Pasaron casi 41 años y Josefina sigue buscando a su hija Susana Jenkins

Durante el acto por el Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia realizado el sábado en Sarmiento se recordó a Susana Jenkins, una joven oriunda de esa localidad que desapareció en La Plata en 1977. Su madre Josefina Rambousek participó del homenaje y escuchó el relato que efectuó Mirta Jodor sobre la incansable búsqueda de su hija.

El Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia se conmemoró el sábado con actos a lo largo y ancho del país. En Sarmiento se realizó una ceremonia en la plazoleta que se encuentra en San Martín e Ingeniero Coronel, donde se colocó una placa en recuerdo de Susana Jenkins Rambousek. La joven nació el 16 de enero de 1955 en la localidad de los lagos y fue secuestrada el 8 de junio de 1977 cuando estudiaba Psicología en La Plata.

Josefina Rambousek, continúa esperando encontrar a su hija pese a que han pasado casi 41 años de su desaparición. Josefina fue testigo del homenaje que le hicieron a Susana y escuchó el relato de la historia su lucha por la verdad, en voz de Mirta Jodor.

“En el Día de la Memoria quiero recordar a una desaparecida oriunda de nuestra ciudad, estudiante ella, Susana Jenkins desde el reconocimiento a su madre Josefina Rambousek, o Josa para los sarmientinos”, sostiene el escrito.

“Josa nunca cesa de buscar, fue largo su derrotero de dolor y de búsqueda desde el nefasto día que su hija, Susana, desapareció de un lugar de La Plata donde vivía y estudiaba, lejos de sus paisajes del campo de su familia, de las calles arboladas, del viento patagónico y el valle fértil de Sarmiento”, manifiesta el relato.

En su escrito, Jodor también destaca: “Josa me ha contado algo, alguito de su búsqueda cuando sus fuerzas del mismo dolor eran su motor y anduvo por La Plata sin más brújula que el amor de madre, corriendo peligro, lanzada a lo que sea para buscar incansablemente una señal, una pista de su amada hija”.

“En un tiempo fui testigo cuando ella detenía en la ruta al transporte que viene a nuestra ciudad a diario a la altura de su chacra, el chofer conocía su historia, su momento abrumador de esperar lo inesperado. Así que detenía el transporte. Josa subía, y recorría cada butaca mirando con desesperación, esperando encontrar a Susana. Todos los pasajeros que conocíamos la historia simplemente mirábamos silenciosos y respetuosos...Hasta que volvía sobre sus pasos y se llevaba su desilusión, su dolor y la desesperanza en los hombros y con sus brazos vacíos”, describe.

“Josa hizo este camino en soledad, con el corazón en hilachas que se volaban al viento repitiendo ¿Susana dónde estás? También en su camino conoció gente que se solidarizó con ella y pares con historias iguales. Josa nunca dejó ni deja de esperar ni de buscar a su hija. Su esencia de madre coraje no le permite rendirse por ella”, remarca Jodor.

“Igual siguió con su vida de trabajadora como pudo y puede. Una artesana, una mujer rural que podrán aun hoy con sus años verla en la Feria de Artesanos, donde es parte de la historia del lugar, con una sonrisa, con un mate compartido y sus infinitos tejidos que tienen el trabajo manual y el dolor de su alma en cada lana hilada, en cada guarda, en cada dibujo se guardan sus lágrimas de madre que nunca cesaran y llevan el nombre de Susana su hija desaparecida. Por eso sus obras artesanales llevan el adicional de la esencia más pura de la madre amada, amando infinitamente a su hija”, subraya el homenaje.

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