una constante y la Seccional Tercera no logra cubrir su área por falta de personal.

“No solo tenemos que pasar la situación de sacar barro de nuestras casas sino que tenemos que bancarnos que unos sinvergüenzas nos quiten lo poco que logramos salvar”, sostuvo Ana.

“Cuando estaban sacando el barro estábamos protegidos hasta las 18, cuando estaba el Ejercito, pero después era zona de nadie. Ahora estamos con sectores sin alumbrado público”, agregó María, quien aseguró que en algunas ocasiones los ladrones al no poder llevarse nada incendiaron las viviendas desocupadas.

Las vecinas, al igual que Héctor coincidieron en la falta de ayuda del Estado. Los relevamientos de Nación, Provincia y Municipalidad, el empadronamiento de damnificados y los subsidios que nunca llegaron fueron los principales cuestionamientos.

“Yo fui a reclamar a la Municipalidad un subsidio y me dijeron que no estaba cuando yo había hecho el certificado de catástrofe. Ahí te das cuenta que no sirve de nada. Encima cuando vas al municipio te tratan como si fueras un delincuente; dudan que sufriste la inundación de tu casa”, manifestó Ana.

En tanto, Verónica agregó: “acá el único relevamiento que sirvió fue el que hizo el IPV (Instituto Provincial de la Vivienda) porque a partir de ahí nos da un subsidio Nación pero tampoco es mucho. Después vinieron sacaron cuentas, llenaron papeles y papeles pero quedó todo en la nada. Encima si vos hacés una reparación de tu casa te lo descuentan del subsidio porque supuestamente ya está arreglado. La respuesta que te dan todos es que tenés que esperar que se dignen a venir con su equipo pero mientras tanto nosotros no podemos hacer nada”.

Así, a seis meses de la catástrofe que incluso captó la atención de los medios metropolitanos, las críticas de los vecinos se multiplican con cierta resignación, no solo por falta de ayuda sino también porque hasta ahora no hay obras planificadas que eviten una nueva inundación. Es que como dijo Mirta, “hay gente que se inunda hace 25 años y nunca hicieron nada, a pesar de que acá se paga el impuesto más caro de la ciudad.

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