La muerte de Gabriel Jaramillo generó una fuerte conmoción en Comodoro Rivadavia. El joven, de 22 años, falleció este miércoles 25 luego de agonizar 11 días tras el accidente ocurrido en Alsina y Dorrego el sábado 14 de febrero, mientras realizaba repartos para una aplicación de delivery, actividad que desempeñaba para afrontar sus gastos y sostener el alquiler.
Su historia, sin embargo, trasciende el hecho trágico. Quienes lo conocieron destacan su determinación para salir adelante en un contexto adverso. Durante la pandemia debió interrumpir el secundario, pero lejos de resignarse, en 2024 retomó los estudios en modalidad nocturna. A fines del año pasado logró graduarse, coronando un proceso que le demandó esfuerzo y perseverancia. Una fotografía de noviembre último lo muestra sonriente, vestido con traje marrón y camisa negra, diploma en mano, celebrando una meta largamente postergada.
En el ámbito laboral, había acompañado a su padre en trabajos de soldadura y albañilería. Ante la inestabilidad de ingresos, también se desempeñó en una verdulería y, más recientemente, como repartidor. Su entorno lo describe como responsable y comprometido, decidido a construir un proyecto de vida propio.
El deporte ocupaba un lugar central en su rutina. Practicaba kick boxing en el Team Mellado y había participado en competencias provinciales. Compañeros y entrenadores lo recuerdan disciplinado y constante, convencido de que el entrenamiento era una herramienta para superarse.
Entre estudio, trabajo y deporte, Gabriel sostenía una dinámica exigente que reflejaba su voluntad de progreso. Amigos y familiares coinciden en que su mayor rasgo era no rendirse ante las dificultades. Hoy, en medio del dolor, su recuerdo queda asociado a esa búsqueda permanente de crecimiento personal y a la convicción de que siempre se puede intentar un paso más.