Todo ocurrió durante una charla distendida, cuando nadie lo esperaba, que Esther Goris tomó la palabra y llevó al estudio a una noche de su juventud que terminó convirtiéndose en una de las confesiones más comentadas del ciclo. Una historia que la tuvo frente a frente con Robert de Niro y que, contra todo pronóstico, nunca llegó a convertirse en romance.
El clima del programa invitaba a ese tipo de desvíos. Entre preguntas, risas y recuerdos, la conversación se corrió hacia lo sentimental y la actriz no esquivó el tema. Con calma y sin buscar impacto, Esther Goris empezó a reconstruir cómo se dio aquel encuentro que todavía hoy la interpela.
“Me invitaron a una fiesta y me dijeron que era muy especial y que llegara temprano. Llegué un poquito tarde y ya había una ronda de gente”, contó, ubicando el contexto de una noche que parecía una más, pero que escondía una sorpresa inesperada.
El momento decisivo llegó casi al final de ese recorrido. “Llego al final de la fila y estaba Robert de Niro”, relató, generando un murmullo inmediato entre sus compañeros. La diferencia de edades fue parte del recuerdo, aunque no ocupó el centro del relato. “Yo tenía 23 y Robert, ponele, cuarenta y pico”, dijo, con naturalidad, como quien enumera datos que hoy se ven con distancia.
Lo curioso de la situación fue que, pese a la evidente atracción, la comunicación estuvo atravesada por una barrera insólita. “Hablamos toda la noche, pero no sé en qué idioma porque yo no hablaba inglés”, recordó entre risas. Lejos de frenar el acercamiento, esa dificultad pareció generar una complicidad particular. “Cuanto más champagne iba tomando, más entusiasmada estaba y más le hablaba”, confesó, describiendo una conexión que avanzaba sin demasiadas reglas.
Sin embargo, cuando la noche parecía abrir la puerta a un encuentro posterior, algo se rompió. Esther Goris explicó que Robert de Niro se retiró y dejó a un intermediario para transmitir su invitación. “De Niro se va y viene Lito Cruz a decirme: 'Bob quiere tomar un café con vos”, relató. Fue en ese instante cuando apareció una reacción impulsiva que terminó marcando el destino de la historia.
“Cuando veo eso digo '¿este Bob qué se cree?'”, recordó, dejando al descubierto el enojo que sintió en ese momento. Primero intentó responder con ironía. “Decile que, por lo menos, se moleste él”. Pero enseguida tomó una decisión que hoy reconoce como clave. “Me doy vuelta otra vez, que eso fue lo grave, y le digo 'decile que ni se moleste'”.
El cierre fue tan rápido como definitivo. “No tomé ni el café”, dijo Esther Goris, mientras el estudio reaccionaba con sorpresa al entender que aquella historia no incluyó ni beso ni cita. Con el paso de los años, la actriz admite que esa respuesta todavía le genera ruido. No desde la fantasía romántica, sino desde la conciencia de una reacción tomada en caliente.