A los 92 años, murió Chunchuna Villafañe, la modelo y actriz que mantuvo siempre una vida austera y que fue símbolo de una época. La noticia fue confirmada por su hija, Juana Molina, a través de una publicación en su cuenta de Instagram.
“Murió mi querida mamita. Era algo que esperaba y temía. Sucedió esta madrugada. Es un cocktail de sensaciones. Cuando volví a su casa y vi su cama vacía me di cuenta de que la voy a extrañar mucho. Esa ausencia inmensa”, escribió la actriz y cantante junto a una foto de Villafañe. “Ir a su casa a conversar era algo que hacía muy a menudo y sería incapaz de recordar alguna de esas conversaciones que duraban horas. No sé de qué hablábamos, pero hablábamos mucho. Creo que ahora quiero estar con mi hijita, bien juntitas las dos”.
Chunchuna Villafañe fue un personaje atípico que se salió de la norma. En una sociedad no deconstruida que posicionaba a la belleza como un valor, ella se llevó todos los lauros. Sin embargo, los elogios banales que suele despertar la perfección física le generaban incomodidad. Son patrones culturales, se sabe, pero Chunchuna renegaba y buscaba alejarse de todo tipo de cosificación, aunque, a los veintipico, y aprovechando un rostro cincelado y un físico seductor, trabajó en el modelaje y la publicidad para ganarse la vida.
Acaso contrarrestando ese mundo de apariencias, colaboró en la Villa 31 con la obra del Padre Carlos Mugica y militó en el peronismo. En el pico de su fama, viajó en el vuelo que trajo, tras su exilio, a Juan Domingo Perón al país en 1972. Razones suficientes para padecer la censura durante la dictadura militar que gobernó el país desde 1976.
De joven estudió arquitectura, pero le faltaron dos materias para recibirse, y, cuando se decidió por la actuación, jamás desentonó, encontrando un punto alto con su participación en La historia oficial, la película de Luis Puenzo ganadora del Oscar, justamente levantando la voz sobre atrocidades del régimen de facto del que ella fue víctima.
En la madurez, eligió cierto ostracismo. Salía poco de su casona de Florida, en el Partido de Vicente López, que ella misma diseñó, como remedo de sus estudios en la facultad, y a la que le gustaba remodelar una y otra vez. Durante la última parte de su vida se dedicó a la decoración de interiores y a la jardinería. Tuvo dos hijas, Juana e Inés, fruto de su relación con el cantante Horacio Molina.
No le gustaba maquillarse. En su rostro sin cirugías y hermosamente agrietado, se destacaban sus ojos celestes y ese peinado ondulado tan característico que era una marca de presentación. Se fue Chunchuna Villafañe, la mujer que jamás ostentó, aunque tuvo todo para darse corte.