Silvia, una bisabuela de 93 años, decidió hacer pública su situación ante lo que considera es “indiferencia” de la Justicia de Familia de Comodoro.
Los familiares a cargo de los menores, por una denuncia de 2022, le impiden tanto al padre como a la madre, contactarse con los mismos. Pero tampoco lo puede hacer la bisabuela de 93 años. “No entiendo ese odio; la bronca” sostuvo Silvia.
“La veces que uno va a verlos… hace mucho que no puedo ir por esta razón; el día que fui la nena se quería venir conmigo; su tía se lo negó con un gesto. Vi a la nena con lágrimas en los ojos; me acerqué; la abracé y le dije que todo esto iba a pasar”, contó la mujer a El Patagónico.
El drama de Silvia comenzó por una denuncia -que aseguran es falsa- y como consecuencia de ello se vio impedida de mantener contacto con sus cuatros bisnietos.
“Ellos están muy acostumbrados a estar conmigo; me dicen la `abuela mami´. Es injusto lo que le están haciendo a la madre de los niños; no tienen compasión; ella está sufriendo por sus hijos; los nenes sufren por ella. Fue una buena madre”, aseveró.
UN PEDIDO DESESPERADO
“Esto me enferma; yo sé que no tengo mucho por vivir”, indicó la mujer de 93 años que desde hace dos años no logra sanar su vínculo con los pequeños, a quienes cuidaba con amor desde sus nacimientos y que hoy están bajo el cuidado de los abuelos maternos.
La causa se encuentra a cargo del juez Pablo Pérez y en todo este tiempo no pudo resolverse. Ni la madre; ni el padre; ni una abuela; ni la bisabuela Silvia tuvieron oportunidad de reparar vínculos.
“Por la denuncia me sacaron a los chiquitos con la policía de la casa y no los pude ver más. Estoy esperando que se pueda resolver esto; que los chicos puedan volver con su mamá”, acotó.
“Les digo a los jueces que resuelvan este problema. Hay cuatro chiquitos que están sufriendo y no solo ellos; también una que no los puede ver y ellos se han criado conmigo; con nosotros”, añadió Silvia sin poder contener las lágrimas.
Sobre el último contacto que tuvo con los pequeños, explicó que “ellos (a cargo de los menores) dicen que la única que puedo verlos soy yo. ¿Pero cómo voy a ir a verlos? En la puerta porque ni siquiera los dejan que se sienten al lado mío; vienen; me saludan y se van. Ni siquiera pude ver si el más chiquito cambio los dientes”.
“Así estoy, esperando; no sé si voy a tener vida para verlos”, finalizó la angustiada mujer.
Se trata de otro caso que deja expuesto el delicado funcionamiento del fuero de familia en Comodoro Rivadavia, a cargo de cuatro jueces que son objeto permanente de críticas por sus demoras en decisiones de las que no solo dependen los vínculos entre padres e hijos, sino que también afecta a abuelos y bisabuelas, como es el caso de Silvia.