La incertidumbre de quienes viven como evacuados tras la catástrofe

A una nena le cantan el feliz cumpleaños, un perro acompaña a su familia y un hombre espera que lleguen sus parientes a visitarlo. En el gimnasio municipal Nº 2 los evacuados viven el día a día limpiando sus sectores y tomando mate para tratar de apagar la tristeza que ocasiona perderlo todo y no saber cuándo podrán volver a su hogares.
El gimnasio municipal Nº 2, en el Pueyrredón, prácticamente parece un pequeño barrio, en este caso de los desarraigados. En su ingreso, personal de Gendarmería presta el servicio de seguridad para evitar desórdenes y el ingreso de desconocidos, mientras en una oficina del mismo hall dos médicas y un enfermero brindan asistencia sanitaria a los evacuados y a quienes se acercan desde los distintos barrios y en el interior del recinto decenas de familias conviven respetando sus lugares, donde descansan, se alimentan y pasan las largas horas del día.
En el recinto deportivo cerca de 90 personas todavía están evacuadas por el temporal. Allí comen, se bañan y esperan una pronta solución a su problema habitacional, ya que algunos prácticamente lo perdieron todo y otros todavía no pueden ingresar a sus viviendas.
Perla Enciso, una de las vecinas que llegó allí proveniente de la zona de Quintas 2 del barrio Máximo Abásolo, contó que cada día comienza a las 8, con el inicio de las actividades. Generalmente toman maté cocido o té y mientras tanto algunos comienzan a limpiar.
En su caso ella está con su hermana, su cuñado y sus sobrinos, incluido un bebe de dos meses. Es que perdieron todo. Su casa estaba sobre la ladera de un cerro que prácticamente se desmoronó, llevándose consigo la precaria vivienda y un pequeño quiosco que su hermana tenía.
“Estamos bien, no nos podemos quejar. Estamos esperando una solución del Gobierno, nos dijeron que esperemos, pero no tenemos a donde ir”, contó.
Perla aseguró que en el gimnasio las actividades se extienden "hasta las doce cuando se apagan todas las luces", mientras durante el día para pasar el tiempo cosen, toman mate y charlan. “Nosotros estamos con una señora que es de Formosa. A la mañana tomamos mate cocido y al mediodía comida y después si sobra té, la recalientan a la noche. Ayer comimos guiso de arroz, pero parecía guiso de puré” contó entre risas, reconociendo que no pueden "ser delicados porque todos estamos necesitando".
Julio Flores, de 80 años, ayer en cambio aún no sabía cuál era el estado de su vivienda en el barrio Pueyrredón sobre la calle Basilio Mijulkow. Solo estaba al tanto de que sus dos perros, que quedaron atrapados en el patio, estaban bien porque un vecino los alimentaba. El hombre tenía el pie hinchado y se estaba haciendo curaciones cuando un equipo de este medio se acercó.
“Me dijeron que no se puede entrar porque dos máquinas quedaron encajadas. Creo que lo perdí todo. Se tapó la tierra en la calle y se vino el río para mi casa, entró el agua de golpe, se llevó el portón grande, todo”, sentenció el hombre que vino de Jujuy en 1979 y que aún espera la visita de sus familiares.

Y LA VIDA VA

Mientras Julio charlaba con un equipo de este medio, recibió la visita de integrantes de la Fundación el Arte de Vivir (que en este país tiene en Mauricio Macri a uno de sus principales difusores), que se acercaron para brindar contención a los evacuados con actividades para niños y grandes.
El hombre optó por mirar las actividades desde lejos y no moverse de su lugar. Otros en cambio se acercaron al sector que se preparó para las actividades de los adultos, donde según explicó Carlos Zamboschi -integrante de la fundación-, les brindarían "un curso para bajar las emociones negativas a través de juegos y ejercicios de respiración", tal como piensan realizar hoy en el Gimnasio municipal Nº 4 de Km 8.
Mientras tanto los más chicos, que minutos antes corrían por el recinto, se reunían en un círculo con Evelin, una de las coordinadoras de la fundación que llegó desde Buenos Aires. Todos juntos le cantaron el cumpleaños a Valentina, una de las nenas evacuadas que esta vez tuvo un festejo particular. Es que la vida sigue en el Gimnasio municipal Nº 2, tal como sucede en los otros centros de evacuados, donde aquellos que perdieron todo le ponen la mejor cara a todo lo que les toca vivir.

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