Año 2010, Flavio Benítez (20 años, flamante egresado del curso de guardavidas en Rosario y estudiante del profesorado de Educación Física) llega a Comodoro Rivadavia para trabajar la temporada de guardavidas.
Su historia de migrante es la de tantos otros (históricos como Diego Taborda o el propio Roberto Grupallo) se repite: guardavidas que llegan a esta ciudad en búsqueda de trabajo y se terminan arraigando.
En el caso de Benítez –que desde los 16 años ya vivía solo- cada temporada en estas costas le representa el poder pagar un año alquiler en Rosario. Por eso la responsabilidad es doble: primero para los bañistas que se acercan a la playa de Km 3 –en un principio- y luego a la playa de Caleta Córdova. El otro compromiso es con sus padres, dado que su papá mecánico y su madre ama de casa hicieron el esfuerzo necesario para que el hijo único pueda emigrar de Villa Larroque (Entre Ríos) a Rosario (Santa Fe) para estudiar.
Flavio, educado en escuelas públicas, lo sabe. De ahí su autonomía y compromiso. Aunque él le gusta definirlo como constancia.
“Vine a laburar en el 2010 por consejo de un amigo. Hacía la temporada y volvía a estudiar en Rosario. Si bien en Gualeguay había un profesorado (a 30 kilómetros de Larroque) yo elegí irme 120 kilómetros más e ir a Rosario que era más completa la carrera y tenía más posibilidades de estudiar otras”, comenta el guardavida de 31 años a El Patagónico.
A la par que estudiaba el profesorado, cursaba el curso de guardavidas. Ambas a la vez, dónde el salvataje le permitió su apertura laboral. “Por la oferta académica que ofrecía Rosario, me incliné por ello”, se sincera.
Le costó la cursada, pero concluyó con éxito. Que hoy sea doctor en Ciencias Deportivas por la Universidad de Baja California (como el trelewense Rodrigo Merlo) y el reemplazo de un legendario Roberto Grupallo al frente del servicio, habla a las claras de que Benítez siempre buscó la excelencia, aunque se lo note relajado a la hora de hablar.
Su puesto implica dirigir y coordinar a 56 guardavidas y seis playas de la ciudad. Además, de las recorridas por zona norte y sur es una “papa caliente”. Un error puede significar algo irremediable como la muerte.
“Relajarte es lo peor que podés hacer, porque acá conviven la tranquilidad con el caos”, sintetiza.
Centinelas del mar
El 4 de febrero de 1978 el guardavida de Playa Grande (Mar del Plata) Guillermo Volpe, observó junto a sus colegas que un adolescente se estaba ahogando frente al Instituto de Biología Marina. Acudieron en su auxilio y fue salvado, pero Volpe no volvió a salir a la superficie.
Tres días más tarde, pescadores encontraron su cuerpo. Había sufrido un infarto en el rescate.
Es el único guardavida fallecido en servicio, desde ese momento se conmemoró el “Día Nacional del Guardavidas”.
En la capital petrolera, la re-edición de competencias de salvataje entre los guardavidas anfitriones y sus colegas de Rada Tillly (dirigidos por Sergio Pizzi) se volvió a instituir como punto de encuentro y camarería este fin de semana por la mañana.
Benítez, pos competencia, sostiene que los resultados son satisfactorios: porque ser guardavidas –además de realizar el curso que dicta el Instituto 810 y recibirse en un tiempo formal de 1 año y 1 cuatrimestre- implica hacer una “revalida” cuándo se acerca la temporada de trabajo, que consiste en hacer los mejores tiempos en nadar 50 minutos continuos en pileta estilo crol sin parar; un pique de 100 metros a mayor velocidad estilo libre en el mejor tiempo posible; 20’ de flotación forzada (sin uso de las manos). Luego en tierra tenemos el test de mil metros en la pista de atletismo. Y la mayor cantidad de abdominales en un minuto y flexiones de brazos.
Quien no cumple, queda fuera. Por más buen promedio que hayan tenido al egresar del curso de guardavidas.
El resto, se hace una tabla de clasificaciones y en base a ello se arman los grupos de playa para que sean los más compatibles posibles.
“El guardavida es un todo terreno. No solo debe nadar bien como se lo asocia. Lleva mucho compromiso en la parte física y constancia a la hora de rendir la reválida. Y ello se logra con un entrenamiento a lo largo del año”, expresa.
También está la cuestión actitudinal “el tipo puede ser el mejor nadador, el mejor corredor. Pero si no aprende a ver y leer la playa cada día –que es distinto del anterior- lo más probable es que no vea a la posible víctima o pueda trabajar sobre la prevención”, detalla.
Las faltas de respeto, las excusas y la indisciplina, son motivos de expulsión del servicio. Solo de la excelencia puede existir que las vidas de las personas estén aseguradas en un gran porcentaje. Aunque puede haber eventualidades.
“En costanera, la restinga que compartimos con Km 3 cierra de distinta manera cuando sube la marea y tenés que estar atento que no haya gente porque si no queda atrapada. También recomendamos que los navegantes no se vayan más allá del espigón porque los perdemos de vista y ello dificulta nuestra tarea”.
La muerte siempre está a la vuelta de la esquina. En ese sentido, Benitez sostiene que cada jefe de playa ya tiene experiencia en ello. Y están “curtidos” en el tema. También reconoce que a todos en algún momento les puede ganar la impotencia.
“Todos alguna vez hemos llorado en el servicio. Pero acá se trata de fortalecerse y seguir adelante. Ahora, el que mantiene una actitud que no es acorde, ya tiene medio pie afuera. Acá no sólo se trabaja en la prevención, al finalizar cada jornada hacemos una limpieza de la playa, porque es nuestro lugar de trabajo. En cuanto a los guardavidas, el que tiene que cambiar, siempre se apuesta al dialogo, pero a cierto punto. El que viene alcoholizado es expulsado en forma directa”.
La costanera local: un centro de actividades acuáticas
Antes, el comodorense se volcaba a las playas sólo si el clima acompañaba. Hoy, con el embellecimiento de su infraestructura, las 24 horas la costanera céntrica es un epicentro de diversas actividades acuáticas, donde a pesar de las recomendaciones, siempre hay percances con aquellas personas que no toman los recaudos suficientes a la hora de subirse a un kayak o ingresar al mar en diversos estados.
En ese plano, los guardavidas se dedican a la prevención a través del diálogo y la conciliación.
En general, quiénes no se sienten a gusto, elijen buscar otros puntos costeros que no tengan servicio de guardavidas o presencia del Estado.
Por ello, la mayoría de los ahogados –en esta temporada no hay casos fatales- ocurren en sectores alejados de los mismos.
“Cubrimos 6 playas. Además de un recorrido por la zona norte y la zona sur en las extensiones y dónde la gente sabe acercarse a esas costas. Siempre buscamos informar y conciliar, no siempre llegamos a buen puerto con las personas. Pero esto es un trabajo de hormiga”, recalca.
“Guardavidas se hace en el hacer cotidiano”, sentencia Benítez. Y la impronta parece cobrar valor en todos los ámbitos.
“En lo que podemos estamos: desde el alud en Comodoro, donde los botes no llegaban y fuimos nosotros nadando en los barrios. Hasta los accidentes en la ruta en los límites con Santa Cruz. Por nuestro recorrido a veces llegamos primero. Y lo que está a nuestro alcance en lo que se refiere al servicio a la comunidad, lo hacemos”.
Comodoro tierra de oportunidades
En la actual temporada, el servicio de guardavidas ha tenido una mejora en quienes desempeñan esa función.
De una jornada de 8 horas se pasó a 6 horas. Y con un franco fijo. A ello, se le suma toda una infraestructura en cuanto a embarcaciones y equipamiento de primeros auxilios de primer nivel.
“En lo que refiere a elementos de trabajo, Comodoro es el mejor equipado de la costa de la Argentina. Y esto es ratificado por los mismos guardavidas que vienen de otros puntos de la costa bonaerense. Cuando yo empecé, el servicio era más humilde, pero para los que éramos de afuera nos daban alojamiento, un sueldo mucho mayor que en el norte del país y hasta la comida. Por eso, muchos nos terminamos quedando, por las posibilidades de progresar si uno tiene constancia y compromiso”.
Números
En lo que va de la temporada. En Costanera se realizaron 17 rescates; 2 primeros auxilios; 16 curaciones; 3 emergencias; 16 niños perdidos y 3 asistencias a vehículos.
En tanto que en Km 3 sólo hubo 1 primer auxilio, 1 curación y 1 asistencia vehicular. Mientras que en km 4/5 el número se sintetiza a 1 rescate; 1 primer auxilio; 3 curaciones y 3 asistencias vehiculares.
La estadística se completa con “la joya de zona norte” que es la playa de Caleta Córdova, una costa de 500 metros de arenilla, resguardada por el viento y que cada vez suma más adeptos. En ese espacio se contabilizan 8 rescates; 3 curaciones; 2 emergencias y 1 asistencia vehicular.
En el recorrido por las playas de los límites de zona sur hubo 2 emergencias; 1 niño pérdido y 5 asistencias vehiculares.
“Hoy se trabaja mucho e n la prevención. Y la gente colabora en la mayoría de las veces. Ello es mérito de trabajo de años y años de personas como Roberto Grupallo (que fue el maestro de la mayoría de nosotros), de Martín Gurisich y otros. Hoy me toca estar a cargo a mí y la idea es seguir la misma impronta. Porque acá convivís con la muerte en forma permanente”, concluye el entrerriano que hace docencia en el ISFD 810 y que supo ser preparador físico de La Unión de Formosa en Liga Nacional de Basquetbol, que sabía que una temporada en Comodoro era un año más de estudio en Rosario.