La Superliga está atada con alambre

El manoseado fallo contra San Lorenzo por incumplimientos económicos puso a la organización del fútbol contra las cuerdas. Los dirigentes cayeron en su propia trampa, de la que ahora no saben de qué manera salir para poder continuar adelante.

La estructura de la Superliga empezó a crujir y amenaza con desmoronarse en el futuro, sostiene en su columna de este domingo en Página 12 el periodista Gustavo Veiga.

El mismo asegura que en su autonomía para manejar al fútbol a su antojo, la Superliga explotó su propia debilidad. El extenso culebrón de las sanciones deportivas y económicas a San Lorenzo y Huracán borroneó la declamada transparencia con que nació la organización.

La gestión que realizó Marcelo Tinelli con Mauricio Macri para moderar los efectos del castigo la desacreditó todavía más. La tirante relación actual con la AFA –que nunca fue buena– la redujo a un ente que ni siquiera puede hacer cumplir sus propios reglamentos.

La discutida quita de los descensos por promedio agregó una discordia adicional. Su CEO Mariano Elizondo no participó en la última reunión de dirigentes que se realizó en el hotel Savoy del presidente de Racing, Víctor Blanco.

Este presente complicado genera dudas sobre la continuidad del proyecto futbolístico que impulsó un gobierno que ahora parece batirse en retirada. ¿Será su final si la alianza Cambiemos pierde las elecciones de este año? Todo podría ser, inclusive hasta la revisión de los contratos de TV si el presidente del país fuera otro.

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