Un dirigente todo terreno que pasó por el MX, el kárting y la monomarca R-12

Juan Carlos Kristiansen comenzó a correr en motos en los inicios de la década del 80 junto a su hermano Christian, y luego pasó a competir en kárting en el viejo kartódromo Raúl Andrés Vilariño. Invitado por un jefe de trabajo corrió el Desafío Fiesta en el autódromo General San Martín junto al TC en el 2005 y al año siguiente corrió toda la temporada en la monomarca Renault 12. En la actualidad es el presidente de la APaMoD, donde compite uno de sus hijos.

En la vida hay cosas que uno las hereda, y no es lo material precisamente. En la década del 60 el apellido Kristiansen estaba ligado al automovilismo, y era un apellido conocido en el viejo circuito de El Faro en kilómetro 8. Juan Carlos se destacaba en el ambiente de los fierros, y su hijo, actualmente presidente de APaMoD (Asociación Patagónica de Motociclismo Deportivo) heredó esa pasión por el ambiente “tuerca”. “Juanka” se subió por primera vez a una moto con diez años, acompañado por su hermano Christian, dos años menor, en el patio de la casa. Siempre con casco, era la orden de su padre, y a comienzos de la década del 80 se armó un grupo de amigos que salía a andar por los alrededores de Rada Tilly. “En el grupo de pibes con los que empezamos a salir al campo estaba Mariano Ponce, Renzo Mottino, Martín Acuña y los hermanos Mendizábal que ya no viven acá. Empezamos a salir al campo hasta que el papá de Mariano nos dijo que había una carrera en Caleta Olivia. Nos organizamos, y nos fuimos andando. En Rada Tilly sólo estaba un pequeño circuito que era una huella, lo que hoy es el circuito Jorge Alí Ambros, pero en esa época estaba alejadísimo de las casas. No molestábamos a nadie, y así comenzamos a correr. En el año 86 fue eso, y ahí empezamos a joder para hacernos un circuito en Rada Tilly. Hasta ese momento estaba el viejo circuito de barrio Industrial, por el camino que va al Círculo de Caza Mayor”, comentó Juan Carlos sobre sus inicios en dos ruedas.El motocross sirvió para unir el vínculo con su hermano Christian, y recuerda que iban hasta Caleta Olivia para entrenar en la moto, y más de una vez volvían sin luces por la ruta. “Pasábamos por el campo cuando llegábamos al puesto Ramón Santos así evitábamos el control. Mi vieja pensaba que andábamos en Rada Tilly”, apunta con una sonrisa. En el ambiente estuvo muchos años, hasta que se casó, pero la mayoría del tiempo acompañándolo a su hermano, quien fue después el que le regaló la moto a su hijo Viggo para que corra.El capítulo del kárting fue en el año 86 donde llegó casi por casualidad. Miriam Costilla le ofreció una máquina que pagó en cómodas cuotas, y sintió la adrenalina nuevamente al acelerar. En esa época estaban peleando el campeonato de la categoría Zanella 125cc en el viejo circuito Raúl Andrés Villariño los pilotos Francisco Matías con los hermanos Navarro. “Corrían los Fita (Juan Carlos y Horacio), y también Patricio Canario. Eduardo Bello recién comenzaba. Éramos un montón de viejos, hacíamos dos series y clasificaban diez de cada una. El resto al repechaje, y solo largaban cinco de ahí. Largaban 25 la final, y el resto afuera. Corría uno de los Torraca, y era impresionante esa época”, rememoró. En esa época compartía equipo con Jorge Lagos, el ‘Beto’ Silvi y les preparaba el kárting José “Palito” Iglesias.Reconoce que en su época no era el mejor, pero no desentonaba. El capítulo del kárting se desdobla en dos momentos. Primero corrió hasta el 94, y dejó un tiempo la actividad. Cerca del año 2000 alguien lo incentivó con los nuevos motores Parrilla, y comenzó otra vez. “Era impresionante acelerar eso para la época. Me volví loco. Trabajaba en casa de repuestos yo, y le terminé comprando el kárting a Pablo Arcioni. En la primera clasificación quedé adelante me acuerdo siempre, metí una buena vuelta. En la final pasé de largo en el curvón, no frene y salí para afuera contra el alambre”, apuntó.Kristiansen fue cambiando de trabajos, y en una visita del TC a Comodoro Rivadavia, el dueño de la empresa alquilo dos autos para el Desafío Fiesta. “Uno para su hijo Guillermo Bauger y uno para mí. Parecía un nene con chiche nuevo, y cuando me baje quería correr. Ahí me compre un R-12 a Juan Carlos Garrido y corrimos todo el año siguiente. Para ese desafío, me acuerdo que le pedí permiso al cuidador del autódromo Francisco que me deje girar con la Saveiro que tenía yo porque no conocía la pista. En el año que participé en la monomarca Renault 12 salió campeón Sergio Mertián, y estaban José Iglesias, Eduardo León, Daniel Urbieta, y ‘Comanche’ Barrientos entre otros”, admite.Después de la experiencia en los Renault 12 se alejó de la actividad hasta que comenzó a correr su hijo en el 2013, incentivado por su tío que le regaló una moto. En la actualidad está al frente de APaMoD (Asociación Patagónica de Motociclismo Deportivo) y es un desafío grande. Su hijo Viggo está peleando el campeonato de la categoría 85cc y es un trabajo a diario, y desgastante. Trabajar para dejar el circuito en condiciones, y los fines de semana de carreras compartir la actividad. No hay domingo de carreras en la que Juan Carlos confirme que hay cosas que se heredan, como acelerar en un circuito, por ejemplo.

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