“El Yesero”, Luis Arnez Hidalgo, aún continúa prófugo de la Justicia federal y según se cree alcanzó a viajar a Bolivia antes de que se llevaran a cabo los allanamientos. Era el principal cabecilla de la banda de narcos que fue investigada en 2011 y a cuyos integrantes se les dictaron penas en octubre de 2014.
La causa se bautizó “Yeso Blanco” y es una de las más grandes que hayan sido instruidas en la historia de la Patagonia, dado que culminó con 21 personas condenadas a prisión efectiva.
Letra Roja da a conocer las distintas acepciones que utilizaban los narcos para no pisar en falso en las escuchas.
La causa nació a través de una declaración indagatoria en la Justicia federal en 2009, en donde un hombre delató a personas que traficaban estupefacientes y mantenían un vínculo ilícito con él.
De esa manera, el juez federal de Puerto Madryn, Hugo Sastre, mandó a profundizar esos dichos en investigaciones. Para verificar el delito, se intervinieron 12 números de teléfonos celulares de “el Yesero”; otros diez números relacionados con Eduardo Quiroga, que tenía seis alias (“Lalo”, “Palín”, “Juan”, “Viejo”, “el cordobés” y “el rengo”) y otros 16 números telefónicos relacionados con Andrés Sepúlveda, alias “Vicentico” o “Clavito”.
En total se intervinieron 126 números telefónicos que correspondían a 23 personas. Las llamadas se escucharon en la SIDE de Capital Federal. A todas se les imputó el delito de comercio de estupefacientes agravado por la intervención de tres o más personas organizadas para cometerlos, y en algunos casos el agravamiento por haberse cometido en inmediaciones de establecimientos educativos y de salud.
En la causa actuaron como fiscales Horacio Arranz y Fernando Gelvez. El juez que llevó adelante la investigación fue Sastre y en la calle trabajaron Fabián Millatruz y su gente. Millatruz es hoy el actual jefe de la Brigada de Investigaciones de Comodoro Rivadavia y en ese momento era jefe de la División Drogas de Puerto Madryn.
La droga, según se pudo establecer a lo largo de la pesquisa, era traída desde Bolivia a la villa 1.11.14 y de ahí salía en transporte terrestre hasta Puerto Madryn, donde los “punteros” se encargaban de distribuirla. La droga se enterraba en cercanías de una gruta del Gauchito Gil en proximidades de Aluar en Madryn y en otros lugares, para luego ser desenterrada y vendida.
La organización estaba conformada por 23 personas de las cuales se condenó a 21. Su principal cabecilla, Arnez Hidalgo, según las escuchas telefónicas había pensado hasta desembarcar en Comodoro Rivadavia. El “Yesero” quería extenderse hasta Caleta Olivia, pero la banda fue desbaratada antes de que se expandiese.
Con las intervenciones telefónicas y los seguimientos al “Yesero” se abrió un abanico de contactos. Se supo que tenía relación comercial con personas de nacionalidad boliviana y hasta con un ex policía.
Mientras que la Defensa Pública planteó la falta de requisitoria fiscal de instrucción porque entendía que el juez delegó en la policía la tarea investigativa que correspondía al fiscal, afectando la garantía de imparcialidad del magistrado que se transformó en un mero espectador de la pesquisa policial. Criticó las intervenciones telefónicas e indicó que la causa excedió el tiempo en el que debía ser instruida.
“QUECHUAÑOL”
En las escuchas había diálogos entre los investigados en lengua “quechua”. Por eso se debió designar a un traductor especial, un profesor universitario. Entraba en acción una vez que la mujer policía que escuchaba las conversaciones se percataba de que utilizaban esa lengua.
El traductor le dijo al tribunal que notó que los narcos usaban otros términos para referirse a la droga. No mencionaban las palabras droga o estupefacientes, y que los diálogos eran breves, “hacían alusiones sin nombrarla”, tales como “tizas”, “traéme” o pedidos de entrega. Al dialecto lo definió como “quechuañol”.
En la Argentina hay solo 8 traductores de quechua, pero no están oficializados ya que no se reconoce al quechua como idioma y de ese modo trabajan con el Consulado de Bolivia.
“Cuando dicen ‘es corta la madera’ en la jerga significa ‘está cortada la cocaína’. Cuando se refieren a escritos, pantalones y embolsar, aluden a las tizas que preparan, la más pura” explicó un investigador de la Policía Federal de Buenos Aires al tribunal en relación a esta causa.
El investigador lo que hacía era romper con esa encriptación que los narcos pretenden hacer cuando se pide faso o cocaína. Las comunicaciones se archivaron en 600 discos compactos. En las mismas se habla de “camperas”, “peluches”, “cristal”, “frazadas”; es decir el nombre que adquiría la droga.
En la causa aparecieron acepciones como “30 cervezas en una mochila” “amarros de madera”, “unita”, “una”, “costuras mojadas” (droga mojada), “auxilios”, “la de una pulgada” y “carne”.
Un subcomisario de la Policía Federal que trabajó en la causa declaró ante el tribunal que “había números para hacer transferencia por el dinero y quejas por la “costura”. Para los federales las vigilancias en la villa 1.11.14 eran dificultosas porque era un barrio agresivo y cualquier presencia de persona ajena era sospechosa.
A “Doña Bethi”, la que le enviaba la droga a Arnez Hidalgo, le secuestraron en su quiosco de la villa 18 envoltorios con hojas de coca. Ella con “el Yesero” el 20 de marzo de 2011 hablaron en quechua, pensando que nadie los entendería, pero los investigadores estaban un paso adelante.
EN LAS SOMBRAS
Entre lo más llamativo de esta investigación, se puede destacar que se hacían vigilancias dentro de un tanque de agua. Los pesquisas miraban a unos 150 metros a la distancia desde allí y registraban las entregas y los “pasamanos”. Incluso los policías contaron con la colaboración de un comerciante que los ayudó con la logística de vehículos para seguimientos.
Hasta la Sección Acústica Forense de la Policía Federal Argentina trabajó para confirmar que una voz de las escuchas era la de uno de los implicados. El delator había dado datos precisos, nombres y lugares.
El Yesero se movía en una Peugeot Partner que los policías comenzaron a seguir. En la organización, uno se encargaba de enterrar y desenterrar la droga, otros levantaban el pedido y repartían al “menudeo”. Algunas de las entregas se pactaban en la cancha de fútbol vieja del club Deportivo Madryn, la terminal de ómnibus, el cementerio, en estaciones de servicios o detrás del monumento “El Indio” en Madryn.
En una de las vigilancias, se observó cómo uno de los sospechosos al empezar a desenterrar la droga se percató de la presencia de dos cuatriciclos de la Policía. Abrió el capot simulando desperfectos mecánicos y cuando pasaron lo cerró. Volvió a su trabajo, desenterrar la droga. Pero lo que no se dio cuenta, era que lo estaban vigilando desde un auto encubierto.
Millatruz contó ante el tribunal que cuando comenzaron a buscar al Yesero fue gracioso porque no lo ubicaban y un día éste se presentó en la comisaría a hacer una exposición policial. De esa manera, lo siguieron y se lo vio con personas de nacionalidad boliviana y en reunión con los principales sospechosos.
A su número de teléfono lo levantaron de esa camioneta que Hidalgo tenía en venta. En la luneta había colocado su teléfono. Era el comienzo del éxito para los investigadores y el principio del fin para la organización.
La cosa estaba aceitada dentro de la organización. Ingresar y salir de la villa 1.1.14 era un ritual. Arnez Hildalgo disponía de toda una operación, que iba desde su ingreso en coche de alquiler hasta el regreso con custodia para salir de la villa. Lo metían y lo sacaban.
La droga se bajaba por transporte terrestre desde el Mercado Central de Buenos Aires, donde se introducía en un camión, en medio de una carga cualquiera y así llegaba a Puerto Madryn.
Para desbaratar a la banda, Millatruz primero dispuso un control en Arroyo Verde. Así se identificó el camión que iba en busca del cargamento y se individualizó al chofer. Toda esa información se entregó a investigaciones de la Policía Federal de Buenos Aires. Y estos grabaron en video cuando la droga se cargó. En los registros se observa cuando se realiza el traspaso al camión. Primero el camionero corrió la lona y la mochila que trajo una mujer -que aparentaba ser menor de edad- la metió entre las cajas de embalaje de mariscos. Eran en total 11 kilos de cocaína, distribuida en tizas.
El camionero, muy conocido en el Mercado Central, había buscado una carga para volver a Madryn. Dijo ante el tribunal que lo había hecho por necesidad.
El camión fue interceptado en la autopista Richieri, camino al aeropuerto de Ezeiza, frente al predio de AFA (Asociación del Fútbol Argentino). El operativo en ese momento con trascendencia nacional, fue destacado hasta por la propia ministra de Defensa, Nilda Garré.
CONDENADOS
El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, compuesto por Nora Cabrera de Monella, Enrique Guanziroli y Pedro José de Diego, con la asistencia del secretario Fernando De Luca, condenó en octubre a 21 de los imputados.
Como coautores penalmente responsables del delito de comercio de estupefacientes, agravado por la intervención de tres o más personas organizadas para cometerlo a “Doña” Bethi Coralí Vásquez Rodríguez (6 años de prisión), a Casimiro Ramos Reque (7 años de prisión), a Edgar Montaño Orellana (6 años y 4 meses de prisión), a Rubén Orellana Illianes (6 años de prisión) Brígida Illanes Olivera (6 años y 3 meses de prisión) Hugo Roberto Bais -ex policía- (7 años y 6 meses de prisión), a Sandro Orellana Quinteros (6 años de prisión), a Sandro Zárate Valencia (6 años de prisión), a Eduardo Baltazar Quiroga (7 años y 9 meses de prisión), a César Antonio Olmedo (7 años y 6 meses de prisión -declarándoselo reincidente por primera vez-), a Enrique Alejandro Schmidt (7 años y 6 meses de prisión), a Claudia Fabiana Méndez (6 años y 6 meses de prisión), a Claudio Germán Segundo (6 años de prisión), a Edith del Carmen Riquelme (6 años y 6 meses de prisión), a Héctor Alejandro Sepúlveda (6 años y 6 meses de prisión), a Joaquín Desiderio Sepúlveda (6 años y 6 meses de prisión), a Lisandro Patricio Sepúlveda (6 años y 6 meses de prisión), a Andrés Aníbal Sepúlveda (7 años y 8 meses de prisión).
A Javier Alejandro Villa como autor penalmente responsable del delito de transporte de estupefacientes, a la pena de 5 años de prisión. Como autor penalmente responsable del delito de comercio de estupefacientes, a Pedro Manuel Ojeda a 4 años de prisión.
Y a Ramón Rumualdo Carrizo como partícipe necesario del delito de transporte de estupefacientes, a la pena de 5 años y 6 meses de prisión y multa de cuatro mil pesos.
Fueron absueltos Sergio Daniel Hughes y a Fredy Vidal Olguera.