El nene de Maronese vende empanadas para cumplir su sueño

Tiene una prueba en Estudiantes de La Plata y su mamá hace malabares para pagar el viaje. "Me quedé sin ganas de jugar el otro día, pero estoy mejor", dice.

Jean Pier Montes de Oca no guarda rencor. Y mira para adelante. El pibe del club Atlético Maronese de Neuquén, que sufrió insultos racistas en el partido del domingo ante Pacífico en novena división, sueña en grande. Se le viene el 13 de este mes la ansiada prueba en Estudiantes de La Plata y no quiere que nada lo distraiga, ni siquiera los repudiables y discriminatorios gritos de un desubicado papá del rival.

Tampoco desea que su incondicional mamá afloje justo ahora que falta tan poco y luego de semejante esfuerzo para costearle el viaje.

“Quiero quedar en Estudiantes, me genera felicidad. Es mi sueño. Voy a hacer todo lo posible para logarlo. A través del club me contactaron”, le contó a LM Neuquén con una voz que irradia alegría.

“Es mi sueño. En Maronese juego en la 2007 y la 2008, en un equipo uso la 10 y en otro la 8. Estoy contento con los compañeros, son muy buenos y me apoyaron en una situación triste”, destacó de regreso a su casa tras la práctica, el día después del mal trago.

Y recordó en primera persona cómo lo vivió. “La verdad que fue todo rápido. En un momento yo estaba tirado en el piso, fui medio fuerte y también me caí. Pedí perdón al contrario. Veo que mis compañeros y mi DT se estaban peleando con los hinchas rivales; me enteré por ellos qué me gritaban y ya no me daban ganas de jugar con el público. Quería irme, me puse mal. Después, los chicos de Pacífico me hablaron por Instagram… con ellos está todo bien. Con el que me faltó el respeto es el tema, pero prefiero dejarlo atrás”, resume con asombrosa madurez.

Admite que en otros ámbitos ha sufrido por lo mismo y aconseja a los chicos que pasan por una situación similar “que lo hablen, que no se callen, que no sufran porque puede conducir a cosas peores...”.

Hincha de River, tiene de ídolos a Messi y a Neymar, que "hace maravillas con la pelota".

Hijo único, todo es a pulmón en su hogar. De hecho, para costearle el viaje a La Plata su incansable y leal mamá Nadia, que lo cría sola y trabaja muchas horas diarias, actualmente vende empanadas. Y necesitan cumplir con un objetivo.

“Los papás del club me están comprando, amigos de mis tíos, de mi tía. Tenemos que vender 30 docenas. Con eso voy a estar bien. Son de carne y pollo, riquísimas”, las promociona con picardía Jean Pier.

Su amable progenitora amplía: “El objetivo es llegar a las 30 docenas para costear el viaje porque en la pensión no hay que pagar nada. Se lo merece, es un buen chico”.

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