Como la historia que aguijonea sobre la memoria, El Descamisado interpela, muestra e inquieta sobre una etapa violenta de la Argentina que vuelve constantemente para juzgar, reparar, devolver una identidad, pero lo hace lejos de una mirada melancólica, complaciente o sentenciosa.
Ricardo Grassi, que vive desde hace casi cuarenta años entre Roma y Afganistán, donde desarrolla su actividad como periodista, y fue el responsable de la publicación en sus 63 números, entre mayo del 73 y setiembre del 74, considera que "era el único que podía escribir este libro porque muchos hoy están muertos", en referencia a los 14 de los 40 integrantes de la publicación que murieron en los 70.
"Quería hacer un libro para contar una generación en un momento particular, especial. Como dijo un fotógrafo: nosotros somos normales, es la realidad que es extraordinaria, se impone, entonces el fotógrafo no puede no sacar esa foto porque se impone la realidad", sostuvo en una entrevista con Télam.
Y a partir de esa realidad, el libro -de editorial Sudamericana que lleva por título el nombre de la revista- cuenta las dudas, peligros, marchas y contramarchas que se planteaban hasta que cada número salía a la calle, y que en algún momento llegó a los 200 mil ejemplares.
"Elegí usar al Descamisado como una crónica muy particular y única de hechos que fueron centrales en ese período, que abarca el enfrentamiento creciente entre Perón y la estructura del peronismo, entonces esto es lo que da estructura al libro", explica de visita en Buenos Aires.
"Escribir el libro fue muy difícil, porque releer cómo mataron a los compañeros, y lo que ocurrió en la ex ESMA, era muy doloroso, vomitaba, lloraba, tenía pesadillas", confiesa al relatar el proceso de elaboración de la obra que le demandó cuatro años de trabajo.
"Si bien la revista está en formato digital, necesitaba tocarla, olerla, es increíble cómo con la materia te empezás a acordar de cada nota y del momento en que la escribiste", dice y cuenta que durante muchos años cargó los 63 ejemplares en un bolso arriba de los aviones para evitar que se perdieran con el equipaje, mientras se trasladaba por aeropuertos de Europa, Afganistán y Latinoamérica.
Para poder concretar el libro contó con el testimonio de "todos los que estuvieron, eso fue una fuente de anécdotas, muchas de las cuales son contadas a partir de esas entrevistas", recordó Grassi quien codirigió la revista junto a Dardo Cabo.
El libro, editado por Sudamericana, cuenta además los debates que dieron por resultado los números de esa publicación e incluye hitos que le dieron gran visibilidad como las dos entrevistas en Puerta de Hierro que el mismo Grassi le hizo a Perón en Madrid, el enfrentamiento en Ezeiza al llegar el líder del exilio, el asesinato de Rucci, la disidencia de los Montoneros con Perón y la ejecución de Aramburu, contada por Mario Firmenich, Norma Arrostito y uno de los militantes que el autor llama "El Otro", y que estuvo -según relata en el libro- junto a quienes lo mataron, en el sótano de una casa de la localidad bonaerense de Timote.
"Firmenich no nos contaba la tragedia de la venganza sino su triunfo. Lo hacía de un modo técnico, el suyo era un relato sin humanidad. Así lo escribí. La muerte, definitiva, sin regreso. El momento más extremo del que muere y del que mata, la sangre que uno pierde y en la que otros se bañan", escribe el autor.
-¿Cómo fue esa entrevista con Firmenich en la que describe cómo mataron a Aramburu?
- El testimonio de Firmenich se convirtió en la primera vez que se cuenta cómo alguien mata a otro. Fue un reportaje brutal, impresionante y elegí que sea frío sin agregado, y lo que quise hacer fue completarlo, porque Abal Medina no estaba solo. Siempre hay otra persona cuando vas a matar a alguien, entonces me puse a buscarlo para completar un reportaje. Intenté hablar con Firmenich, pero no me dio bola y apareció 'El Otro', que me contó quien realmente mató a Aramburu: no fue el tiro de Abal Medina sino el que lo remató fue Emilio Maza, que era tan jefe como Abal Medina: ("Tocó el cuerpo,dijo 'aún está vivo' y con su pistola 45 le tiró dos balazos en el cuerpo, verificó la muerte y se fue", apunta Grassi en el libro)
-¿Cómo lo recordás a Perón y cómo lo definirías a partir de las entrevistas que le hiciste?
- En términos personales como un señor muy cordial, nada zalamero , una persona que no quería que lo tocaran, al darle la mano era como que te alejaba, pero con una gran sentido del humor.
Después era un político que se encontró en la situación de tener que dirigir nuevamente el país, aunque supuestamente no quería porque estaba enfermo y sabía del costo administrativo de ser presidente, no tenía más ganas, pero se reveló con un proyecto muy determinado.
Pienso que tenía una personalidad que no admitía disidencias: si sos peronista estás con Perón y si no estás con Perón no sos peronista, esa era la síntesis. Después se murió y no hubo más posibilidades. Creo que por el otro lado la militancia no tuvo capacidad de articulación política: las armas no cuentan, cuenta el tiempo, la habilidad, las alianzas.
- ¿Qué pasó a partir del segundo reportaje en el que Perón manifestó su rechazo a la vía socialista?
- Fue un desconcierto total. Me dijo que su proyecto era la democracia integrada a la italiana, y que el socialismo era todo, el laborismo inglés, Mao: era todo y no era nada. El había avalado y hablado del socialismo nacional, yo estaba desconcertado.
Para la revista debí titular: "Perón abdjura del socialismo", pero no tenía la cancha periodística para separarlo del militante que era: yo no era de Montoneros, era de Descamisados.
Ahora con el correr de los años y para hacer el libro cito mucho sus discursos que eran muy claros sobre la posición de Perón respecto de Argentina, el mundo y América Latina y pienso que en aquel momento del lado que yo estaba, todo esto no se podía valorar.