Su lucha por una escuela municipal de cerámica

“Seño, cuando sea grande quiero ser alfarero”. Es uno de los mejores regalos en papel que le escribió un nene de jardín de infantes al que Oscar Bóscaro fue con arcilla para que los chicos experimentasen con arcilla y luego se llevaran su pieza cocinada en el horno (NdE: cocinar piezas de cerámica tienen un costo alto por el insumo que se debe utilizar para alcanzar una temperatura óptima, sea gas o electricidad).

“Ese papel que me dio ese chico me partió al medio. Y lo digo porque la alfarería debería estar al alcance de todos. Ya sea como un medio de realizar artesanías o como una posible salida laboral. Yo voy y vengo entre la Municipalidad, la Secretaría de Turismo y el Concejo para que aprueben la apertura de una escuela municipal de cerámica porque ninguna pieza que uno produce es igual a la otra; cada uno le pone su marca. Hasta ahora no tuve suerte para que Comodoro cuente con un espacio que otras localidades de la provincia ya tienen. Y lo hago sin ningún tipo de interés económico, ni político. Reitero: yo tengo mi jubilación y con eso me alcanza. Además, con el barro hace 15 años que soy otro Oscar”, concluye.

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