Un profesor vio las actas y dijo que la firma que se agregó no es la suya

Alfredo Pérez Galimberti repasó el derrotero de la denuncia y desconoció la rúbrica que le mostró el tribunal oral en el juicio que se le sigue al exdelegado académico en Trelew, Pablo Pugh, por supuestamente beneficiar al alumno de Abogacía, Facundo Vega, dándole como aprobadas siete materias que nunca rindió.

Alfredo Pérez Galimberti fue uno de los denunciantes de las actas truchas en la Facultad de Ciencias Jurídicas de Trelew. Ante el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia confirmó que fueron las empleadas Silvia Margusino y Lidia Villarroel quienes en mayo de 2015 le contaron el hallazgo de 7 actas de examen retocadas por el abogado Pablo Pugh para asignar materias aprobadas al alumno Facundo Vega. El exdefensor público declaró en el segundo día del juicio, en el Casino de Oficiales de la Unidad 6 de Rawson.

“Un acta era de Derecho Procesal Penal de la cual aún soy responsable. Nos dijeron que le habían advertido al decano, y que les dijo que iba a ver qué hacía”. Poco después las mujeres “advirtieron otra intervención también con firma de Pugh, donde la primera había sido anulada o dejada sin efecto”. Los libros no se preservaron pero sí se sacaron fotocopias para enviar a los docentes afectados. “Nos reunimos y formalizamos la denuncia”.

Durante los días del escándalo, el expresidente del Colegio de Abogados de Trelew, Oscar Romero, “sorpresivamente publicó en redes fotos de las actas originales supuestamente verificadas por un escribano, diciendo que nunca habían sido intervenidas. Él dictaba Derecho Romano con Pugh. Denunció una suerte de conspiración de las empleadas tratándolas de mentirosas. Fue sorprendente porque en la misma foto se notaba que las firmas docentes eran adulteradas”.

PARA EL RECTOR ESTABA TODO BIEN

El fiscal federal de Rawson Fernando Gélvez, otro docente perjudicado, viajó a la sesión del Consejo en Comodoro. “Se topó con la sorpresa de que los tres libros estaban allí y que aparentemente, según el decano Augusto Ferrari, el rector Alberto Ayape y el auditor Carlos Padín, estaba todo bien y las actas no estaban intervenidas”.

Pero en la sesión el decano de Ciencias Económicas pidió llevar los libros a la mesa. “Estaba el ingeniero Pedro Bramati y al verlas dijo: ´Eso está adulterado´. Los abrieron y efectivamente había diferencias de tamaño y color, y fojas desguazadas y reemplazadas”. Los profesores decidieron ampliar la denuncia e imputar a Ferrari por encubrimiento.

A pedido del fiscal Teodoro Nürnberg, Galimberti no reconoció su firma en los libros cuestionados y exhibidos en la audiencia. Y preguntado por la defensa, confirmó que fue candidato al Consejo Superior “en aquel entonces con el respaldo de Pugh”.

ESTABAN ASUSTADOS

También declaró Lucía Sandobal, entonces directora de Títulos y Graduados de la Universidad. Le explicó al tribunal el procedimiento administrativo para expedir un diploma. Y recordó que el explotar el escándalo en Trelew, en la sede central de Comodoro “nos asustamos” ante la chance de que hubiera más notas truchas y se hubieran emitido títulos a personas con materias pendientes.

Según publica Jornada –con la firma del periodista Rolando Tobarez-, “yo me enteré a través del gremio del personal no docente porque las involucradas la estaban pasando mal. Para las autoridades era un secreto a voces pero a nosotros no nos habían dicho nada”, agregó Sandobal, de extensa trayectoria gremial.

Una mañana, la empleada universitaria fue convocada de urgencia por el ya fallecido rector Ayape en Km 4. Las radios lo llamaban y para dar su versión del episodio quería que le explicaran en detalle cómo funcionaba la burocracia de las actas y los exámenes. “Luego el Rectorado pidió con insistencia esos tres libros para guardarlos en una caja fuerte y hubo un Consejo Superior”, añadió quien también se cercioró de que Vega –el misterioso alumno beneficiado- no hubiera recibido un diploma gracias al fraude.

A Sandoval le pidieron concurrir a la sesión del Consejo. Vio los libros. Reveló que ese encuentro está filmado. “Era evidente que las hojas no eran las mismas. Estábamos asombrados y hubo mucho revuelo”. Ante el TOF graficó que “los libros de actas son sagrados y se supone que no deben estar en manos de todo el mundo”.

Los agregados de Pugh incluyen su firma y sello como secretario de Investigación y Posgrado a cargo de la Delegación Académica. Sandoval explicó que ella hubiera visto esos documentos con un alumno agregado, hubiera pedido una certificación de la función de Pugh para verificar que estaba autorizado para hacer esas enmiendas. “Eso lo hacemos con otras facultades y se molestan bastante”, graficó. “Acá cerraron un acta y luego hicieron un agregado; nos hubiera llamado la atención y yo hubiese pedido alguna aclaración”. Por ejemplo, la resolución de que la Delegación estaba vacante y de que Pugh estaba facultado por la ocupaba transitoriamente.

EL PAPEL DEL AUDITOR

Padín era el auditor interno de la UNPSJB. El 26 de mayo de 2015 el rector Ayape lo convocó a una reunión con otras autoridades, entre ellas la vicerrectora Lidia Blanco y el decano Ferrari, para discutir la denuncia. “Los libros estaban en Km 4., en la oficina del decano de Ciencias Jurídicas”, relató. La primera impresión de Padín al ver la documentación fue que había folios que coincidían pero no mucho más. “En ese momento con mi primera impresión no encontré evidencia concluyente de que fueran falsificados o adulterados. Pero al no coincidir algunos documentos sí estaba en presencia de un hecho grave y debía haber un sumario”.

Luego llegó la célebre sesión del Consejo. “Allí los examinan otras personas que manifiestan que según su entender habían sido alterados, y se habían descosido y agregado hojas”.

Se inició el sumario y Padín comparó las fotocopias de las actas con los libros. En su informe explicó que los agregados no tenían el formato habitual. Y que había añadidos sin firma del docente. “Dada la discordancia probablemente se estaba ante un intento de fraude y recomendé que la Universidad fuera querellante porque fue notoriamente vulnerada y era más que palmario el perjuicio”. Pidió peritar la escritura de todo el personal con acceso a los libros, para rastrear a un responsable. Actas o libros: algo era falso.

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