Tragedia y caos sin discriminación

Familias asustadas sacando como pueden el agua que ingresó no solo a los patios, sino a sus casas. Techos que caen, vehículos descontrolados –y con sus choferes dentro- que se llevan los torrentes de agua y lodo en todos los sectores de Comodoro. Nadie se salvó de esta histórica y trágica tormenta que castiga a Comodoro sin piedad desde hace 48 horas. Gente aislada, un muerto, familias incomunicadas. Un panorama desolador, de esos que hasta ahora solo se veían en tv ocurriendo en el norte del país.

El pánico es el sentimiento común. Y la desesperación. ¿Cómo puede estar sucediendo esto en Comodoro si esta vez se sabía con antelación lo que venía?

Desolación. Gente sin provisiones y sin poder moverse. Algunos sin agua; muchos sin luz. Es cierto que hay gente solidaria, con deseos y voluntad de ayudar. Pero se hace difícil en vías intransitables y donde no hay garantías de seguridad. ¿Qué pasó con las obras que se iban a hacer cuando ocurrió aquella gran tormenta del miércoles 17 de febrero de 2010 y que costó vidas? Muchos de los de entonces vuelven a tener los mismos inconvenientes. Y eso que hubo avisos, como en abril de 2011 o en enero de 2013.

Pasaron dos gobernadores, tres intendentes y todo está como era entonces. Se dice que no es tiempo de reproches; que hay que canalizar la energía en ayudar al prójimo. Y es cierto. Pero ya es hora de hacer valer la memoria, así como la indignación. Y exigir que terminen de una vez con la política del pago chico para pensar en grande. Más ahora, con esto y con el principio del fin de otros buenos tiempos. Los de la abundancia descontrolada; los del Estado que elige de qué ocuparse y de qué no; de cuándo hacer valer su autoridad y de cuándo mirar para otro lado.

Nadie puede defendernos; solo nosotros tenemos el poder. Es hora de hacerlo valer.

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