Pichintíniz: "me enseñaron a ser ganador en Huracán"

A los 65 años, el exdelantero recuerda con orgullo los Nacionales que jugó en la década del 70. "Le ganamos 4 a 0 al Huracán campeón de Menotti", evoca. Una mala intervención quirúrgica lo alejó de la actividad como futbolista para siempre, a los 29 años, pero el amor por sus colores permanece intacto.

por Lorenzo [email protected]

Jacobo Pichintíniz está ligado a Huracán desde su niñez, y hoy, a los 65 años, tiene un sentido de pertenencia que se fortalece cada vez más, sobre todo cuando en la vida cotidiana alguien lo reconoce como una de las glorias del equipo de la década del 70.Tuvo que dejar la práctica del fútbol a los 29 años, en 1979, por cuestiones de salud.

“Me operaron del apéndice y me dejaron mal. Estuve muy mal, casi paso de largo, pero me salvó el fútbol porque estaba bien físicamente. Me abrieron de vuelta y me sacaron cinco litros de pus, me cortaron casi cuatro metros de intestino fino. Fue terrible, porque yo pesaba 71 kilos y cuando me levanto pesaba 39”, afirma.

Su historia con el “Globo” arranca en 1969, y de manera fortuita. “Yo jugaba en Estrella Blanca y me viene a buscar Roca. Justo el día que me iban a fichar para Roca, se larga a llover y no me fueron a buscar al Pietrobelli”, recuerda en su visita a El Patagónico.A la semana siguiente, llegó a Comodoro Rivadavia un equipo del sur de Brasil para jugar con Huracán, y de paso en el “Globo” probaban jugadores. Ese fue el comienzo.

“Me prueban y hago dos goles. Me preguntan si quiero ir a Huracán y yo les digo que iba a ir a Roca. Así que me fueron a buscar a mi casa, me llevaron a Casa San Martín, el único lugar donde hacían fotos. Me sacaron una foto y empecé a jugar en Huracán en Quinta división”, sintetiza Jacobo.

A partir de ese momento, todo fue festejo. “Huracán tenía un gran equipo.Ese año hicimos 120 goles y yo hice como 60, la mitad, pero fue gracias a Juan Torrijo, que era como Riquelme, me la dejaba ahí y yo ‘pum’, gol. Después nos suben a Primera. Hacía doce años que Huracán no salía campeón, y ese año salimos campeones.

Jugamos la final contra Oeste. Le ganamos allá y después en la cancha de Huracán, donde ganamos 4 a 2”, evoca.De ese partido le quedó una gran anécdota. “A la tribuna la arreglaban los sábados. Estaba Barrientos, que arreglaba las canchas, y en el arco de la calle Alvear estaba arreglando y me dice ‘vení, Pichi, que te voy a comentar algo’. En Oeste jugaba Bellido, un petisito.

Me dice ‘mirá, yo hoy acá, justo en la mitad del arco, voy a hacer un pocito, acordate mañana, si el petizo está en el pocito, de patear al arco’”, afirma.“Comienza el partido. Yo jugaba sobre la derecha y había uno que te pegaba hasta por atrás de la oreja. Mi hermano me dice ‘¡cambiate, que el grandote te va a cagar a patadas!’. Me voy para la izquierda, y yo de la izquierda no le pegaba nunca. En un momento, amago para irme por la izquierda, por afuera, y engancho para adentro, y me acordé.

Le pegué y la pelota hizo una comba tan perfecta que cayó detrás del petizo. ¡Un golazo!”, asegura.El festejo era un arma de doble filo en ese entonces, ya que el rival que había recibido el gol podía sacar del medio inmediatamente. “El árbitro te podía habilitar a sacar del medio si el rival tardaba mucho festejando un gol. El tema era no salir a gritar los goles para que el partido no se enfríe. Me vienen a abrazar y se me tiran encima.

Mientras nosotros seguíamos festejando, nos habían hecho un gol. Cuando nos damos cuenta, estábamos festejando los dos. Ahí íbamos 1 a 1. Después ellos pasan a ganar 2 a 1 y lo ganamos nosotros 4 a 2”, recuerda.

EL AMOR POR LA CAMISETA Y LOS RIVALES DE RENOMBRE

Pichintíniz añora aquellos tiempos en que el mejor nivel del rival no era impedimento para ganarle. “Antes jugábamos por la camiseta, no queríamos perder nunca. A Cipolletti, en el primer torneo, le ganamos de coraje, porque ellos tenían mejor equipo. Nosotros éramos casi todos del barrio, de La Paloma, del Pietrobelli”, afirma.

Asimismo, enfatiza: “Nosotros jugamos con grandes equipos acá. Al Huracán campeón de Menotti le ganamos 4 a 0. Ese fue nuestro mejor partido. Acá también le ganamos a Newell’s 1 a 0. Lo que pasa es que éramos un plantel ancho. A River le costó ganarnos. Nos ganó 1 a 0 acá. Yo justo estaba lesionado y no jugué”.

Si de rivales de fuste se trata, Jacobo no puede olvidarse de Elvio Ricardo Pavoni. “La primera vez que fuimos a Buenos Aires, me tocó jugar contra Pavoni, un número 3 que tuvo Independiente, un uruguayo espectacular.

Yo lo pasaba y me sacaba la pelota sin pegarme una patada”, asegura.De ese partido rememora: “Le íbamos ganando a Independiente, después nos cobraron dos penales y pasaron a ganar ellos. Pavoni pateó los dos penales. Había que tener potencia para pegarle a esa pelota, que era una número 6 de cuero, pesadísima.

El ‘Bocha’ (Juan Carlos Rodríguez, arquero del ‘Globo’) nos contaba después que en el primero la pelota le rozó la oreja. ¡Y en el segundo se cubrió la cara porque te apuntaba a la cabeza!”.“¡No sabés la fuerza que tenía! Independiente siempre nos ganó. Acá, en la cancha de Huracán, Pavoni nos hizo un gol casi desde la mitad de la cancha, ¡de puntín!”, enfatiza.

EL “BOCHA”,“PIRULO” Y SU ORGULLO POR EL “GLOBO”

Y a la hora de hablar de sus compañeros, Pichintíniz evoca el partido donde el “Bocha” Rodríguez hizo historia. “Contra Argentinos Juniors, el ‘Bocha’ atajó dos penales. Se metió en la historia de los arqueros que atajaron dos penales en un mismo partido, dentro de los 90 minutos”, señala.

Asimismo, recuerda con una sonrisa: “Un grande el ‘Bocha’, igual que (Marcelino) ‘Pirulo’ Britapaja. Yo decía que ‘Pirulo’ tenía tres pulmones. Los dos éramos delanteros y dormíamos en la misma habitación, y él cada tanto me decía ‘che, esta noche me escapo, cubrime la espalda’”.

Su orgullo por haber pertenecido a esa camada gloriosa del “Globo” no se termina, porque alguien siempre se lo recuerda. “Vaya donde vaya, me lo hacen recordar. Voy a algún lugar, ven mi documento y se acuerdan. Fue una cosa tan linda, que no sólo lo disfrutaba el hincha de Huracán, sino la gente de Comodoro”, remarca.

Por eso, las alegrías y sufrimientos por su “Globo” querido marcan una parte importantísima en la vida de Jacobo Pichintíniz. “Voy siempre a ver a Huracán y sufro mucho, porque a uno le enseñaron a ser ganador en Huracán, y soy hincha, como mis hijos y mis nietos. Somos una familia de Huracán”, sentencia.

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