Tiene más de 50 denuncias y sigue hostigando a su expareja

Natalia Cabrera relató el calvario que atraviesa al ser hostigada en forma virtual por su expareja, Emanuel Caruso, quien cumple arresto domiciliario en Lago Puelo pero que la sigue hostigando de diversos modos en forma virtual.

El caso se hizo público en junio de este año, cuando Jesús Emanuel Caruso se resistió a un arresto policial luego de que su expareja, Natalia Cabrera, denunciara públicamente que temía por su vida. Aunque en estos momentos permanece con prisión domiciliaria en Lago Puelo, sigue acosando a su expareja.

“Se lo llevaron lejos y lo único que conseguí es que no me pegara más, pero está loco y me acosa de diversas formas, hasta en Anses con un documento que me robó una vez”, dijo la mujer que se mostró sorprendida cuando la enviaron a hacer trámites a una oficina de la provincia de Santa Fe porque le habían cambiado el número de teléfono.

En FM Del Mar contó que Caruso también utiliza su nombre para tramitar planes de ahorro para adquirir automóviles; que consiguió su nuevo teléfono y dirección y que le envía remises o deliverys, por ejemplo, que ella no solicitó.

Hay que recordar que cuando se le allanó su vivienda, la Policía le secuestró 10 teléfonos celulares, un CPU de computadora, pen drives, un adaptador USB, un disco rígido, una notebook, una tarjeta de memoria micro SD, una tablet; una cámara digital Sony; 28 DVD y 8 compactos relacionados con la causa.

“Yo lo único que quiero es vivir en paz, con mis hijos. Ya me tuve que mudar tres veces y esto no para. La Justicia me dice que son delitos nuevos; hoy llamé a los fiscales Martín Cárcamo y Laura Blanco y todavía no me contestaron”, añadió.

Caruso tiene 51 denuncias por desobediencia en el Juzgado de Familia “y todavía me sigue hostigando”. El hombre es denunciado por su expareja desde enero de 2019 por violencia de género. Así fue como logró que al menos esté hoy con arresto domiciliario y a 400 kilómetros de distancia.

Pero ahora Natalia necesita que también se le ponga coto al robo de identidad y a la “pornovenganza” de la que es objeto, ya que “consiguió fotos mías, íntimas, y se las manda a hombres haciéndose pasar por mí; luego hace capturas de chat y se las envía a las mujeres que me dicen de todo, aunque algunas entienden que soy otra víctima”.

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