El docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, Daniel Cabral Marques, comparó la vida de los trabajadores petroleros en la década del 40 con la de los actuales operarios de la industria.
"Siempre se dice que la vida del trabajador petrolero en la década del 40 era dura. Sí, era dura porque las medidas de seguridad eran más precarias y los trabajadores estaban más expuestos a los fenómenos de la naturaleza, pero había otra cosa que hoy se han perdido los trabajadores que es la organización del tiempo a partir de jornadas laborales de ocho horas. Eso es algo histórico, los primeros sindicatos pelearon por un turno de ocho horas para tener más tiempo con la familia para descansar y no fue fácil", explica Cabral Marques.
"Las grandes luchas que se registraron en aquellos tiempos no eran muy bien vistas por el Gobierno nacional de turno y tuvo sus graves consecuencias, pero aun así se logró llegar al objetivo que fue tener turnos de ocho horas", argumentó.
Con el correr de los años y la consolidación de la actividad en manos privadas, las empresas fijaron reglas de juego donde en vez de trabajar ocho horas, se comenzarían a trabajar doce. "Todo eso se paga y todavía se mantiene. Hoy los sindicatos en vez de luchar por recuperar las ocho horas, pelean porque se le pague más al trabajador que está bien, pero es una condición de precariedad porque el trabajador está mucho más fuera de su contexto social y comunitario. Es un problema grave. No es que viven mejor", opina el docente.
"Hoy hay una sobrecarga en el trabajo con menos protecciones sociales y eso a veces no se percibe porque muchos de los trabajadores no vivieron aquellas épocas sino que vivieron una etapa pos privatización y se naturaliza muchas cosas como pasar semanas y semanas en el campo", agrega.
Estas condiciones determinan que los trabajadores sientan un desarraigo muy grande en sus vidas y que prime un sentimiento de individualidad muy fuerte.
"En los años anteriores, las empresas petroleras generaban arraigo a contramano con esa mirada que los campamentos era un lugar de paso que no era así. Eso lo ves cuando vas a barrios como Astra o Diadema. Allí todavía existe ese sentimiento de comunidad y se puede encontrar grandes rasgos de identificación e identidad entre los vecinos", analiza.
Asimismo, el investigador considera que "el problema del desarraigo del trabajador petrolero actualmente es mucho más crítico de lo que lo era históricamente. "Si bien es cierto que el trabajador gana una buena cantidad de dinero, cada vez se va deshumanizando un poco más porque no tiene ese vínculo con su familia o su comunidad. No se siente contenido y eso, a la larga, es muy grave y está empezando a preocupar a las empresas porque también le genera problemas".
"Hoy por hoy, los trabajadores son muchos más individuales y eso se nota en la toma de decisiones ya que las políticas de las empresas incentivan esta forma de vida", añade.
En este sentido, considera: "las privatizaciones generaron un cambio social y no fueron solamente económicas porque hay deudas sociales que se pueden evidenciar en cada uno de ellos. Es decir, las marcas de los 90 todavía están vigentes y no se han logrado desarticular".
"Uno de los problemas que tenemos en Comodoro es que todo se mide en términos económicos de rentabilidad tanto en el mundo laboral como en el empresarial. Tener más dinero no te hace tener una mejor calidad de vida, sino en el mundo que te contenga como sujeto. El mundo que sostiene al trabajador petrolero hoy es más precario que el que contenía al trabajador en las décadas anteriores", concluye el investigador.