La decisión de la Corte Suprema de Justicia que reconoció el derecho a decidir sobre la muerte digna reabrió el debate sobre esta medida que interrumpe la asistencia artificial para prolongar la vida. De esta forma, ayer tras conocerse la decisión del tribunal por el caso de Marcelo Diez, un hombre que desde hace más de 20 años se encuentra en estado vegetativo y que ya tuvo el aval del Tribunal Superior de Justicia de la provincia de Neuquén, nuevamente volvieron a resonar opiniones sobre el tema
En este marco, El Patagónico consultó a dos referentes sociales de la ciudad, quienes por sus profesiones o creencias están avalados para opinar sobre un tema tan delicado que ahora marcará un precedente, el cual podrá ser analizado en todo el país, incluso en Comodoro Rivadavia, donde existen casos de personas en estado vegetativo.
El doctor Juan Fernández, jefe de la terapia infantil de la Clínica del Valle, y el obispo de la Diócesis Comodoro Rivadavia, Joaquín Gimeno Lahoz, están de acuerdo con la muerte digna en casos irreversibles y la diferenciaron de la eutanasia que estipula la estimulación a la muerte a través de fármacos.
LA PALABRA DE LA MEDICINA
Fernández es también integrante del equipo de terapia intensiva del Hospital Regional y coordinador de INCUCAI en Comodoro Rivadavia, y por ende el encargado de ejecutar cada una de las ablaciones que se realizan en la ciudad.
Ayer el médico recibió a un equipo de El Patagónico que lo consultó sobre la decisión de la Corte Suprema. "Hay que saber diferenciar varios aspectos porque puede llegar a ser confuso como se lo interpreta. En el caso de que haya que desconectar de un respirador a un paciente, si está entubado o conectado a respirador porque está hace años en coma o postrado, se necesita autorización de un juez para aplicarla. Pero también se da cuando a una persona se le diagnostica de un cáncer terminal u otra enfermedad y no quiere ser invadido o conectado a respirador", explicó.
"En este caso puede ya de antemano ir a un escribano y decir 'ante tales circunstancias no quiero que me entuben, que me conecten un respirador, no quiero hacer absolutamente nada'. Bajo esa circunstancia tenemos un procedimiento bajo la Ley 26.742 que habla de limitación del esfuerzo terapéutico y muerte digna", detalló.
"En terapia intensiva lo hacemos, pero hablando con la familia y previo a realizar algún tipo de procedimiento. Entonces cuando cualquier procedimiento que hagamos no va a mejorar su vida y lo pone en una situación donde todo lo que hagamos puede generar angustia y dolor en la familia y el paciente, ellos pueden consentir que no realicemos ninguna medida invasiva. No avanzamos y le ponemos sedación hasta que el paciente fallezca", agregó.
En este consentimiento al que pudo acceder este medio, la persona autoriza al equipo médico a limitar la realización de procedimientos diagnósticos y terapéuticos como procedimientos quirúrgicos, reanimación artificial o medidas de soporte vital, cuando sean extraordinarias y desproporcionadas en relación a la perspectiva de mejoría o produzca sufrimiento desmesurado.
También permite indicar si se rechaza o no procedimientos de hidratación o alimentación cuando los mismos produzcan como único efecto la prolongación en el tiempo del estadio terminal, irreversible o incurable.
Diferente, según explicó Fernández, es "la eutanasia que es ilegal, no está autorizada y no la practicamos. Nosotros lo que hacemos es aliviar el dolor mientras el paciente puede llegar hasta la muerte".
LA IGLESIA
El obispo Gimeno Lahoz también aceptó la muerte digna ante situaciones extraordinarias, pero a diferencia de Fernández rechazó la posibilidad de negar procedimientos de hidratación o alimentación. "Si supone eutanasia, moralmente no se puede aceptar; sí la muerte digna donde hay cuidados paliativos porque sostener una vida con medios extraordinarios no tiene nadie la obligación de hacerlo, pero sí con los medios ordinarios", consideró.
"Hay obligación de hidratar el cuerpo, su alimentación, porque si no mueren de hambre, es poco humano. Lo extraordinario, en cambio, a veces suena más a encarnizamiento con la persona enferma que a un proceso médico porque respira por respirador; se le mueve el corazón porque lo agilizan. Es decir parece alguien más con caños alrededor que una persona que puede seguir viviendo", agregó, dejando un claro concepto: "todo el mundo debe morir dignamente y acompañado de todo el ambiente que en un momento tan especial necesita. Yo recuerdo a mis padres que siempre me dijeron 'yo quiero morir en casa'; rodeados de los afectos, no perdidos entre caños".
A estas opiniones a favor se puede sumar la de la diputada Argentina Martínez, del Frente Para la Victoria, quien en 2012 propugnó la adhesión de Chubut a la Ley Nacional Nº 26.7642 sobre "Muerte Digna" (Modificatoria Ley Nº 26.529).