La mujer asesinada le había confesado a su hermana que su pareja la golpeaba

Débora Martínez fue encontrada ayer a la madrugada asesinada a golpes y semidesnuda, con su ropa interior desgarrada. Su cuerpo estaba tirado en el suelo de la precaria vivienda en la que residía hace dos años junto a su pareja, Nelson Aguilante. Este les dijo a los vecinos que habían violado y asesinado a su mujer y que a él lo habían golpeado en la cabeza. Sin embargo, el fiscal Julio Puentes detectó inconsistencias en su relato y a partir de otros indicios en la escena del crimen ordenó detenerlo como sospechoso. Antonella, la hermana de Débora, le contó a El Patagónico que la joven se había ido a vivir con su madre porque su pareja la golpeaba, pero que volvió "porque lo amaba". Preparan una marcha para el sábado que viene.

Débora Martínez (28), madre de un niño de 9 años, fue asesinada a golpes presuntamente por su pareja Nelson Aguilante (36), entre la noche del jueves y la madrugada del viernes, en la vivienda que ambos compartían hace dos años en Teniente Merlo 2150 del barrio Próspero Palazzo.
Eso es lo que investiga el fiscal Julio Argentino Puentes que ayer primero demoró a Aguilante hasta que finalmente a las 4 lo detuvo como sospechoso de homicidio agravado por el vínculo y violencia de género.
Aguilante fue inicialmente demorado porque apareció en la calle con el torso desnudo y les decía a sus vecinos que habían violado y asesinado a su mujer y que le habían pegado a él en la cabeza con un palo. Pero a los habitantes de ese sector de Palazzo les llamaba la atención que no tuviese lastimada la cabeza. Incluso le insistía a uno de los vecinos que ingresara a la casa, pero éste no entró.
Aguilante golpeaba su vehículo, una Renault Fuego estacionada en la vereda. Era de madrugada y gritaba. Los perros no ladraban y eso les llamaba mucho más la atención a los vecinos porque las mascotas no dejaban entrar a nadie desconocido a esa vivienda. Cuando llegó la policía de la Subcomisaría de Palazzo y de la Seccional Mosconi encontraron el cuerpo de la mujer tirado en la habitación, a la que se ingresa por la puerta principal que no tenía cerradura. En esa casa de un dormitorio, un baño y una pequeña cocina, Débora y Néstor vivían desde hacía dos años.
Lo que primero le llamó la atención al fiscal Puentes en la inspección ocular es que el suelo estaba lavado. Incluso que la ropa de Débora estaba húmeda y que la ventana por la que decía el hombre que habían ingresado los asesinos no estaba forzada ni tenía signos de haber sido violentada. La ventana no tenía vidrios y la mesa que estaba ubicada debajo de la misma no tenía huellas de pisadas. En el lugar también trabajaron los jefes de la Comisaría Mosconi, Miguel Bustamante y Walter Cornelio.
Las fuentes consultadas que participaron de la inspección ocular comentaron que la mujer estaba boca arriba semidesnuda, con el pantalón bajo y su ropa interior desgarrada. Presentaba golpes y cortes en el cuero cabelludo, un hematoma en el cuello, golpes en el rostro y en la espalda. Y lo que más le llamó la atención a los investigadores es que tenía signos de autodefensa en las manos. En el suelo que había sido lavado también había una mancha de sangre. La Fiscalía dispuso al personal de Policía Científica que le practicara un hisopado en las uñas al sospechoso y también al cuerpo de Débora. Es que Aguilante mostraba signos de rasguños.
En el predio se veía mucha basura acumulada, y alrededor de unos seis perros que Débora había refugiado luego de ser abandonados en la calle. Los vecinos ayer pedían ayuda a este diario para que alguien los adopte.
Por otro lado, un residente del sector aportó a la Brigada de Investigaciones las imágenes de sus cámaras de seguridad. Ahora con ellas se tratará de ver a qué hora llegó Aguilante a la vivienda y si hay coincidencias de hechos y relato.

"LE DECIA QUE SI NO SE IBA CON EL, LE IBA A MATAR LOS PERROS"

"Ella lo amaba. Si estuvo viviendo acá (en la vivienda de su madre) porque él la golpeaba hace tiempo. Nosotros la trajimos acá a la casa, pero ella decidió irse a vivir de nuevo con él porque lo amaba", contó Antonella Martínez, la hermana de Débora, a El Patagónico.
El año pasado, luego de las situaciones de violencia, Débora se fue a vivir nuevamente con su madre y en diciembre finalmente volvió con Aguilante, quien era chofer de flota pesada y también mecánico.
"Ella fue a la subcomisaria de Palazzo. Ella ya nos había dicho... ya le había dicho a muchas personas que él la golpeaba y nadie hizo nada", lamentó Antonella. Débora tenía un hijo de 9 años que vivía con su madre y sus hermanas en barrio Laprida. Y ella vivía con Aguilante y los animales en Palazzo, en una construcción en donde se levantaría una iglesia evangélica. La pareja no tenía gas, sino una conexión clandestina sin medidor, mientras que la provisión de electricidad y agua también eran muy precarias. La joven amaba los animales. "Estaba con él porque él tenía sus perros y siempre le decía que si no iba con él, le iba a matar los perros. Nunca nos contó bien cómo lo conoció. Vino haciéndose el bueno y ella después al tiempo nos fue contando que le pegaba y todo eso. Pero ella siempre lo defendió porque lo amaba. Cuando la trajimos acá (a la casa de la madre), le dijimos que se quede, pero ella quiso volver con él. Es más: él me llegó a amenazar a mí porque yo la defendía a ella", aseguró Antonella.

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