Los trabajadores resisten el "desguace" de las turbinas en la legendaria usina de Km 5

Juan Domingo Lednej y Juan Carlos Varas, sindicalistas de Luz y Fuerza, ayer le mostraron a El Patagónico el "desguace" en el interior de la vieja Usina de Kilómetro 5 que después de la privatización de los 90 quedó abandonada. Ya se produjeron desguaces en 2007 y 2012. En los últimos días desarmaron cuatro turbinas y se llevaron cables de alta tensión. Los trabajadores sostienen que el cobre se vende para pagar una deuda de un juicio perdido por la administración de Taselli.

Los trabajadores de Centrales Térmicas Patagónicas cerraron ayer con candado el portón de la vieja Usina de Kilómetro 5. No permitían el paso de nadie ajeno a la empresa. Es que denuncian que el fin de semana llegaron "desguazadores" de Buenos Aires que se llevaron kilos y kilos de cobre de los sistemas de las turbinas de la década de 1920.
Los trabajadores ayer mostraron a El Patagónico los daños que se provocaron en un sistema de energía a vapor que llegó a ser el más importante de Sudamérica en las primeras décadas de actividad de YPF y que incluso le entregó sin cesar energía al Hospital Alvear.
"Los de la Facultad de Ingeniería (de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco) venían a ver cómo funcionaba esto, ni ellos entendían, esto es una maravilla, único en el mundo y lo estamos perdiendo", lamentó Juan Carlos Varas, uno de los trabajadores.
Muchos de ellos son románticos de la energía.
Juan Domingo Lednej, es secretario de la Seccional Presidente Ortíz de Luz y Fuerza. Lleva 40 años en la empresa. Ingresó en 1975. Incluso cuenta que un compañero trabaja en el lugar siguiendo el legado familiar porque su padre fue uno de los primeros trabajadores de la Usina.
Mientras tanto, Juan Carlos Varas repasa el funcionamiento de cada tablero de origen suizo y alemán como si fuese de memoria. Sabe la función de cada palanca. Y rememora que se podía medir la transferencia de energía en simultáneo con las plantas de Pico Truncado y las del norte de Chubut.
El mareógrafo todavía funciona. "Es a cuerda", explica y lo acciona. Todos hacen silencio para escuchar el movimiento que empiezan a producir los engranajes. Esa tecnología, hoy obsoleta, en sus inicios fue de punta a nivel mundial y está en Comodoro Rivadavia. Hoy no tiene mantenimiento. "Ese todavía funciona", advierte. Es un tablero que registra la actividad eléctrica que se suministra internamente a la planta.
"Ahí había un espejo de bronce en esas válvulas (de las turbinas), se las llevaron en 2007", cuenta otro trabajador. Es uno de los más jóvenes, de los que tienen miedo de que a raíz de la política de la empresa de "desguazar" las históricas turbinas de la Usina, luego sigan con el recorte de personal y se queden sin trabajo. Denuncian que hace dos años que no tienen aumento de sueldo, que cobran 7 mil pesos y otros 4 mil no remunerativos.
Ayer Lednej y Varas explicaron que la empresa solo aporta a la energía de esta ciudad de 6 a 10 MW -los otros 160 MW los proporciona Energía del Sur- pero que tienen maquinaria parada por falta de mantenimiento que podría entregar 80 MW. Incluso una de las máquinas que podía producir 20 MW también fue desguazada para sacar repuestos.
"Esta Central tenía 130 megas y hoy tiene 10 por falta de mantenimiento, entonces todos hablan, incluso los de cooperativa, y los intendentes, que no hay generación en Comodoro. Hay generación en Comodoro, nada más que no le exigen a la empresa que haga mantenimiento para tener las turbinas en marcha. Todos estos años no hicieron nada", denunciaron los sindicalistas.
"Hace dos años que no hay aumento. Hay deudas desde hace cuatro años. Hay alguien que está adentro del sindicato que también lo avala, para hacer todo esto", sostuvo Lednej frente al desguace de las turbinas.

LA VIDA EN LA USINA
El recorrido por la vieja Usina es maravilloso, digno de un recorrido histórico-turístico. Los trabajadores a cada paso rememoran anécdotas. Las válvulas de las turbinas que están en el subsuelo se encuentran desarmadas y la mitad de ellas oxidadas.
Según Lednej, varias décadas atrás la tapa de una de esas válvulas cayó encima de un operario y lo mató. La Usina es parte de sus vidas. El ladrillo calcáreo del edificio histórico adentro guarda mucho trabajo. Afuera la gente recuerda el chapuzón en la pileta olímpica de la empresa que servía de refrigeración de las turbinas. Hoy esas mismas bombas refrigeran con agua de mar una máquina adquirida en 2001. "Esa máquina dejó más de 12 millones de ganancia. Cuando dejó de producir la dejaron tirada", cuestionó Varas.
EL "DESGUACE"
Los "desguazadores" se han llevado cables de alta tensión de kilos y kilos de cobre que en Buenos Aires le pueden dejar "muy buena plata". En junio del 2012 Lednej ya había advertido a través de las páginas de este diario el vaciamiento de la empresa.
"Se están llevando todo, no quedó ni un gramo de cobre, vaciaron la empresa. Acá nadie dijo nada, ni el Gobierno provincial, que es accionista con el 40%". Hoy solo quedaron 25 trabajadores de una cartera de 105 empleados que tenía la compañía cuando se privatizó en la época menemista.
Los trabajadores presumen que la empresa vende el cobre para "pagar el juicio que perdieron con el proveedor de gas. Tiene deudas del 2010", relataron.
"El fin de semana estuvieron en Truncado en donde quisieron sacar cosas que incluso estaban en servicio. El antecedente es que en Sorrento (Rosario) quisieron hacer lo mismo. Y también la gente se opuso y los sacaron. No nos olvidemos que ellos (Taselli, los propietarios) también eran dueños de las concesiones del ferrocarril Roca, San Martín y Río Turbio, Alto Hornos Zapla", enumeraron los sindicalistas.
Hoy en la Usina de Kilómetro 5 los tableros de electricidad pueden remontar a una época en las que los operarios trabajaban bajo la sincronización sin lugar a errores. Orden y efectividad. En el edificio de vidrios rotos, hasta los ladrillos fueron saqueados. "Todo esto es cobre (barras de transporte de electricidad), todo esto es lo que se quieren llevar", además del cobre de las turbinas, advierte Varas en el acceso a una sala en donde nadie ingresa por el peligro que representa.

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