El Papa Francisco dijo ayer durante la fiesta de la Inmaculada Concepción, en la Plaza San Pedro del Vaticano, que también nosotros “desde siempre fuimos elegidos por Dios para vivir una vida santa, libre de pecado”.
Ese “es un proyecto de amor que Dios renueva cada vez que nosotros nos acercamos a él, especialmente en los sacramentos”, dijo el Pontífice durante el Angelus, ante una plaza repleta de fieles.
Jorge Bergoglio, comentando fragmentos evangélicos, dedicó su discurso a la figura de María, “la Madre de Jesús, nuestra Madre”, invitando también a los fieles a repetir con él tres veces las palabras “plena de gracia”, según consigna la agencia Ansa.
El Papa habló de ella como de una “muchacha de Nazareth, pequeña aldea de Galilea, en la periferia del imperio romano y también en la periferia de Israel”, sobre la cual, sin embargo, “se posó la mirada del Señor, la eligió para ser madre de su Hijo”.
Ilustrando en breve el dogma de la Inmaculada Concepción, explicó: “en vista de esta maternidad, María fue preservada del pecado original, es decir de esa fractura en la comunión con Dios, con los otros y con lo creado que hiere en profundidad a todo ser humano”.
“Pero esta fractura -prosiguió- fue sanada en anticipación o en la Madre de El que vino a liberarnos de la esclavitud del pecado. La Inmaculada está inscripta en el diseño de Dios, es fruto del amor de Dios que salva el mundo”.
Según Bergoglio, “el misterio de esta muchacha de Nazareth, que está en el corazón de Dios, no nos es extraño”.
“En efecto Dios posa su mirada de amor sobre todo hombre y toda mujer. Con nombre y apellido. El apóstol Pablo afirma que Dios nos eligió antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados”, dijo.
- 09 diciembre 2013