Nadie puede imaginar instituciones que no se parezcan a quienes la conforman. Por ello, cuando criticamos a las instituciones deberíamos pensar que tales organismos son parte del lugar que habitamos y que construimos, a diario, desde el lugar que nos toca actuar. Nuestras instituciones son conformadas por individuos que la alimentan y le transmiten su impronta personal.
Existen instituciones privadas y públicas, claro está, que actúan dentro de las sociedades. Esto también puede verse en Comodoro Rivadavia, con un escenario de instituciones públicas y privadas que accionan nuestra economía y nuestro funcionamiento social.
ANALICEMOS UN CASO
En este escenario de instituciones públicas y privadas, en Comodoro bien vale mencionar un caso de una institución que no pertenece ni a la esfera pública ni privada, pero que tiene rasgos de ambos sectores.
Se trata de la Sociedad Cooperativa Popular Limitada (SCPL), una institución que sin ser netamente pública, actúa como si lo fuera. Y sin ser puramente privada, deja dividendos a quienes la administran, como si fuera una empresa.
A esta definición bien vale sumar que la SCPL, al ser la concesionaria de vitales servicios públicos, tiene una incidencia enorme en la ciudadanía y en el desarrollo de la población. A tal punto que estamos en presencia de una entidad que se mueve con un peso y una incidencia casi comparable en su funcionamiento con la misma Municipalidad.
Esta institución de fundamentos cooperativos hace bastante tiempo que perdió esa esencia para transformarse en una empresa que busca diversificarse, antes que ampliar y prestar con eficacia los servicios a la comunidad.
En su página web, la SCPL cuenta su historia y rememora: “En sus inicios el suministro de energía eléctrica era brindado por una empresa privada con costos muy altos. Esta situación dio lugar al nacimiento de esta Cooperativa, que hoy es una de las cinco más grandes de la República Argentina”.
La situación hoy en día es muy similar al momento que se describe. El servicio que brindan posee costos altísimos y la entidad se maneja como una empresa privada. Con sobresaltos económicos que seguramente saldrán a luz en corto tiempo. Con suspicacias económicas como retener el dinero del cuerpo de Bomberos Voluntarios de la ciudad que cada uno paga con la factura de luz mensualmente.
Extraña condición la de esta entidad: mientras en términos de negocios se administra como empresa privada, a la hora de dar respuestas y soluciones a la población, la demora y la burocratización la califican como un ente público de bajo rendimiento organizativo.
Es una institución que posee por un lado premura y es expeditiva para cerrar un proyecto para que muy pronto todos los socios puedan ver un servicio de TV por cable que no eligieron. Pero también se ha transformado en una organización aletargada para dar respuestas en materia de conexiones o ejecución de proyectos.
Muestra una imagen cooperativa, pero poco coopera; con lo cual se llega a una conclusión: de entidad cooperativa cada vez tiene menos. Y su sigla parece estar atravesando un proceso de mutación, en el cual el concepto “sociedad cooperativa” se pierde, para terminar siendo “corporativa” (de “corporación”: organización compuesta por personas que, como miembros de ella, la gobiernan).
MALAS INVERSIONES
Basta con ver los constantes ríos que provocan las bocas de tormenta de la red cloacal en diversos sectores de la ciudad para darse cuenta que la SCPL no ha renovado sus servicios. Y la verdad está a la vista. Y no podemos olvidar los frecuentes cortes de agua y de luz, como el prolongado de ayer a la mañana que provocó el malhumor de no pocos de sus asociados.
Ante estas señales cabe preguntarse: ¿hay inversión de parte de la SCPL en los servicios que debe garantizar a la población?
¿No hubiese sido más beneficioso para la ciudad que la SCPL invierta en mejorar sus servicios básicos antes que ingresar en la incorporación de nuevos y superfluos planes?
Telefonía e Internet no parecen ser servicios básicos y esenciales; nadie descarta su utilidad. ¿Cuántos teléfonos “Nuestro” están activos en la ciudad?
La realidad indica que la incorporación de tales servicios no ha sido exitosa para la “cooperativa”.
MAYOR CONTROL
Es necesario que la ciudadanía tenga mayor conocimiento de lo que realiza esta institución pseudo cooperativa.
Como beneficiarios de sus servicios, cada titular de un medidor es socio. En consecuencia, se hace primordial que tengamos una representación firme dentro del Consejo de Administración para que redunde en un mayor control a lo que se hace con el dinero de los socios, y mayor observancia sobre las decisiones, que hoy en día no favorecen a la ciudad.
Es importante renovar síndicos, sobre todo aquellos que tienen deseos de presidir la entidad en tiempos futuros, pero lejanos. Estos deben tener como misión un control exhaustivo sobre esta institución viciada de poder. Encender la luces amarillas cada vez que sea necesario, sino se transforma en cómplice de la toma de malas decisiones.
Es necesario que nuevas autoridades fijen mayor disciplina, por ejemplo, al momento de tercerizar obras adquiridas (como en el caso de obras del presupuesto participativo, concesionadas a la SCPL, y tercerizadas por ésta).
Idéntico control y fiscalización debe ejercerse en los contratos que la SCPL realiza con diferentes empresas proveedoras.
El control es necesario instalarlo en esta cooperativa que conformamos todos los socios, por el solo hecho de cumplir con parte de su Política Institucional que dice: “Esta Política Institucional requiere que los empleados actúen con honestidad e integridad en todos los aspectos…”.
Como un espejo en el que puedan reflejarse las instituciones comodorenses, nuestra ciudad se merece volver a tener una Cooperativa, efectivamente popular.