Juicio: electromecánico de Comodoro entre los procesados

El Juzgado Federal de Rawson elevó a juicio oral y público el caso de una presunta banda narco organizada, liderada y financiada por un empresario de la pesca de Rawson.

Son siete personas que según la imputación del Ministerio Público Fiscal, vendieron cocaína, marihuana, éxtasis y drogas de diseño, como LSD y MMA, en el Valle Inferior del Río Chubut. Comerciaban en sus casas y por “delivery”, pero también en tres boliches de Trelew: “Alquimia”, “Malá” y un tercero que aún funciona.

Los procesados son Sergio Rubén Gerónimo “Pampa” Pacheco, un electromecánico automotriz de Comodoro Rivadavia; Oscar Francisco “Gordo” Lillo, un empresario de Rawson; Juan José Cristóbal Sadaba, alias “Compadre” o “Flecha”, un transportista de Rawson; Sergio René Alderete, que se dedica a mantenimiento de electricidad, refrigeración y mecánica; su pareja Cynthia Soledad Mazza; Carlos Daniel Prieto, un productor de ventas, y Bárbara Natalia Sáez.

Les imputan comercio de estupefacientes agravado por la participación de tres o más personas. El caso de Lillo se agrava ya que se lo considera el organizador y financista.

La investigación, liderada por el fiscal Fernando Gélvez, reveló que el grupo operó desde abril de 2017 a noviembre de 2018.

En el caso de Lillo, desde su casa de Bernando Vacchina al 300 de Rawson vendía a clientes de su confianza y lideró a la banda. Su proveedor era Pacheco, que transportaba la droga desde Comodoro y también tenía clientes ocasionales.

Lillo tenía la ayuda directa de una persona de su íntima confianza, Sadaba. Vivían juntos y era intermediario con clientes. “Tenía funciones de gestión y organización de los punteros que vendían la droga”, dice la causa Sadaba también comerciaba por cuenta propia.

Los punteros eran Alderete, Mazza y Prieto, en Trelew, y Sáez, de Rawson. Rendían cuentas ante Lillo o Sadaba.

Se allanaron casas y boliches. Se hallaron celulares, envoltorios de nylon con cocaína, bochitas, pesos, dólares, tarjetas SIM y de memoria, chips, troqueles de cocaína, balanzas digitales de precisión, paquetes de creatina, cucharitas, cajas de bicarbonato de sodio, pendrives, cuadernos con anotaciones, talonario de recibos, porros, armas, cartuchos de escopeta, municiones, cargadores, cucharas con restos de droga, microdosis de LSD en papel metálico, cheques en blanco, pastillas de éxtasis y Tafirol.

También cuadernos con anotaciones, platos con restos de sustancia y tarjetas; droga en congeladores de heladeras, dosis de troqueles con figuras animadas y rectángulos.

La causa se inició en abril de 2017. Un exempleado de Malá se presentó en la División Drogas y Leyes Especiales de Trelew. Reveló que los responsables del local organizaban fiestas electrónicas privadas, donde vendían grandes cantidades de dosis de éxtasis y planchas de LSD. Mencionó a Prieto y a Lillo.

Hubo inteligencia con vigilancias, seguimientos y escuchas. Se descubrió que tanto en Malá como en un boliche que hoy funciona se comerciaban estupefacientes.

Las escuchas mostraron lenguaje asiduo entre los sospechosos con expresiones como: “tutuca”, “la cosa”, “cositos”, “florcitas”, “tuca”, “churro”, “yerba brava”. Así enmascaraban el consumo. Mencionaban elevadas sumas de dinero, depósitos bancarios y cambios de cheques, publicó diario Jornada.

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