Después de tres años de recorrido, Bien del Sur llegó a su décima edición con una muestra que condensa una de las búsquedas que atraviesan al proyecto desde su origen: generar encuentros entre artistas que producen en territorios distantes y construir, desde la propia Patagonia, otras formas de narrar lo que sucede en ella. “Coordenadas fuera del mapa” se inauguró el 4 de septiembre en el Centro Cultural Provincial de Rawson y permanecerá abierta hasta el 28, con una selección de artistas de distintas regiones de Chubut y algunas producciones vinculadas con territorios que desbordan sus límites administrativos.
Para Martina Acevedo, gestora y organizadora de Bien del Sur, la llegada a Rawson tiene un valor que excede el hecho de presentar una nueva edición. El proyecto consigue por primera vez reunir en una institución provincial a artistas patagónicos que viajaron desde diferentes puntos para participar del montaje y de la inauguración. El encuentro, en ese sentido, ocurrió tanto en las salas como durante los días de convivencia que precedieron a la apertura.
“Presentar ‘Coordenadas fuera del mapa’ en el Centro Cultural Provincial supone un logro inmenso para el movimiento y un reconocimiento institucional, a nivel provincial, del trabajo que venimos realizando de manera colectiva durante estos tres años. También significó un importante encuentro entre artistas de las diferentes regiones de Chubut. No solo a nivel expositivo, sino también en la posibilidad de compartir el proceso de montaje y la inauguración: varios y varias artistas viajaron desde distintos puntos de la provincia para formar parte de esta experiencia. De esta manera, la muestra logró reflejar realmente la diversidad, dentro de la selección realizada, de territorios, miradas y regiones que integran nuestra provincia”, explica Acevedo en comunicación con El Patagónico.
La dimensión institucional es también una novedad para Joaquín Sánchez Trabol, curador de la exposición. Bien del Sur había desarrollado sus ediciones anteriores principalmente en Buenos Aires y Rada Tilly, por lo que la invitación del Centro Cultural Provincial introduce una instancia diferente dentro de la trayectoria del proyecto.
Para Sánchez Trabol, que una institución de alcance provincial reconozca y aloje la propuesta implica una forma de legitimación para una experiencia que fue creciendo desde la autogestión y a partir de la construcción de vínculos con artistas y espacios culturales.
Pero la décima edición no se limita a celebrar ese recorrido. El propio título de la muestra plantea una discusión sobre la manera en que se ordena culturalmente un territorio que, por sus distancias y sus historias, difícilmente pueda ser explicado únicamente a través de sus límites políticos.
UN MAPA QUE NO ALCANZA
La idea de “Coordenadas fuera del mapa” parte de una tensión concreta: la distancia entre las distintas regiones de la Patagonia y las formas en que las fronteras políticas terminan condicionando los vínculos entre comunidades que comparten territorio, historias y experiencias. Para Bien del Sur, esa fragmentación también alcanza al campo artístico: artistas que forman parte de una misma región pueden desarrollar sus trabajos sin conocerse ni tener contacto entre sí.
Sánchez Trabol ubica allí uno de los puntos de partida de la muestra:
“Cuando se plantea el paralelo y la provincia del Chubut como tal, cuando se delimitan por última vez esas fronteras, quedan las comunidades divididas, una para la provincia de Santa Cruz y otra para la provincia de Chubut. Entonces, ‘Coordenadas fuera del mapa’ tiene que ver no solamente con pensar esas comunidades aisladas, porque también, en algún punto, todo lo que es la parte del Golfo San Jorge, como la parte del Valle y la parte de la Cordillera, son comunidades que están muy distantes y que cada una tiene su imaginación, su visión y su modo de sensibilidad también”, explica Sánchez Trabol a El Patagónico.
El curador lleva esa reflexión incluso hacia la propia experiencia de los artistas. La muestra permitió que personas que trabajan dentro de una misma provincia pudieran encontrarse físicamente, conocerse y compartir un proceso de trabajo que habitualmente está condicionado por las distancias.
“Hay algo muy interesante que sucedió en esta muestra: la posibilidad de tener un espacio donde convivir en una residencia. Tuvimos instancias reales de compartir, no solamente desde lo formal, desde lo que es el montaje y el intercambio mismo en el espacio expositivo, sino también una convivencia real en el mismo edificio, dormir juntos, tipo camping, cocinar juntos. Ese encuentro, que más allá de ser artístico también es conocernos como personas, como ciudadanos, intercambiar experiencias, no solamente de arte en el ámbito artístico, sino también como gente que tiene curiosidad por otra gente que vive en la misma provincia, que seguramente tiene visiones parecidas pero que a la vez son tan distintas”, relata.
La residencia terminó convirtiéndose así en una extensión de la propia muestra. El mapa que propone Bien del Sur no está compuesto únicamente por localidades: también se construye a partir de los vínculos que se generan entre quienes viven en ellas.
UNA PATAGONIA CONTADA DESDE ACA
Esa búsqueda atraviesa también la selección de obras. Sánchez Trabol señala que desde las últimas ediciones Bien del Sur viene trabajando sobre la posibilidad de que los artistas puedan narrarse a sí mismos, alejándose de miradas centradas en Buenos Aires.
La exposición reúne producciones muy diferentes entre sí, pero el curador encuentra una línea común en las problemáticas, tensiones, sensibilidades y miedos que aparecen detrás de ellas. Por eso habla de un imaginario extenso, que no está determinado únicamente por la geografía.
El recorrido comienza vinculado con la fantasía, las leyendas, los mitos y el realismo mágico. Aparecen allí trabajos relacionados con la cosmovisión tehuelche, el mar, criaturas fantásticas y elementos del paisaje natural. La instalación “Cuello del Agua”, de Rocío Gómez y Candelaria Alurralde, suma además una preocupación contemporánea relacionada con la virtualidad y las infancias.
La naturaleza, entonces, aparece como punto de partida, pero no como destino único de la representación.
Más adelante, la exposición se desplaza hacia el territorio urbano. La obra de Bogdy, vinculada con el grafiti, recupera un bastidor intervenido que funciona como testimonio de una producción anterior de Bien del Sur. La propia condición efímera del grafiti permite hablar de obras que pueden ser tapadas, censuradas o desaparecer.
Para Sánchez Trabol, ese núcleo permite discutir una imagen demasiado reducida de la Patagonia.
“Dentro de la Patagonia estamos hablando de regiones como la comarca cordillerana, el Valle, Comodoro como lugar del Golfo, que tienen urbanismos que no tienen que ver quizás con los urbanismos de Buenos Aires, pero que sí, a comparación de los pueblos que puede haber en la Patagonia, tienen una denotación marcada. Tienen problemáticas de ciudades grandes. Por eso también nos interesa que se desligue ese imaginario patagónico de únicamente la naturaleza y el paisaje, porque el paisaje puede ser urbano y ese paisaje urbano tiene problemas de paisajes urbanos”, sostiene.
En esa misma zona aparece Manueli Plug con una mochila de grandes dimensiones. La pieza incorpora al visitante y le propone escribir aquello que siente que lleva encima. La exageración del objeto transforma esas cargas en una imagen concreta y convierte la participación del público en parte de la obra.
Después, el recorrido entra en una zona marcada por los vínculos, los cuerpos, la memoria y las afectividades. Napo Martino trabaja con fotografías y un audiovisual sobre vínculos interpersonales, románticos y a distancia. Oliver Borzi aborda la experiencia de la comunidad ttrans y utiliza la cicatriz como gesto político relacionado con la identidad, el cuerpo y el entorno. Cecilia Gil trabaja sobre memoria familiar y afectos mediante fotografías realizadas con cianotipia, mientras Fabrizio Bonicatto cruza una estética pop y kitsch con testimonios de la comunidad LGBT y con imaginarios asociados a la Patagonia, entre ellos el gaucho.
En este mismo núcleo, Azul Acosta presenta esculturas de cemento y una pieza de arcilla que exploran una dimensión íntima de los afectos. Sus figuras femeninas combinan una sensibilidad tierna con cierto dejo de angustia, una tensión que encuentra en el cemento, con su carácter frío, denso y pesado, una forma concreta de resolución.
La muestra vuelve luego sobre el territorio desde otras perspectivas. Cecilia Agel presenta una videoperformance vinculada con el Cerro Piltriquitrón y con la relación entre territorio y cuerpo. Marina Feldman trabaja fotográficamente con el paisaje cordillerano y utiliza una nube como punto de partida para pensar el agua, la nieve, la lluvia, los ríos y el deshielo. Keila Gálvez presenta un guanaco con su cría y aborda el vínculo maternal y la capacidad de esos animales para afrontar las condiciones del paisaje.
La diversidad de las obras responde a una decisión curatorial: no imponer una temática única para reunirlas, sino encontrar una narración que pueda hacerlas convivir sin borrar sus diferencias.
“Nos parece un poco escueto decirle a los artistas: ‘Bueno, ahora hablemos de tal cosa’. Los artistas van a producir de acuerdo a sus intereses, sus indagaciones, sus deseos, sus preocupaciones, sobre lo que ellos conciben de lo que es producir. Depende también de la relectura que ellos hagan de la historia del arte, con qué les gusta dialogar, con qué les gusta jugar, qué referencias toman. Entonces, nos gusta hacer convivir varias temáticas y varias materialidades, porque ahí está lo rico de poder exponer en unidad la cantidad de exploraciones estéticas y temáticas que tiene nuestra región”, explica Sánchez Trabol.
PETROLEO Y TRABAJO
Hacia el final del recorrido aparece con mayor fuerza la dimensión productiva. La obra de Sophie Twardowski recupera el imaginario petrolero mediante imágenes vinculadas con los tanques de reserva y los molinos de viento. Su pertenencia a Caleta Olivia establece un diálogo directo con Comodoro Rivadavia y con la historia del Golfo San Jorge.
Para el curador, esa producción adquiere otra resonancia frente a las transformaciones que atraviesa actualmente la actividad petrolera y también frente a la experiencia personal de una artista que emigró desde una ciudad del sur hacia Buenos Aires.
La muestra incorpora además el trabajo de Eric Markowski sobre los matarifes y la industria frigorífica. Sus fotografías utilizan carne picada para recrear logos de grandes empresas, mientras “Majada Patagónica” recupera la producción ovina y el vínculo entre la oveja, la lana y la carne.
La Patagonia que aparece en “Coordenadas fuera del mapa” es, entonces, paisaje pero también ciudad; memoria y afectividad, pero también trabajo; naturaleza, pero también producción y conflicto.
QUIENES CUENTAN LA PATAGONIA
La obra que abre la exposición, de Martina Orozco Penna, introduce otra discusión. Su propuesta trabaja con figuras calvas para reinterpretar obras emblemáticas y construye un dispositivo que remite a los antiguos salones, gabinetes de curiosidades y primeros museos.
Sánchez Trabol encuentra allí una puerta de entrada para pensar la historia del arte y las posibilidades de producir una narrativa desde la propia región.
“Una historia del arte narrada por nosotros es hacer producción de la región y que sea curada por gente patagónica también. Que piense en las problemáticas, en las estéticas, en las sensibilidades de nuestras regiones, en nuestras provincias. Ya no sea la mirada misticista, sino que podamos hablar y narrar desde nuestras propias narrativas”, plantea.
La pregunta por quién cuenta también atraviesa el propio funcionamiento de Bien del Sur. La iniciativa busca construir un espacio donde los artistas puedan mostrar lo que producen y, al mismo tiempo, reconocerse dentro de una escena que muchas veces permanece fragmentada.
Después de diez ediciones, el proyecto acumula una experiencia que no se reduce a la organización de exposiciones. Hay conocimientos adquiridos en la gestión, el montaje, la comunicación, los vínculos institucionales y la resolución de los problemas que aparecen en cada edición.
Sánchez Trabol define ese aprendizaje desde la práctica. La autogestión obligó a desarrollar herramientas que hoy permiten afrontar una muestra de mayor escala y dentro de una institución provincial.
RAWSON Y LA CONSTRUCCION DE UN NUEVO PUBLICO
La llegada a Rawson abrió para Bien del Sur un desafío diferente al de las ediciones anteriores: cómo establecer un vínculo con una comunidad que no necesariamente conocía el proyecto ni tenía incorporado al Centro Cultural Provincial como un espacio propio.
Acevedo describe ese proceso a partir de la experiencia concreta que encontraron durante los primeros días de la muestra:
“La llegada a Rawson implicó para nosotrxs encontrarnos con un público diferente y, a la vez, asumir el desafío de generar nuevas formas de acercamiento a la propuesta. Percibimos que, para muchas personas, el Centro Cultural Provincial no era necesariamente reconocido como un espacio cercano, cotidiano. Muchos de los visitantes se acercaron a la muestra a través del boca en boca, de conversaciones espontáneas en la calle, de invitaciones directas o del intercambio que surgía al recorrer otros espacios culturales de la ciudad. Esto nos permitió construir un vínculo muy particular con la comunidad, mucho más directo y cercano”, cuenta Acevedo.
La experiencia reforzó una de las búsquedas que atraviesan el proyecto: pensar las instituciones culturales como lugares habitables y accesibles, capaces de generar encuentros más allá de la propia programación artística. En ese sentido, la muestra funciona también como una puerta de entrada al edificio y a otros espacios que forman parte del Centro Cultural Provincial.
Sánchez Trabol observa el mismo fenómeno desde otro lugar. El equipo detectó que parte del público que se acercaba desconocía tanto Bien del Sur como a los propios artistas participantes, e incluso que algunas personas no sabían que podían ingresar a las salas de exposición. Ese dato llevó a pensar una estrategia curatorial que no presupusiera conocimientos previos sobre arte y que ofreciera herramientas para acompañar el recorrido.
Por eso, la muestra fue pensada para visitantes que no necesariamente tienen conocimientos previos sobre arte. Los epígrafes, las técnicas, los títulos, los nombres de los artistas y las memorias descriptivas buscan ofrecer herramientas para comprender cada propuesta.
El objetivo es que la exposición pueda ser atravesada por públicos diferentes y, especialmente, que pueda establecer un vínculo con las escuelas. El Centro Cultural Provincial permite una relación con estudiantes de primaria y secundaria que las anteriores ediciones no habían conseguido con la misma intensidad.
Para Acevedo, ese vínculo con la comunidad forma parte de la propia razón de ser del proyecto.
“Uno de los ejes fundamentales de Bien del Sur es justamente pensar las instituciones culturales como espacios que también pueden ser apropiados por la comunidad: lugares amables, vivos y accesibles, donde puedan suceder cosas maravillosas. Esta experiencia también nos recordó que el acercamiento al arte y a la cultura no siempre ocurre a través de las redes sociales. Incluso en una época atravesada por lo digital, para nosotrxs el diálogo directo, el encuentro y la conversación siguen siendo herramientas fundamentales para construir comunidad y acercar nuevos públicos”, sostiene.
DIEZ EDICIONES CONSTRUIDAS EN VINCULO
El balance de Acevedo vuelve una y otra vez sobre la idea del encuentro. La décima edición permitió compartir no solamente el espacio expositivo, sino también el proceso de montaje y los días previos a la inauguración.
Esa convivencia permitió que artistas de diferentes regiones pudieran conocerse más allá de sus obras y descubrir experiencias similares y diferentes dentro de una misma provincia.
Para Acevedo, esa dimensión terminó convirtiéndose en una de las mayores riquezas de Bien del Sur: construir comunidad a partir de personas que antes estaban separadas por las distancias.
También por eso una frase que aparece en una de las obras de Cecilia Gil funciona como una síntesis del recorrido: “Todo es en vínculo”. Esa idea atraviesa las diez ediciones y forma parte de la manera en que Bien del Sur entiende su propia continuidad.
La intención para las semanas que quedan de muestra apunta, justamente, a ampliar esos vínculos y a que el Centro Cultural Provincial pueda convertirse en un espacio apropiado por la comunidad.
“Más allá de la exhibición de las obras, nos gustaría que la muestra sea una excusa para visitar y descubrir el Centro Cultural Provincial. Nos encontramos con un edificio de grandes dimensiones, con una biblioteca interesantísima y otros tres espacios de exposición, y creemos que es importante que el público pueda apropiarse de este lugar y pensarse también realizando actividades dentro de él”, plantea Acevedo.
La experiencia ya produjo algunos resultados que van más allá de la exposición. El encuentro con el equipo de Delta Contenidos, que se acercó a partir de una invitación, abrió incluso la posibilidad de utilizar el espacio para una grabación. Para Bien del Sur, esos cruces forman parte de aquello que una muestra puede provocar cuando deja de ser solamente un lugar donde se exhiben obras.
Después de tres años y diez ediciones, Bien del Sur llegó a Rawson para reunir artistas, pero terminó haciendo algo más amplio: conectar territorios, públicos, instituciones y experiencias que permanecían dispersas. “Coordenadas fuera del mapa” reúne distintas formas de habitar, pensar y producir Chubut, a partir de las miradas de artistas que trabajan desde diferentes puntos del territorio.