Un libro recrea con fotografías, documentos y testimonios los alcances del Plan Cóndor

Por casi una década, Pina (Lisboa, 1980) viajó por Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay tras las huellas del horror vivido y de una operación militar que también contó con la anuencia del entonces secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, la ayuda de la CIA y la colaboración de ex-nazis.

El libro "Cóndor", de Joao Pina, registra con fotografías, documentos y testimonios de los sobrevivientes un plan militar secreto instaurado por las dictaduras de seis países latinoamericanos, que desde 1975 permitió la persecución y asesinato de unos 60.000 opositores políticos a través de escuadrones de la muerte.
"Los sospechosos eran detenidos, torturados y a menudo asesinados, sus cuerpos abandonados en lugares públicos para que sirviesen de advertencia a otros, o bien, a fin de crear otro tipo de terror existencial, se les 'hacía desaparecer'", apunta en la introducción el periodista Jon Lee Anderson, quien fue el primero en denunciar esta operación filtrada en 1979 por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos.
Publicado por Blume en 2014 llega ahora a la Argentina en una cuidada edición, cuando en noviembre se cumplen 40 años del Plan Cóndor y aunque se han producido avances en el juzgamiento de los responsables de esas atrocidades falta esclarecer gran cantidad de hechos que contaron con la complicidad de las dictaduras de la región en esa época.
Por casi una década, Pina (Lisboa, 1980) viajó por Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay tras las huellas del horror vivido y de una operación militar que también contó con la anuencia del entonces secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, la ayuda de la CIA y la colaboración de ex-nazis.
El fotógrafo recolectó imágenes tomadas en esos nueve años que figuran en archivos o fueron aportadas por colegas y medios que pudieron reflejar aunque sea de refilón las protestas, los cacheos, las detenciones, los cadáveres y los rostros de exiliados y sus testimonios, que arman con contundencia un relato silenciado por mucho tiempo.
A esta minuciosa investigación, se suman restos arqueológicos, un cráneo con impactos de bala, prendas encontradas en fosas comunes y el propio registro del fotógrafo -con su cámara Hasselblad- de casi un centenar de centros clandestinos, salas de torturas, sitios en los que los desaparecidos fueron vistos por última vez: una radiografía del horror que se va configurando de manera sistemática y sin prisa.
Entre los documentos incorporados al libro está el acta de fundación y otros del Archivo del Terror, encontrado en Paraguay en 1992, como la Primera Reunión de Trabajo de Inteligencia Nacional, que tuvo lugar en Santiago de Chile en 1975 y cuyo objetivo era la "coordinación eficaz" para el intercambio de informaciones entre las distintas dictaduras.

RELATOS CONMOVEDORES
Quizás todo este material cobra vida con el testimonio de los sobrevivientes, entrevistados por Pina, como las palabras de Taty Almeida, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, que reconstruye el itinerario de su hijo Alejandro, un estudiante de medicina, militante del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) que fue secuestrado por la Triple A.
Los uruguayos Alicia Cadenas y Ariel Soto fueron víctimas del Plan Cóndor en Buenos Aires cuando fueron secuestrados el 14 de julio de 1976 y los llevaron a Automotores Orletti. Allí los torturaron y diez días después los regresaron a su país en un vuelo clandestino junto a una veintena de compatriotas en iguales condiciones.
También hay testimonios, entre otros, del brasileño Josias "Jonas" Goncalves, de la uruguaya Anahit Aharoian, de los paraguayos Martín Almada y César Ramírez, de las chilenas "María" Gutiérrez y Sonia Mora Gutiérrez y de familiares de los desaparecidos de Calama, Chile.
"En el 2013 se inició en Argentina el juicio a algunos responsables del Plan Cóndor, hecho histórico en la aplicación de la Justicia trascendiendo las fronteras de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay", escribe el juez español Baltazar Garzón en el epílogo y lo considera "un hito regional en la lucha contra la impunidad".
Finalmente, el autor de "Cóndor" expresa su interés para que el libro "pueda servir como material para los grupos de supervivientes y organizaciones de defensa de los derechos humanos, ayudándoles en su largo camino para que comparezcan ante la justicia los responsables por tantos crímenes contra la humanidad".

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