La lluvia del sábado terminó de arruinar la vivienda de Ananías Astudillo. La familia del Abel Amaya había perdido la planta alta (donde se encontraban tres dormitorios) a raíz de las fuertes ráfagas registradas durante el domingo.
Un techo precario de machimbre y nylon no aguantó la tormenta de lluvia y viento de la madrugada de este sábado. El agua ingresó mojando todos los muebles y temen que haya afectado también la heladera y el lavarropas. Ananías y su familia piden ayuda porque el viento y la lluvia les quitó lo que habían construido con tanto esfuerzo.
“El viernes a la tarde fuimos a organizar las cosas y a limpiar lo que nos quedaba. Dejamos la térmica baja y cerramos todo por las dudas de que llueva. Pero cuando comenzó a llover, volvimos a nuestra casa y estaba todo inundado. Perdimos todo”, lamentó Ananías en diálogo con El Patagónico.
VOLVER A EMPEZAR
El viento había dejado muy débil la estructura y el agua terminó de destrozar los paneles. El resultado es que tendrán que volver a construir porque la vivienda no es segura y se puede venir abajo en cualquier momento. Es por eso que Ananías pide asistencia del Estado para volver a empezar. “Tuvimos un par de contactos que me preguntaron cómo estábamos, pero nadie nos dio una respuesta. Necesitamos ayuda”, afirmó.
La familia está abocada a recuperar lo poco que les queda y ver si el lavarropas y la heladera funcionan. Sin embargo, lo que más le preocupa es la inestabilidad de la vivienda. “Es un peligro ir a vivir ahí. Por suerte conseguimos que una familia amiga nos guarde las cosas que sirven, pero vamos a tener que ir viendo qué hacemos”, indicó.
Según Ananías, se deberá desarmar todo y evalúan la posibilidad de conseguir materiales para levantar una parte de ladrillos. “Los paneles son de madera y tengo que tirar todo porque se mojó. El agua ingresaba de una manera impresionante: se nos mojó la alacena completa, los muebles, todo. Nada quedó seco”, lamentó.
En este sentido, la familia del Abel Amaya pidió asistencia para volver a levantar sus paredes y vivir con su familia. “No puedo arriesgarme a vivir en esas condiciones por los nenes. Un adulto puede soportarlo, pero no puedo poner en riesgo la vida de mis hijos”, advirtió.
“Yo no quiero que me regalen nada. Yo voy a pagar todo lo que me den, pero necesito una solución. Somos personas que trabajamos. Tampoco estamos pidiendo una mansión, sino que nos ayuden a construir una vivienda digna”, aseguró Ananías.