Por las noches Yesica y su hijo Santiago, de 5 años, sueñan que las llamas le queman la piel. Es el trauma que deberán soportar días y meses enteros luego de haber vivido una de las peores situaciones que un humano puede atravesar: verse atrapados en un incendio.
"No puedo dormir en las noches, a los calefactores no los aguanto, en la noche me levanto. Recuerdo el fuego acá. Gracias a Dios estamos bien", le confiesa a El Patagónico, Yesica Pernea, la madre que para salvar sus vidas no dudó en cruzar la línea de fuego que la rodeaba junto a sus pequeños.
La mujer ayer entró por primera vez a su casa después de la tragedia. Lo hizo acompañada de este diario. Le cuesta volver a imaginar que allí tenía todas sus cosas, su alacena, su pequeña cocina y su hogar. Aquella mañana del 1 de julio se encontraba junto a sus hijos acostada en la cama matrimonial. Su marido Gabriel Martínez, albañil y luchador de artes marciales, había ido a comprar una garrafa de gas para hacer unos mates y té a los cuatro niños.
El frío pegaba fuerte en la zona de ocupaciones de la extensión oeste del barrio Abel Amaya, próxima al salitral que se encuentra detrás de la avenida Congreso.
Gabriel había dejado el horno de la cocina prendido para que el calor llegara hasta la habitación en la que se hallaban sus hijos de seis meses, 3, 4 y 5 años. Cuando llegó y quiso conectar la garrafa a la cocina, el regulador estalló y el tubo de gas comenzó a escupir fuego. Lo primero que hizo fue intentar sacarla hacia afuera. Pero la garrafa se trabó en el pasillo y las llamas avanzaron por toda la casa.
Gabriel tomó al bebé y logró sacarlo de la casa. Lo dejó en lo de su abuela que vive al lado y volvió para seguir salvando a su familia. Se quemó las manos y la cara en el intento de sacar la garrafa.
Yesica cuenta: "había un humo negro asfixiante, que me quemaba la cara". Ella pensó en sacar a los niños por la ventana, pero cuando intentó abrirla el aire oxigenó la habitación y el fuego se envolvió en el techo.
Ella tomó a Nahuel (3) y salió por la puerta enfrentando el fuego. Cruzó entre las llamas y cayó. La siguió Santiago, de 5 años, que al pasar por las llamas se quemó las orejas y el rostro.
Yesica se repuso y logró salir de la vivienda en llamas.
Gabriel entró por Zaira que se había quedado espantada por el fuego.
Gabriel y Yesica se quemaron el rostro buscando poder rescatar a sus niños del fuego. Terminaron internados Gabriel, Yesica, Santiago, Bastián de 6 meses y Nahuel. Todos con quemaduras de distinta consideración.
Yesica se había quemado el 20 por ciento de sus vías respiratorias, además del pecho y la cara. Permaneció internada en terapia intensiva por una semana.
RESURGIR
Gabriel se repuso y recupera su mano para comenzar a reconstruir su vivienda.
Cuando El Patagónico dio a conocer la historia después de que otra madre del Stella Maris perdiera la vida junto a sus cuatro hijos en otro incendio, la comunidad ayudó a la familia de Yesica y Gabriel con colaboraciones de todo tipo.
Yesica agradeció la colaboración de la gente y a las organizaciones que la ayudaron con ropa y leche para su bebé. Es que a partir de las quemaduras de sus senos ya no podrá amamantar más al Bastián.
Dice que de las autoridades políticas nadie se acercó. "Pensamos que se iban a acercar, pero si no fuera por mi suegra no sé dónde estaríamos viviendo".
Yesica reclama que la zona ocupada sea mensurada para que accedan a los servicios básicos de manera correcta. "Nosotros queremos pagar, para nosotros es más seguro el gas para calefaccionarnos. Porque nos calefaccionamos como podemos", sostiene la mujer que casi pierde la vida por el accidente con una garrafa.
La madre que logró salvarse del fuego sintió "mucha tristeza, y mucho impotencia y bronca" cuando se enteró de la desgracia del Stella Maris. "Creo que viven varios como nosotros, y muchos queremos vivir bien, queremos pagar los servicios", reclamó la mujer.
La pequeña Zaira y Nahuel ayer corrían entre las cenizas de la vivienda de Luis Roselló al 1.400. Gabriel y Yesica después del fuego volverán a empezar junto a sus hijos, levantando su casa de las cenizas.