Después de haber firmado el tanto de la victoria (2-1) de su equipo, Moussa Marega se cansó de escuchar gritos en el que imitaban a un mono y cantos xenófobos en su contra, por lo que decidió abandonar el césped once minutos más tarde y pese a que sus compañeros y rivales intentaron frenar su decisión, el hombre estaba decidido a no dejar pasar los actos xenófobos que estaba sufriendo.
Su entrenador se apresuró entonces en hacer un cambio de urgencia, dando entrada en su lugar a Wilson Manafa. Algunos jugadores de Porto y del rival Vitoria de Guimaraes trataron de persuadirlo para que continuara jugando el partido, pero Marega siguió adelante y, muy enojado, se retiró a los vestuarios, acompañado de miembros del cuerpo técnico de su club. Marega, nacido en Les Ulis (periferia de París), jugó en el equipo de Guimaraes en la temporada 2016-2017.
En el momento de abandonar el césped y luego en el túnel, Marega dedicó gestos hacia la grada, levantando uno de sus dedos y también mostrando su dedo pulgar hacia abajo, en señal de desaprobación de la actitud de los hinchas que le gritaban.
"Querría simplemente decir a esos idiotas que vienen al estadio a lanzar gritos racistas que se jodan. Agradezco también a los árbitros que no me hayan protegido y me hayan mostrado una tarjeta amarilla por defender mi color de piel", escribió poco después Marega en su cuenta de Instagram, con emojis de una mano con un dedo levantado. "Espero no verlos nunca más en un terreno de juego. ¡Son una vergüenza!", añadió el jugador.
Sus compañeros de equipo, entre los que se encuentra el arquero argentino Agustín Marchesín, le enviaron su apoyo a través de las redes sociales, aunque una importante cantidad de hinchas del fútbol reclamaron que ellos también tendrían que haber abandonado la cancha para darle su apoyo.