"No necesitamos ir a un gimnasio" dice Alberto, un vecino de Carrero Patagónico al 3600, entre Congreso y Blas Rodriguez, quien desde hace una semana no se separa de la pala.
No está solo. A su lado su hijo Esteban asiente. Ambos ya están cansados del barro que provocó la tormenta del 29-30 de marzo, que se agravó con la lluvia de la semana pasada.
Están tan cansados de su acción como de llamar a la municipalidad para que les envíen alguna máquina que les ayude en su tarea.
En esa cuadra, de las nueve familias las primeras cuatro -desde Congreso- perdieron casi todas sus pertenencias. Alberto y su familia están entre las cuatro últimas. Son de los pocos que aún pueden dormir en sus camas.
"Quedamos a la buena de Dios", sostiene el hombre de 50 años mientras vuelve a hundir la pala entre el lodo para cargar una carretilla que su hijo volcara en la esquina rogando también que algún camión se la lleve antes de la próxima lluvia.