Adrián Llesona: "Huracán siempre fue mi lugar"

Nacido en Morón, llegó a préstamo desde Ferro Carril Oeste en 1978, donde atajó un año. Después de recorrer otras instituciones, volvió en 1984 y no se fue más de Comodoro Rivadavia. "Soy un hincha más y todos los domingos voy a ver al club de mis amores", asegura el "Loco", quien estuvo a punto de jugar dos Nacionales con los colores del "Globo" y se transformó en una de las leyendas de la institución.

A los 58 años, Adrián Joaquín Llesona se siente en plenitud por lo hecho y por su presente. Alejado desde hace rato de la actividad futbolística, el “Loco” le dedica tiempo a su familia, a su trabajo de hace muchos años y a ir a la cancha a ver al club de sus amores, Huracán. El exarquero tiene bien claro que en la vida hay etapas que se terminan, y el fútbol es una de ellas. Por eso, después de retirarse en 1999 tuvo un corto y singular paso por veteranos y, ya en su rol de director técnico, dejó de ejercer cuando lo creyó conveniente, sin forzar nada.

Llesona recibe a El Patagónico en la pinturería donde trabaja, en la calle Saavedra, e invita a pasar al “búnker” donde cuelgan cuadros, camisetas y dibujos de sus nietos.

Mientras seba unos mates y comienza la conversación, no le quita la atención a la puerta donde se puede observar si llega un cliente, como si se preparara para atajar un tiro libre.

“Ahora no hago nada”, dice, con gesto displicente, en referencia a lo deportivo. “Yo dirigí a Palazzo cuatro años, más o menos hasta el 2013, y dije ‘basta’, porque acá (en la pinturería) terminaba a las 8 (de la noche) y como loco me iba para allá, pero quedó un idilio muy lindo con Palazzo. Me fue bastante bien, porque no nos fuimos a la B e incluso clasificamos a un Argentino, pero el club no quiso intervenir”, remarca.

Así de abrupto fue el corte con la actividad como futbolista. “Me retiré en el ’99 (tenía 40 años) y en veteranos jugué seis partidos como delantero, de ‘9’, y metí siete u ocho goles”, asegura.

Eso le bastó para darse un gustito. “Ya el arco era demasiado sufrimiento. Quería hacer goles, porque cuando era chico jugaba de delantero en el barrio”, explica.

DEL “GALLITO” Y DEL “GLOBO”

Adrián Llesona nació en Morón, ciudad cabecera del partido homónimo de la provincia de Buenos Aires, y es hincha del Club Deportivo Morón, que actualmente participa en el torneo de la Primera B Nacional.

Sin embargo, el “Loco” -apodo que trae desde su niñez, por ser el centro de atención por sus bromas y buen humor-, nunca jugó en Morón, sino que se inició en Ferro Carril Oeste, donde hizo todas las inferiores y hasta llegó a ocupar un lugar en el banco de suplentes de la Primera. “De los 13 hasta los 19 años estuve en Ferro. Llegué a estar en el banco de Primera división, pero hasta ahí llegué”, resalta.

En 1978, Llesona arribó a Huracán de Comodoro Rivadavia a préstamo por un año, y en 1979 Ferro lo dejó libre. Después atajó en Unión de Zapala, Neuquén; Excursionistas; Almirante Brown y Pico Fútbol Club de La Pampa, para retornar a Huracán en 1984. En 1986 tuvo un paso por Estrella Norte de Caleta Olivia, más tarde jugó en Ferrocarril del Estado y volvió al “Globo”, donde se retiró a los 40 años.

Su carrera lo llevó a conocer muchos clubes y ciudades, pero en Comodoro Rivadavia, en Huracán, encontró su casa. “Realmente, Huracán siempre fue mi lugar porque me fui muy encariñado con la gente, con la ciudad. En el año 84 se dio que volviera al club. Ahí dije ‘este es mi lugar’, y acá estamos”, reconoce.

“Soy un hincha más y todos los domingos voy a ver al club de mis amores, sufriendo como sufre cualquier hincha, y disfrutando las alegrías que son las que reaniman para ir el otro fin de semana”, asegura.

LA MEJOR DESPEDIDA Y LO QUE EL FUTBOL DEJA

El “Loco” Llesona es reconocido como uno de los mejores arqueros de su época en la región, pero también por su honestidad en cada paso de la vida.

Un ejemplo de ello es cuando se le consulta sobre si le costó dejar el puesto. “Dejé porque había dos arqueros muy buenos, como el ‘Chavo’ Mesa y el ‘Cabezón’ Acosta. Eran buenos arqueros y dije, ‘no, yo me voy a la mierda, hasta acá llegaste, loco’”, sentencia.

Lo más lindo para Adrián, es que ese último partido fue “el partido”, nada más y nada menos que con una victoria sobre el archirrival de Huracán. “Me despedí ganándole un clásico a Newbery 1 a 0, en cancha de Roca. La mejor despedida, ganarle al clásico rival”, enfatiza.

En cuanto a los sinsabores, evoca las caídas en Regionales ante Los Andes en semifinales y Cipolletti en la final, cuando Huracán buscaba clasificar nuevamente al Nacional después de los gloriosos ’70. “Siempre nos faltaron dos mangos para llegar, pero siempre dimos todo”, sentencia.

Sin embargo, no se aferra al pasado, porque a cada momento hace referencia a las “etapas” que se cumplen en todos los niveles de la existencia.

En ese sentido, señala: “El fútbol fue una gran parte de mi vida. Muchos se ríen, porque yo digo ‘dejé de jugar al fútbol y ahora soy pinturero’. Todo tiene su etapa en la vida”.

Por lo tanto, considera que lo más importante es lo que uno deja. “Hay que tratar de dejar una impresión buena, más que nada como persona, más allá de lo que hacés. En el fútbol, cuando dirigís, tenés que dejar en los chicos una buena imagen tuya, y cuando jugás, tenés que ser buen compañero”, explica.

Ahí se le vienen a la cabeza los rivales de su época, con quienes hoy tiene el gusto de saludarse cuando se los cruza. “Lo lindo del fútbol de aquellos años, es que quedó una relación muy linda con Delio Carrizo, el ‘Pato’ Macías, Angel Samienta, que jugaban en Petroquímica, o de Newbery con Marcos León, ‘Pimpino’ Henríquez, con el ‘Pica’ Miranda, que fue compañero mío en Huracán”, rememora. Y para cerrar, Adrián Llesona reflexiona: “En definitiva, el fútbol es un paso en la vida, como un trabajo. Imaginate si nos hubiéramos llevado mal. Hoy sería una vergüenza cruzarte con un muchacho y no saludarlo porque fuiste rival dentro de una cancha”.

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