"Nos encontramos con muchos perros encadenados y es casi imposible acercarse por su enojo y frustración de estar atados. Pero no fue el caso. Cuando llegamos, estaba excitado y nos saludaba. Es sorprendentemente bueno con la gente", contó Robert Misser, uno de los rescatistas al New York Post.
Bear no era uno más en la familia sino el guardián de la casa, colocado al frente para custodiar sin recibir amor. Por suerte para él, los guardianes lograron negociar con su dueño para llevárselo en menos de 24 horas para poder darle una mejor vida.
En sus primeras horas de libertad, conoció el mar y comió premios con sus rescatistas. Ahora espera una familia nueva en un hogar de Long Island, moviendo la cola.