Violaba a una niña y la sometía a trabajo esclavo

La Justicia Federal de Comodoro Rivadavia condenó a 12 años de reclusión a un hombre que abusaba sexualmente de una niña de 12 años, a quien también obligaba a lavar, limpiar y cocinar. Sobre el imputado, Fermín Torrico Claros, ya pesaba otra pena de 11 años de cárcel por trata de personas en el marco del mismo caso. Esa pena le fue unificada con la nueva condena y deberá pasar 16 años en prisión.

El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia condenó a 12 años de prisión a Fermín Torrico Claros por abuso sexual con acceso carnal reiterado de una menor de edad, de 12 años. La calificación legal es de abuso sexual agravado por haber estado el autor a cargo del cuidado y guarda de la víctima.

Sin embargo, el tribunal le unificó penas, ya que este hombre de nacionalidad boliviana ya había sido condenado junto a su esposa por infracción a la Ley 26.364 -Trata de Personas- a 11 años de prisión, en relación al mismo caso, por lo que se le dictó una pena única de 16 años de prisión que deberá cumplir en una cárcel federal.

TRATADA COMO OBJETO

“Resultó claro que el dolor físico y el temor por su integridad física fueron determinantes para que la niña revelara el horror a la única persona que por ese entonces no la trataba como un objeto, la mamá de su amiguita”, sentencia el juez federal Alejandro Ruggero antes de deliberar la pena para Fermín Torrico Claros.

Torrico fue condenado por el Tribunal Oral Federal a 12 años de prisión por violar en reiteradas ocasiones a una niña de 12 años que trajo junto a su esposa desde Bolivia con documentación apócrifa y a la que también mantenían encerrada en su vivienda del barrio Moure limpiando, cocinando y cuidando de los hijos de la pareja sin brindarle acceso a ningún tipo de educación.

La condena que se le aplicó al imputado es la de abuso sexual respecto de una menor de edad, con acceso carnal, agravado por haber estado el autor a cargo de su cuidado y guarda. Pero le unificaron dos penas, la de abuso sexual y otra causa en la que Torrico Claros junto a su mujer habían sido condenados por infracción a la Ley 26.364 -Trata de Personas- a 11 años de prisión. De esa manera, el tribunal compuesto por los jueces Ana Maria D’Alessio, Luis Giménez y Alejandro Ruggero dictaron una pena única de 16 años de prisión, accesorias legales y costas procesales.

La jueza D'Allesio resaltó que Torrico Claros había migrado desde su país a Comodoro Rivadavia y que en ocasión en que ingresó con la menor de edad, para cubrir la identidad de ella, “usó documentación de otra persona, lo que demuestra su capacidad para eludir los controles con astucia”.

SOMETIDA A SERVIDUMBRE

La causa se inició en 2011 cuando la niña vino a vivir a Comodoro Rivadavia con la pareja. En ese contexto, señala el tribunal, Torrico Claros, en ausencia de su esposa, comenzó a abusar sexualmente, de forma paulatina y reiteradamente de la víctima, en la vivienda del barrio Moure donde residía la familia. El último episodio, según el informe de la Asesoría de Familia, se produjo el 30 de mayo de 2011.

La niña relató que vivía en Bolivia con su mamá y sus hermanos y que su madre le dio permiso para venir a la Argentina con la mujer de Torrico, que era familiar suya.

A su madre le habían prometido que ellos la harían estudiar. La pareja de captores tenía dos hijos de 1 y 5 años. La mujer trabajaba en una verdulería y no estaba mucho en la casa, dijo la nena a la policía, por lo que ella debía ocuparse de llevar y traer a los chicos de la escuela, lavar la ropa a mano, cocinar y limpiar. Y que en una oportunidad Fermín la hizo sentir mal, la tocó y le hizo doler. Que incluso le contó lo sucedido a la esposa de Torrico, pero que luego la mujer se fue a Bolivia y que pese a que le dejó un teléfono celular para avisar si le pasaba algo, ella no sabía usar el teléfono.

La niña contó ante autoridades de la Comisaría de la Mujer que durante la noche Fermín la hacía dormir a los chiquitos y luego que prendiera el televisor, para finalmente llevarla a la cama en donde cometía los abusos. La víctima pudo describir muchas situaciones a los especialistas que hicieron de su relato algo irrefutable.

La pequeña se asustó con los sangrados que sufría y le contó a una vecina. Esta vecina fue quien se dirigió a la Seccional Quinta de Policía y puso en conocimiento lo que sucedía.

La nena había venido a Argentina porque le habían prometido a su madre que ella estudiaría. Pero nada de eso sucedió. Las autoridades policiales y judiciales se horrorizaron al saber que con 12 años no estaba escolarizada y que no sabía leer, ni escribir. Y que incluso no había ido ni a la escuela en Bolivia ni en Argentina.

La niña les contó a las autoridades que, para pasar el control en la frontera, mostraron un carnet de otra niña de la misma edad que ella y que Torrico le dijo a las autoridades que ella era su hija.

El relato de la niña que se conoció en el debate, grafica lo que le exigían: “en la mañana me despierto, baño a los dos chiquitos, les hago té, tiendo las camas, barro el piso, cocino, los hago jugar, los hago dormir, lavo la ropa, yo llevaba al chico más grande que va al jardín a las 8 de la mañana”.

También relató que la mujer la trataba mal, le gritaba y que “quería que haga rapidito las cosas”, y que Fermín la trataba mal, incluso una vez le había querido pegar con un cinturón, y que en otra ocasión le tiró los pelos. Cada vez que el nene más chiquito lloraba, él le tiraba el cabello a ella.

LE UNIFICARON LAS PENAS

Luego de su detención, Fermín Torrico Claros usó de su derecho constitucional de abstenerse de declarar. Fue procesado por la jueza federal Eva Parcio por considerarlo prima facie autor penalmente responsable del delito previsto y reprimido por el artículo 119 1º párrafo. La Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia confirmó el proceso y el Ministerio Público Fiscal requirió la elevación a juicio. Luego la jueza subrogante Marta Yáñez dispuso la clausura de la instrucción y la elevación del expediente a juicio.

En 2015 los jueces federales Pedro de Diego, Enrique Guanziroli y Nora Cabrera de Monella explicaron que la oferta de hospedar y proteger a la nena es “una versión moderna y disimulada de la esclavitud” y que “muchas veces ni las víctimas ni la sociedad tienen cabal conciencia de la gravedad del delito que comienza con el reclutamiento y sigue con la extirpación de la persona de su familia o lugar de origen, nutriéndose de la pobreza, la falta de trabajo, el subdesarrollo, la ignorancia, la discriminación de la mujer, la indefensión de los niños, la violencia familiar, las restricciones de todo tipo, que, sometido al dominio de las leyes de la demanda, permite observar una traslación de víctimas, generalmente de las zonas pobres a las más ricas”.

Fermín Torrico Claros fue sentenciado, entonces, a once años de prisión y su pareja, Cinthia V. R., a diez años. El Tribunal Oral Federal también envió un oficio a la Dirección Nacional de Migraciones para advertirle la facilidad con que la niña cruzó la frontera con papeles falsos.

Finalmente, el debate por el abuso sexual se desarrolló este año y el fallo del 8 de junio último condenó a Torrico Claros por el abuso sexual y se le unificaron las dos causas con una pena de 16 años de prisión.

La defensa de Torrico Claros interpuso un recurso de casación y pidió que se case y nulifique la sentencia impugnada y se revoque la sentencia que condenó al imputado enmarcando su pretensión en falsa denuncia.

LA DECLARACION DEL CONDENADO

Durante el debate, Fermín Torrico Claros dijo ante el Tribunal que no tenía nada para declarar y con respecto a la lectura que “no hubo ningún abuso ni nada con la víctima, más allá que la víctima presentó muchos argumentos para regresar a su país; que son de la misma provincia. Que tiene 36 años de edad, de estado civil separado en este momento legalmente tiene cuatro hijos menores que ha dejado que desde hace 4 o 5 años no tiene contacto con ellos únicamente por comunicación telefónica”.

Torrico Claros les dijo a los jueces que, en el momento de los hechos, en 2011, vino de otro país para salir adelante económicamente, que iba a trabajar a la seis de la mañana hasta las ocho de la tarde. Y que lo denunció un matrimonio que estaba enojado con su esposa, Cinthia R.

Acerca de la relación de ellos con la víctima, aclaró que la habían traído de Bolivia por un acuerdo privado con la madre de la niña que fue firmado ante escribano público. “Su madre estaba en una mala situación económica ya que tenía siete hijos por ese lado los autorizó y la habían traído por poco tiempo, una temporada. En el año 2011 había cursado hasta primer grado escuela primaria. Proviene de una familia que vivía en el campo. Aclara que el acuerdo con la madre de la menor de edad, no incluía la escolaridad. Y el objeto de traerla era para cuidar a sus dos hijos menores, mientras su esposa y él salían a trabajar, ella se quedaba en la casa”.

Para el condenado, la víctima “está molesta porque no se comunicaba por teléfono con su madre”. Insistió en que no hubo ningún abuso ningún otro contacto físico. Que habían arreglado con la mamá de la niña un abono mensual, ya que iba a vivir y comía con ellos en la misma habitación. Según Torrico, a medida que transcurrían los meses tenían que mandarle la plata a su madre.

Luego de los alegatos, el imputado quiso manifestarse nuevamente y reconoció que trajo a una persona al país, pero no mató a nadie ni tampoco le robó a nadie, que tiene familia a la cual debe darle un ejemplo, a sus cuatro hijos menores de edad que no la están pasando bien.

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