Precarización laboral en la era Macri

Santiago fue despedido, no cobró sus últimas tres quincenas y tampoco la indemnización; Cristian se enteró que se había quedado sin trabajo mientras estaba de vacaciones, lo cual es ilegal; María, en tanto, fue notificada del cierre de la empresa para la cual trabajaba mientras estaba de licencia médica por un cáncer de mama. En su caso fue indemnizada con telas. Son tres de los miles de trabajadores de Chubut despedidos en el último año, quienes en carne propia vivieron el avasallamiento de las empresas sobre sus fuentes laborales y la implicancia que tuvo en esas decisiones la política de ajuste y recorte impulsadas por el propio Estado.

En agosto de 2016 Santiago pensaba que en siete años iba a estar jubilado, luego de 40 años de servicios en la compañía Guilford y una vida de trabajo. Sin embargo, su presente lo encuentra sumergido en una realidad distinta, con deudas, la amenaza del embargo de su casa y realizando changas para poder zafar.
Es que la mano está dura y por más que dejó currículums en diferentes lugares nunca recibió una respuesta favorable. Y no le quedó otra que ponerse a vender pan en la calle o realizar algún que otro trabajo que esporádicamente le sale.
"A veces vendo ocho o diez pancitos, pero no me queda nada porque no tengo posibilidades para hacer más. Me gustaría tener un horno grande, o habernos unidos con los compañeros de Guilford para poner una panadería para vivir porque uno necesita trabajo”, explicó.
El jueves Santiago, uno de los miles de despedidos que tuvo Chubut en el último año, recibió a El Patagónico en una pequeña obra del barrio Petrolero, a donde iba a trabajar dos días, gracias a que lo llamó un antiguo compañero de la textil que hace años había dejado la empresa.
Con mameluco y pala en mano, contó lo que tuvo que pasar en este año de crisis, en el que también se cerraron las puertas de Sederías Dali en Comodoro Rivadavia, de la envasadora de Pepsi en Trelew, se produjeron cientos de despidos en empresas de servicios petroleros, que se sumaron a las bajas que hubo por Cerámicas San Lorenzo en Puerto Madryn y la empresa Soriano en Gaiman, donde hubo una brutal reducción de personal por la imposibilidad de competir con el mercado chino en la comercialización de agar-agar (unas algas especiales).
“Nosotros estamos como el primer día porque no nos arreglaron nada y esto viene para largo y ha pasado un año”, dijo Santiago, visiblemente afectado.
“A mí me faltan ocho años para jubilarme... hacía la tela. Siempre estuve en la planta del Industrial y el último año me cambiaron a Kilómetro 8. Ahí empecé a dudar de que podría haber una retirada de la empresa, y sin duda la hubo", contó.
El conflicto de la empresa Guilford comenzó en septiembre del año pasado. El día 7 Cipriano Ojeda, secretario general de la Asociación Obrera Textil, diálogo con El Patagónico y confirmó que el gremio se encontraba en estado de alerta y movilización luego de que se detectara un posible vaciamiento de la empresa. El traslado de una maquinaria y la preocupación de la firma ante la baja de ventas que generó la apertura de importaciones fueron las principales alarmas que se encendieron.
Desde el gremio pedían al Gobierno de Chubut asistencia para la compañía a través de una línea crediticia ya que su titular, Nicolás Goransky, aseguraba que era inviable seguir con la actividad por la apertura de las importaciones. Sin embargo, lo que en principio parecía ser un conflicto influido en parte por la patronal terminó dejando a más de 200 trabajadores sin empleo, sin el cobro de sus últimas tres quincenas de sueldo y sin la liquidación final de sus indemnizaciones.
Es que entre idas y vueltas, reuniones y supuestas alternativas del propietario, todo fue quedando en la nada y el tiempo pasó, golpeando al bolsillo y al seno del hogar.
“Es indignante todo lo que pasó. El Estado no hace nada por el obrero, el operario. ¿Para qué está la Justicia? Porque si uno va a robar una cosa va preso, pero este tipo (Goransky) está trabajando normal. No sé por qué las leyes están así y tampoco esta política de Macri porque empresas de afuera pueden venir, pero solo vienen por la plata. ¿Por qué no ajustamos las que están en vez de cerrarlas?”, se preguntó Santiago.
ACAMPAR EN LA PLANTA PARA MANTENER EL TRABAJO
A 460 kilómetros de Comodoro Rivadavia, en Trelew, por estos días se encuentra tomada en forma pacífica la planta envasadora que Pepsi tenía en esa ciudad. El 29 de mayo, las autoridades de Cervecería y Maltería Quilmes llegaron sorpresivamente a las instalaciones de la empresa y en medio de una jornada de capacitaciones anunciaron el despido de 48 trabajadores y el cierre de la envasadora en Chubut por "la necesidad de mantener la productividad para hacer sostenible el negocio".
Cristian Méndez recuerda todo con tristeza. Ese lunes 29 se preparaba para regresar de sus vacaciones el martes. Por la mañana se fue a realizar el carnet sanitario y cerca del mediodía, cuando llegó a su casa, se sentó a tomar mate con su mujer. Estaban contentos luego de un descanso en Buenos Aires.
Pero fue en ese momento cuando le llegó un mensaje a su teléfono celular. Era el delegado que le confirmaba el cierre de la planta.
Inmediatamente Cristian fue a exigir respuestas junto a sus compañeros, y luego juntos decidieron acampar en la planta, para reclamar por sus derechos.
"Nos tomó por sorpresa. Siempre en invierno la producción baja muchísimo, pero es normal. Entonces se realizaban tareas de mantenimiento y capacitaciones. Y ese día justamente era un lunes de parada para capacitaciones y reuniones cuando empezaron a llegar autos. Se veían movimientos raros, me dijeron mis compañeros, y a los 25 minutos les informaron la situación. Les dijeron que “se cerraba la planta y nos invitaban a llevarnos nuestras cosas. Estuve hasta las dos de la mañana en el gremio para saber cuánto nos iban a pagar. Fue un día horrible”, contó a este diario.
Desde entonces los operarios divididos por turnos se mantienen en las instalaciones de la envasadora sabiendo que la compañía pidió el desalojo, medida que todavía está latente.
En el caso de los trabajadores de Pepsi su situación es similar al ocaso que vivieron en los últimos días de 2016 los trabajadores de Guilford. Una vez anunciado el cierre de la planta comenzaron las gestiones para que los operarios pudieran mantener su puesto laboral.
El primer intento fue quedarse con la envasadora y formar una cooperativa. Sin embargo, las autoridades de Quilmes se negaron porque aseguraron no tener motivos para entregar la planta y porque vieron inviable "generar una competencia para ellos", dijo Cristian, quien cuestionó la imposibilidad que tienen de ser competencia de una multinacional. "Nosotros vamos a ser menos de 25 y no le podemos generar una competencia en lo más mínimo”, sostiene.
Pero todo no terminó allí. Tras el rechazo de esa propuesta, los trabajadores mantuvieron una reunión con el ministro de Producción de Chubut, Pablo Mamet, y el intendente de Trelew Adrian Maderna, con quienes luego viajaron a Buenos Aires para tener otro encuentro con las autoridades de la compañía.
El viaje fue en vano, ya que los gerentes de Quilmes al advertir que habían viajado siete trabajadores se negaron a mantener el encuentro y solo se reunieron con Mamet y Maderna.
En ese marco asomó una luz de esperanza para los operarios, ya que la compañía les ofreció que se quedaran con la planta y que realizaran otro negocio. Así surgió la posibilidad de formar una distribuidora de alimentos, proyecto que ya fue presentando al Gobierno provincial, que a su vez tendrá que remitirlo a Quilmes para su autorización y apoyo.
"Eso fue lo que quedaron, también pagarnos las indemnizaciones al 100 porque nos liquidaron mal. Pero lo único que queremos es recuperar nuestra fuente laboral. Tenemos ganas de trabajar, algunos somos los únicos sostenes de la familia. Tenemos compañeros grandes a los que se les dificulta conseguir trabajo. Pero estamos esperanzados de que nos va a ir bien", sentenció Cristian.

LA DESPIDIERON CON
LICENCIA MEDICA
El caso de María Inés Ramírez es otro claro gesto de avasallamiento de los derechos laborales. Hace poco más de un mes, ella tuvo que viajar a Bahía Blanca para buscar las telas que le correspondían por su indemnización ya que Sederías Dalí, empresa para la que trabajó durante 25 años, despidió a todo el personal que trabajaba en la sucursal de esta ciudad y lo liquidó con telas.
A María Inés no le importó estar enferma de cáncer, tampoco recorrer los más de 1.000 kilómetros que separan a ambas ciudades; solo quería cobrar lo que le corresponde luego de haber sufrido el destrato de sus excompañeros, quienes habrían repartido la mercadería del local comodorense entre ellos, sin tenerla en cuenta.
"Me dieron una patada, como yo digo, en el traste. En ese momento no vieron los años que tuve, la amistad, nada, primero fue su bolsillo. Entonces después tuve que viajar con mi otra compañera a Bahía Blanca. Fue horrible. Me dieron 500 mil pesos en tela, pero si vos venís y ves lo que yo tengo, no son 500 mil, pero bueno no me quedaba otra... era eso o era nada”, lamentó.
Según explicó María Inés, su indemnización rondaba el 1.000.000 de pesos. Sin embargo, la empresa decidió pagarle el 50% y encima le valuó las telas a precio del mercado de Comodoro, y no al costo como correspondía.
Por esa razón, recientemente inició acciones legales contra los propietarios de esa empresa que supo tener sucursales en todo el país. Mientras avanza esa demanda, María Inés continúa realizando el tratamiento de radioterapia para vencer un cáncer de mama, y además comercializa en forma particular las telas que fueron su indemnización.
"Voy de lunes a viernes a hacerme radio. El tratamiento va bien, el médico me dijo que va bien, pero son 33 aplicaciones y de ahí tengo un tratamiento de seis meses con una pastilla que me sale carísima, y yo me quedó sin obra social en un mes, así que estoy vendiendo las telas en forma particular (en Facebook ofrece los productos en la página Telas Rubi). Tengo de todo: estampado, algodón, tropical, seda, raso, encajes de novia. Pero por ahora no puedo poner un negocio hasta que no termine el tratamiento y todo”, sentenció.
Según el Informe técnico sobre Trabajo e Ingresos del primer trimestre de 2017 del INDEC, en cada uno de los conglomerados, Comodoro Rivadavia–Rada Tilly y Rawson–Trelew, hay más de 5.000 personas desocupadas, es decir que solo en Chubut hay más de 10.000 personas sin empleo.
A ese brutal índice de desocupación se suma la falta de ofertas que también cayó. Según un informe de la Dirección de Estadísticas y Censos de Chubut, en junio se ofrecieron 253 puestos laborales, cuando en febrero de 2015 -el máximo de los últimos ocho años- hubo 649 ofrecimientos.
Este combo vuelve compleja la situación para quienes buscan trabajo, principalmente para aquellas personas que están próximas a jubilarse, y que prácticamente quedan excluidas del mercado formal a partir del destrato que recibieron de quienes fueron sus empleadores que aprovechando una época de ajuste y recorte bajaron las persianas dejando a cientos de trabajadores sin empleo.

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