En Comodoro más de 300 productores demuestran que cultivar es posible

Según los datos parciales del Instituto Nacional de Tecnología Agroalimentaria en esta ciudad hay por los menos 300 productores agrícolas, quienes apuestan a la tierra como método de vida, en algunos casos a gran escala y otros para el autoabastecimiento. La mayoría se ubica en los sectores periurbanos y demuestran que en el área de costa patagónica también es posible vivir del cultivo.

Son las cinco de la tarde del miércoles. En Kilómetro 14, Doly recibe a un equipo de este diario con profunda alegría, y apenas cruza la barrera de su propiedad, donde todo es verde al contraste de la greda que rodea el exterior, muestra orgullosa su nuevo vivero, aquel que le prestó la gente de Comodoro Conocimiento en comodato.
Ella y su marido, Pedro, además de su hijo, Yamil, forman parte de los más de 300 productores agrícolas que tiene Comodoro Rivadavia, según datos parciales del INTA.
Apuestan a la tierra en un lugar donde abunda el petróleo y el trabajo industrial, además del viento y los días de frío que hacen pensar a muchos que es imposible vivir de los cultivos en esta zona.
Mediante su trabajo, con el único objetivo de poder tener un ingreso y sustentar sus alimentos, ellos demuestran lo contrario a fuerza de trabajo y sacrificio.
Así quienes visitan la chacra "Los Tamariscos", como decidieron bautizarla, se encuentran con plantaciones de lechuga, tomates, acelga, morrones, cebolla y zapallos. Además de cría de conejos, pollos, y producción de huevos de gallina y codorniz.
Según contó Pedro, está aventura de tierra negra y árboles de estación, comenzó en el año 2000 cuando decidieron comprar el terreno, luego que él se jubilara en Petroquímica, aquella empresa a la que ingresó unos años después de haber llegado desde La Rioja y de trabajar en Astra.
"Nosotros queríamos tener algo de verdura porque la gente del norte le gusta trabajar la tierra y en Palazzo teníamos un terreno chiquitito, pero me jubilé y algo tenía que hacer. Era como si tuviera un león encerrado en una jaula y decidimos comprar. Con esto me entretuve un poco y se me fue la furia del trabajo", contó entre risas sobre cómo empezó el emprendimiento.
Mientras habla, Doly lo mira con atención y continúa trabajando la tierra, hasta que decide intervenir. "Vinimos a ver si se podía hacer algo", dice con un claro acento catamarqueño que delata su origen.
"Entonces empezamos a probar de todas formas porque hay mucha greda acá, tierra dura y la planta no se desarrolla. Por eso ahora hemos hecho como biointensivo; tiene abono y es todo orgánico", sostiene, con ese particular tono que nunca se alejará de la tranquilidad y las risas, mientras continúa hurgando en sus plantas.
En aquel momento, Pedro y Doly no pensaban que ser productor podía ser rentable en esta ciudad, pero el tiempo los sorprendió. En esto, confiesan que fue fundamental la política que implementó Claudio Mosqueira con el programa Comodoro para Todos durante la gestión municipal de Martín Buzzi. También el trabajo que realiza ahora la Agencia Conocimiento, que los invitó al Mercado Comunitario de Kilómetro 5, donde se hicieron aún más conocidos. Y además el apoyo constante del INTA, que les lleva semillas y realiza cursos para los productores de la ciudad, tanto para aquellos que piensan a gran escala, como para quienes apuestan a su propio cultivo, con el deseo de alimentarse mejor y trabajar la tierra como un esparcimiento.

PLANTAR LA SEMILLA
Alfonso Beloqui, es el ingeniero agrónomo que está a cargo de la Agencia local del INTA. Antiguamente se desempeñaba en el sector de Pastizales naturales y Ganadería ovina, pero hace cinco meses le ofrecieron la titularidad de la agencia y no dudó.
Desde entonces tiene mayor contacto con los productores, tanto con los que trabajan a gran escala como Doly y Pedro, como con aquellos que quieren vender en pequeñas ferias o autoabastecerse, tendencia que crece principalmente con la producción hortícola y frutícola en lugares como el Cordón Forestal, Los Tres Pinos, Cañadón La Francesa, Las Leñas, Bella Vista Sur, Saavedra, y principalmente la zona norte, desde el barrio Gesta de Malvinas hasta Astra.
"Siempre viene gente a pedir semillas, en Comodoro se trabaja mucho la tierra. Incluso el Programa Prohuerta surgió de una necesidad alimentaria real", explicó Beloqui a El Patagónico en la oficina que el INTA tiene en la calle Pastor Schneider, al lado de la Sociedad Rural.
"La forma de alimentarse de la gente ha cambiado y uno tiene que adaptarse. Entonces cualquier persona de clase media que quiere tener su huerta o su plantita en casa con una maceta también viene a preguntar. Todo el tiempo viene gente por una planta, por un insecto, una enfermedad, con un interés concreto", agregó.
Más de 2.000 kits de semillas se entregan por año en esta ciudad y las inscripciones suelen ser masivas para los cursos que ofrecen en el INTA, los cuales abarcan desde riego por goteo hasta compuestos.
El objetivo es que aquellos que apuestan al verde puedan trabajar con mayor conocimiento y sostener sus propias plantaciones, ya sea por una necesidad alimentaria, un cambio de la conducta, criterio ambiental o por moda, algo que también se da en estas épocas, pero que no deja de ser positivo por la gran diversificación que da en la ciudad, consideró Beloqui.
"Encontrás de todo. Lo que es de carozo y de pepita por las condiciones que tiene la Patagonia de temperatura que permite el desarrollo de cereza, guinda, ciruelas, damascos, pera, manzana y membrillo", describió.
"Pero también en hortícola desde verdura de hojas hasta bajo tierra con zanahoria, rábano, cebolla y cultivos de verano, que quizás hay que intentar que lleguen, pero acelerando algunos procesos se puede tener tomate, maíz y hasta berenjena", detalla.
"Es cierto que alguno puede tener mayor cantidad de frutas o verduras, pero generalmente un productor suele tener varias producciones y en una misma unidad tiene cuatro o cinco plantaciones", explica, dejando una clara reflexión. "Se ha sembrado la Patagonia desde hace 100 años. Si naturalmente podés tener el aporte de un abono orgánico y conocimiento se puede. Hay gente que vive todo el año de su producción y en un lugar de 20 x 30. No es limitante estar en Comodoro para producir verdura".

MAPA PRODUCTIVO
Los especialistas consultados entienden que las corrientes migratorias han sido fundamentales en esta herencia de amor por la tierra, que ahora en pleno siglo XX, ante su expansión, impone la necesidad de conocer un poco más sobre cuál es la realidad de la ciudad.
Sabiendo esto, desde la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en 2011 presentaron un proyecto al INTA para relevar la producción que tiene Comodoro Rivadavia.
El trabajo tiene un doble objetivo, ya que también busca que los futuros egresados puedan interactuar con diferentes actores sociales e insertarse laboralmente, siendo nexos, asesores o investigadores que puedan resolver problemas de la vida cotidiana de la ciudad.
El mismo es ejecutado por la tecnicatura en Sistema de Información Geográfica y Teledetección, y constituye la práctica profesional de por lo menos cuatro estudiantes que hasta el momento han participado del proyecto: Sergio Santa Cruz, José Luis Borgach y Romina Musulín y Jennifer Epul.
Entre sus objetivos trata de establecer cuál es el espacio que se denomina periurbano, - transición entre lo urbano y lo rural - saber a que se dedican los productores, y tratar de colaborar en la implementación de políticas a favor de los productores.
El primero en comenzar el trabajo fue Santa Cruz, quien realizó un macro relevamiento preliminar sobre determinadas áreas, donde se entrevistó con quienes crían y cultivan. Al año siguiente por su amplio campo de estudio el proyecto fue retomado por Gorbach y Musulín, quienes continuaron ampliando la base de datos principalmente en la zona sur de la ciudad.
Así los estudiantes identificaron a 98 productores, quienes se dedican a la huerta, la cría de animales de granja y también de cerdos. También pudieron sacar algunas conclusiones preliminares, entre ellas que no todos viven en el lugar donde producen, que quienes tienen gallinas ponedoras generalmente también tienen huerta, y que los conejos no suelen ser uno de los animales preferidos para criar.
Por otro lado, también se sorprendieron con las condiciones sanitarias que tienen algunos criaderos de chanchos (ver recuadro), los problemas de abastecimiento y distribución de agua que denuncian y el interés que tienen los propios productores por saber cómo están distribuidos.
El trabajo no fue fácil y según recuerda Cristina Massera, titular de la cátedra de Práctica Profesional, los estudiantes se encontraron con distintas trabas. "La gente no le gusta entregar información sobre todo en cuestiones de producción. Lo primero que la gente se ataja es 'ustedes vienen de Senasa', tienen como un poco más de cuidado de quien es el que le está levantando la información y para qué va a servir eso", recordó.
Sin embargo, esto no impidió que Epul este año decida darle continuidad al proyecto, tratando de profundizar la investigación y apuntando a establecer los criterios para saber ¿qué es el periurbano y cómo se determina?, ¿qué tipo de productores hay y si están vinculados a alguna cooperativa?, siempre por supuesto guiada por los especialistas del INTA que imponen las variables y la base de datos en este trabajo interdisciplinario.
En su caso desde agosto está trabajando en la temática, utilizando la información que recolectaron quienes la antecedieron y avanzando también en la apicultura, principalmente en Kilómetro 14 donde se encuentran algunos referentes, y también en la cría de cerdos, temática en la que queda mucho por trabajar.
De esta forma, los protagonistas demuestran que en Comodoro Rivadavia se puede pensar en verde y aprovechar las bondades de la tierra. Quizás empezando con un planta en una maceta, un pequeño espacio para huerta en el patio, o un invernadero, como fue el caso de Doly y Pedro, quienes en diciembre esperan tener la cosecha de su nuevo invernáculo, muy diferente a aquel primer cobertizo fabricado con botellas de plástico que les dio sus primeros morrones, y que hoy le permite decir con orgullo: que tienen "todo lo que tiene una granja menos vacas", tal como afirmó Pedro, mientras esperaba la próxima visita.

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