A esta altura, está claro que usted ya se tomó como mínimo tres días para sentir e impactarse con las Cataratas. Luego de esa experiencia y si no es de aquellos que fueron a este lugar para hacer compras en la triple frontera, es necesario visitar las ruinas de San Ignacio.
Las ruinas encierran un pasado más sencillo de contar pero también un misterio y un poder que puede estudiarse e interpretarse pero, al igual que las Cataratas, es necesario sentir. Para la primera tarea, la de conocer y saber, lo ayudarán los excelentes guías que hay, el resto depende de usted y para eso será necesario que, de vez en cuando, respire hondo, cierre los ojos y sienta.
La historia y recomendación de esta nota no son las Cataratas, ni las ruinas por lo dicho, porque ya se escribió bastante de ellas y seguramente, si va a Misiones, serán sus dos lugares base.
El centro de nuestra recomendación es agregarle una tercera visita, una de esas que no figuran en los planes turísticos de grupos o paquetes, sino que forman parte de otras búsquedas y recomendaciones.
Si usted ya está en San Ignacio, lo invitamos a quedarse en esa ciudad y visitar la Casa o museo de Horacio Quiroga, uno de los autores más sufridos y malditos de la República Argentina, pese a haber nacido en Uruguay.
La Casa de Horacio Quiroga no es un lugar que sea muy visitado y por eso también tiene su encanto. Se trata de una humilde y sufrida vivienda, para seguir con el tono trágico del escritor y no es la original, sino la reconstruida (de manera perfecta) por los productores de la película "Historia de amor, de locura y muerte".
En el solar donde está, se encuentra una parte de la original, que vendría a ser como el estudio de Horacio, y allí están sus materiales, su máquina de escribir, un catre, varias fotos gloriosas, mariposas disecadas y otras rarezas, como su moto y el cuero de una víbora que, cuentan, el mismo escritor mató, cuereó y disecó. Cosa que seguramente sucedió porque se trató de un hombre trágico pero inquieto, pasional y arriesgado.
También hay un bote, muchos grabados con sus cuentos más potentes y es imposible no pensar en "La gallina degollada", o "El almohadón de plumas", y otros elementos que formaron parte del escritor, juez de paz, y del hombre que, entre sus pasiones, abrazó a la selva misionera.
Aunque en San Ignacio, a cualquiera que le pregunte por "la casa del escritor" o "la de Horacio Quiroga", lo podrá guiar, la casa está ubicada en la calle Horacio Quiroga sin número, a 500 metros de acceso al Escuadrón 11 de Gendarmería Nacional.
Además de ir con la mente abierta y con algo de información y si se puede de lectura de algunos de los cuentos del dueño de casa, es absolutamente necesario llegar al lugar con repelente o acompañado de alguien que tenga esa "sangre dulce" que atraiga a los mosquitos ya que su presencia es permanente y punzante, como los escritos de Quiroga.