Un error en la logística provocó la crisis en niños con trastorno autista

El proceso de inmunización estaba pactado comenzar a las 11 en la asociación Somos Azules de Comodoro Rivadavia, pero se retrasó más de media hora. Ansiedad, gritos, angustia y crisis vivieron las familias mientras esperaban la segunda dosis de Moderna.

Sabían que no era fácil. Su experiencia les hacía prever que se podía llegar a complicar en cualquier momento. Es por eso que Romina, su marido y su cuñado fueron con su hija para estar preparados para cualquier tipo de inconveniente. Llegaron a la asociación Somos Azules y la fila se extendía con más de 20 personas. El proceso de vacunación venía retrasado.

La colocación de la segunda dosis de Moderna comenzaría a las 11, pero por un error de logística los profesionales de la Salud llegaron más de media hora tarde. Cualquier persona pensará que la espera es mínima (teniendo en cuenta que hubo quienes esperaron más de 5 horas en el Gimnasio municipal 2) y que no puede generar mayores inconvenientes, pero en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) significa un gran problema. “Estamos hablando de personas con poca tolerancia a la espera”, explicó Romina a El Patagónico.

Cuando comenzaron a observar que la fila no avanzaba, la familia de Romina llevaba a la niña a recorrer la cuadra para entretenerla mientras otra persona hacía la fila. El problema se originó en los padres que asistieron solos al local de Ameghino y 13 de Diciembre y tuvieron que encontrar la manera de que sus hijos no sufrieran un ataque.

Romina consideró que si no hubieran estado su marido y su cuñado hubiera sido una tarea imposible. Es que entre los tres sostenían a la niña de 13 años para que la enfermera pudiera vacunarla sin que se rompiera la aguja. “Es una aventura porque es un grado de complejidad bastante grande. Hay mucha buena voluntad de las enfermeras, pero fue preocupante porque había mucha espera”, aseveró.

ESPERA CON CONSECUENCIAS

“Había una cola de más de media cuadra con nenes con distinto grado de serenidad en cuanto a que son autistas. Es una instancia de mucho estrés y se agudiza más”, destacó Romina.

El grupo de padres fue una buena herramienta. Cada vez que alguien salía de la sala de vacunación, daba el aviso de cuántas personas había en la fila, pero muchas familias se fueron por las crisis de sus hijos.

La hija de Romina tuvo un ataque de estrés que se suma a las molestias que puede llegar a ocasionar la vacuna. “Tuvo un ataque muy fuerte de angustia y me destrozó el teléfono celular que tenía; no puede controlarse. Se golpea la cabeza. Parece que estuviera tranquila, pero llega el momento donde pierde el control y esa adrenalina que tiene significa mucha fuerza. Siempre apelamos a la concientización con una logística que contemple esto. No queremos una ventaja, sino que buscamos aplacar el costado negativo de la espera en las personas que tienen TEA”, subrayó.

Un mal momento o una espera que puede ser insignificante para otros, para las familias con personas TEA significa estrés y mucha angustia por varios días, resaltó Romina.

“SE NECESITA MAS COORDINACION”

La campaña de vacunación en la asociación Somos Azules se llevó a cabo por una demanda que mantuvieron las ONG y organizaciones de padres de esta ciudad. Las familias sabían que no iban a poder esperar en los centros de vacunación, por lo que se comenzó a pedir un lugar destinado a las personas con TEA.

Para los padres, esto deja en evidencia la falta de coordinación desde el Area Programática Sur con las personas con morbilidades. “Siempre nos preocupó el Area Programática. Si bien siempre se ha tenido un vínculo con el área de Discapacidad y han estado a nuestra disposición, hay mucho que trabajar en la iniciativa de medidas”, subrayó Romina.

Un ejemplo característico tuvo lugar en el inicio de la pandemia, cuando consideraron que no se sintieron escuchados y las obras sociales cerraron sus oficinas, sin dar respuestas a las coberturas.

“La pandemia dejó a la vista toda la vulnerabilidad de aquellos que necesitan que se les presten los servicios y la atención debida. De hecho, la medida de vacunación fue una iniciativa de las familias que le pidieron a las autoridades que se inmunice a las personas con morbilidades”, destacó.

“Hubo una presentación de distintas ONG y grupos de padres para que se vacune y se pueda intentar llegar a hacer una vida normal. Hay muchos chicos que no pueden hablar; no pueden comunicarse y puede ser que se le manifieste algún síntoma. Pero no sabemos si es COVID o no y termina con una serie de complicaciones. Eso trae que se pierda los estímulos que estaban siendo avanzados por las áreas más complicadas en lo comunicacional, sociales, relaciones y adquisición de conductas que le permitan tener una mayor autonomía el día de mañana”, aseguró Romina.

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