La revelación surgió en una charla distendida, pero no por eso menos filosa. Al recordar aquellos años, Daniela Ciardone dejó en claro que su popularidad no pasó inadvertida para figuras de peso del fútbol argentino. Sin embargo, también marcó un límite que se mantuvo firme con el tiempo. “No me gustan los futbolistas”, lanzó, una frase que funcionó como llave para destrabar una lista inesperada.
El intercambio derivó en una sorpresa incluso para el conductor del programa. “Qué raro, porque te habrán buscado todos”, le dijeron, a lo que ella respondió sin vueltas: “Sí, me han llamado muchos...”. La afirmación abrió paso a los nombres que, con el correr de los minutos, fueron apareciendo uno a uno.
Consultada por quién había sido el más importante que intentó acercarse, Daniela Ciardone dudó primero y luego fue enumerando opciones hasta acertar. “¿Diego? ¿Caniggia? ¿Passarella?”, dijo en voz alta, hasta confirmar uno de ellos. “Sí, Passarella alguna vez llamó. Es verdad”, admitió, sin dramatismo y con naturalidad.
El repaso no terminó ahí. La exmodelo sumó otro nombre que marcó una época dentro y fuera de la cancha. “Había uno muy lindo de ojos, que tiene problemas con las piernas ahora… Batistuta”, recordó, en referencia a Gabriel Batistuta, uno de los grandes ídolos de la Selección Argentina de los noventa.
La sorpresa creció cuando agregó un tercer apellido de peso. “Había otro más… futbolista, pelado, pero es grande ya, dirige… Verón”, señaló, aludiendo a Juan Sebastián Verón.
La enumeración cerró un tridente que, en su momento, concentró admiración y fanatismo.
Más allá del impacto de los nombres, el eje del relato pasó por su postura personal. Daniela Ciardone explicó que nunca se sintió atraída por ese mundo, aun cuando se trataba de figuras consagradas y deseadas.