El jueves 22 de enero a las 19 horas se inaugurará en el Centro Cultural de Rada Tilly la octava edición de Bien del Sur, una exposición colectiva que, con el paso del tiempo, trascendió el formato de muestra para consolidarse como un movimiento artístico autogestivo con fuerte arraigo territorial. La entrada será libre y gratuita.
A lo largo de sus ocho ediciones, Bien del Sur fue creciendo de manera sostenida, tanto en convocatoria como en impacto dentro de la escena artística regional. “El aprendizaje ha sido mutuo y constante. Es increíble observar las ganas de los artistas sureños de crear en comunidad”, destaca Martina Acevedo, una de las organizadoras del proyecto. Cada edición permitió, además, ampliar los espacios de exhibición y fortalecer redes: “Cada exposición nos permitió expandir, edición tras edición, nuevos espacios de visibilización para el arte del territorio”.
En esta nueva edición, el eje conceptual central es el territorio, entendido desde una perspectiva amplia. “El arte patagónico se encuentra en diálogo permanente con su entorno, y las condiciones geográficas, climáticas y culturales de nuestra tierra han moldeado profundamente nuestras vivencias y formas de creación”, explica Acevedo. En ese sentido, el territorio no aparece únicamente como un espacio físico: “Muchas veces aparece de manera abstracta, emocional o simbólica, atravesando las obras desde la memoria, la identidad y la experiencia de habitar el sur”.
La identidad de Bien del Sur está estrechamente ligada a su carácter autogestivo. “Bien del Sur se consolida como un movimiento artístico autogestivo creado y sostenido por artistas”, señalan desde la organización. Bajo esa premisa, el proyecto articula esfuerzos con espacios culturales institucionales, tradicionales y alternativos que comparten los mismos valores, sin perder la autonomía en la toma de decisiones curatoriales y conceptuales.
La selección de los artistas que integran cada edición se realiza a través de una convocatoria abierta. “Buscamos ser lo más inclusivos posible”, explica Acevedo, y aclara que si bien se prioriza a artistas de la Patagonia, este criterio “no funciona como algo excluyente”. El foco está puesto en obras que dialoguen con la contemporaneidad regional y cuenten con un eje conceptual sólido. “La trayectoria no es determinante: Bien del Sur también se propone como un espacio de apertura para artistas emergentes o personas que nunca hayan expuesto”.
Otro rasgo distintivo del proyecto es el trabajo colectivo, que se extiende incluso al montaje de la muestra. “Funciona como un espacio de intercambio y aprendizaje colectivo, donde los y las artistas participamos activamente en el montaje de las obras”, subraya Acevedo. Esa cercanía fortalece los vínculos y permite “tejer redes dentro de la escena artística patagónica, generando comunidad y visibilidad desde el propio territorio”.
El acompañamiento a artistas jóvenes y emergentes es otro de los pilares del proyecto. Desde la organización explican que el trabajo se sostiene “desde la motivación y el acompañamiento constante”, fomentando que las nuevas generaciones comprendan su producción artística “no como una práctica aislada o un hobby solitario, sino como un valor colectivo con capacidad de generar identidad y pertenencia”.
El vínculo con el público también ocupa un lugar central. “Buscamos generar un vínculo cercano entre los artistas y el público, donde la obra funcione como un puente de reconocimiento e identificación”, señalan. En ese cruce, la experiencia de la muestra interpela “desde lo emocional, lo cultural y lo identitario”, reforzando el sentido de pertenencia.
El impacto cultural y social del proyecto se refleja especialmente en la presencialidad. “En un contexto donde lo digital predomina, alcanzar convocatorias tan numerosas en cada inauguración y sostener luego un flujo constante de visitantes superó ampliamente nuestras expectativas”. Año tras año, nuevos artistas se acercan con propuestas potentes y un fuerte deseo de formar parte, lo que confirma que Bien del Sur “se ha convertido en un espacio real de pertenencia y visibilización para los artistas del territorio”.
La formación y el intercambio de saberes atraviesan toda la experiencia. “Cada exposición es una experiencia colectiva donde se aprende del otro: de los procesos, de las trayectorias, de las miradas y de las formas de habitar el territorio”, explica Agustina Vázquez, otra de las organizadoras. Para ella, el valor del proyecto reside en lo compartido: “Creemos profundamente en el valor de lo colectivo, en compartir experiencias y en construir desde el intercambio”.
De cara al futuro, el mensaje hacia artistas, público y colaboradores es claro. “Queremos que sientan que este es un espacio propio, un refugio, una casa simbólica del sur donde el encuentro, la identidad y el trabajo colectivo son fundamentales”.
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Curaduría: @st.juaq
Flyer: @zoeurrutia
LA MIRADA CURATORIAL: PERMANENCIA, PROFESIONALIZACION Y CONSTRUCCION DE ESCENA
Desde la sexta edición, la curaduría de Bien del Sur incorporó una nueva capa de reflexión y profesionalización al proyecto. Joaquín Sánchez Trabol, curador y gestor cultural formado en artes visuales y curaduría, señala que uno de los valores centrales del ciclo es su continuidad en el tiempo. “Lo más rico que tiene Bien del Sur es la permanencia, la persistencia y la resistencia desde una escena lejana como la patagónica”, y subraya que esa constancia garantiza algo clave para los artistas: un espacio real de exhibición.
Según explica, el proyecto nació “desde una necesidad, desde una urgencia postpandemia de poder exhibir, de poder mostrar”, y logró sostenerse a partir de esa demanda genuina. “Uno se motiva a producir porque tiene un espacio garantizado de exposición. Eso también es un ejercicio de plantarse en su decir, en su expresar, desde las expresiones visuales sureñas”.
Para el curador, la octava edición no introduce un quiebre estético, sino un salto cualitativo en términos de organización y madurez del proyecto. “Esta nueva particularidad no tiene que ver con la estética, tiene que ver con la profesionalización de las prácticas”. En ese proceso, destaca la confianza construida a lo largo de los años, tanto de las instituciones que acompañan como de los propios artistas, que continúan apostando al ciclo para presentar sus obras.
La identidad de Bien del Sur, desde la mirada curatorial, excede la idea de circulación. “No es solo un lugar para mostrar obra: es un espacio de legitimación”, explica Sánchez Trabol. Un ámbito que ofrece a artistas emergentes una primera experiencia profesional de exhibición, con criterios curatoriales, textos, montaje, difusión y presencia en prensa. “Eso engrosa la trayectoria de los artistas y les permite presentarse luego en otros espacios con una base más sólida”.
La autogestión aparece como un eje estructural del proyecto. “No tenemos otro dispositivo que no sea la autogestión: nosotros montamos, seleccionamos, difundimos, planteamos el eje temático y gestionamos la producción”, enumera. En ese sentido, remarca que el sostenimiento del ciclo depende del trabajo activo de cada integrante: “Si alguien no hace, el proyecto se cae. La autogestión pasa por el hacer”.
Desde la curaduría, el proceso de selección se apoya en una definición conceptual previa que enmarca cada edición. “No es una definición estética cerrada, sino más bien temática”, aclara. A partir de ese marco flexible, las obras seleccionadas dialogan entre sí y tensionan el concepto desde distintas perspectivas. “Cada obra profundiza o conceptualiza de manera distinta, y ahí se construye el relato de la muestra”.
El vínculo con los artistas se construye desde el diálogo y la honestidad. “La curaduría es un diálogo constante entre las obras y los artistas”, señala, y destaca que las decisiones nunca responden a caprichos ni a lógicas de divismo. “Somos honestos al decir que somos autogestivos y que tenemos límites. No somos un museo ni una gran institución, pero buscamos que las obras se expongan de la mejor manera posible con los recursos disponibles”.
En relación con el público, Sánchez Trabol subraya una dimensión educativa que atraviesa al proyecto desde sus inicios. “El público que visita Bien del Sur no necesariamente sabe de arte, y tampoco pretendemos que sea así”. La muestra se concibe como un espacio de encuentro, donde el fenómeno artístico funciona como excusa para generar vínculos, reconocimiento e identificación, especialmente entre quienes comparten un imaginario y una experiencia territorial común.
El impacto cultural y social del proyecto, aunque difícil de medir en términos cuantitativos, se percibe con claridad en la comunidad artística. “Garantizar una primera exposición casi profesional cambia la trayectoria de un artista”. A eso se suma el fortalecimiento de los vínculos entre pares: “Cuando los artistas se encuentran, producen más, mejor, y la escena se vuelve más sólida”.
La formación y el intercambio de saberes ocupan también un lugar central. “Hay gente que monta por primera vez con nosotros. Enfrentarse a esa instancia es formación pura”, explica. El aprendizaje se da en la práctica: en el montaje, en la escritura de textos, en el diálogo conceptual y en la resolución de problemas técnicos. “Uno puede leer mil veces cómo montar una obra, pero aprende cuando lo hace”.
De cara a cada nueva edición, el desafío se renueva. “Ser flexibles, adaptables y resolutivos es clave”, señala el curador, y reconoce que cada muestra implica incertidumbres propias. Sin embargo, el motor sigue siendo el mismo: sostener un espacio colectivo que permita que el arte del sur circule, se profesionalice y continúe construyendo identidad.
“El peor escenario es la muestra que no se hace”.
EL CUERPO, EL AGUA Y LA FANTASIA: LA OBRA DE MAILEN SOL ABDALA
Desde una práctica atravesada por el cuerpo, la presencia y el territorio, Mailen Sol Abdala forma parte de la octava edición de Bien del Sur con una obra que pone en primer plano el vínculo sensible entre paisaje, identidad y experiencia corporal. Nacida en Esquel, la artista desarrolla su trabajo principalmente en el cruce entre las artes escénicas y el lenguaje audiovisual, explorando la potencia expresiva del cuerpo como punto de partida.
“Me desenvuelvo principalmente en las artes escénicas y performáticas, entrenando, explorando y componiendo material desde el cuerpo”. Para Abdala, tanto el teatro como la danza son “lenguajes vivos” que permiten crear desde un estado de presencia plena, donde el cuerpo no solo actúa, sino que investiga y construye sentido. En los últimos años, ese trabajo corporal comenzó a dialogar con el dispositivo audiovisual, ampliando las posibilidades narrativas y perceptivas de su obra. “La temporalidad cambia, entran otros factores en juego, y eso me divierte: el trabajo sobre la imagen, las capas que se pueden generar, las realidades y fantasías que puedo compartir”.
Su producción actual está atravesada por múltiples intereses. Por un lado, una exploración vinculada a lo nocturno, la energía erótica y la sensualidad como fuerza vital. “Me interesa el eros como cualidad humana universal, proporcionadora de disfrute, liberación y expansión”. En ese marco, el brillo, la luz y los materiales adquieren un rol central, tanto en lo simbólico como en lo físico.
Por otro lado, el territorio aparece como núcleo persistente de su obra. “Toda la vida me encontré fantaseando ficciones en los paisajes en los que me crié: las montañas, los bosques, el lago”. Esa relación íntima con el entorno se profundizó en los últimos años, impulsada por la necesidad de poner en valor la Patagonia no solo como recurso material, sino también como patrimonio simbólico. “Crear Agua, fantasía eterna es mi manera de defender la riqueza de nuestro territorio y de relucir la belleza e importancia de nuestra increíble comarca”.
La obra que presenta en Bien del Sur fue filmada en el lago Futalaufquen, dentro del Parque Nacional Los Alerces, y establece un diálogo directo con el contexto patagónico. “Creo que cualquier persona que disfrute de la Patagonia puede conectar con las imágenes y con la valoración del territorio que se observa en la obra”.
La elección de postularse a la convocatoria estuvo directamente vinculada al eje conceptual de esta edición. “Buscaban obras que hablaran sobre el territorio o que estuvieran hechas en él, y sentí que era una muy buena plataforma para compartir este material”. El proceso de selección, señala, también implicó una instancia reflexiva: “Te invita a escribir sobre tu obra, a armar una pequeña carpeta, y eso siempre suma”.
Más que buscar una reacción específica en el público, Abdala aspira a generar una experiencia emocional. “Me gustaría que algo del universo que presento dispare emoción. Que se pregunten por el agua y su vínculo con ella”. En un contexto atravesado por los incendios en la comarca andina, esa pregunta adquiere una potencia particular: “Que la obra hable del agua en este contexto es muy fuerte, y me pregunto qué provocará en la gente”.
Como artista independiente, reconoce que uno de los principales desafíos es el sostén material de la práctica. “Encontrar el equilibrio entre producir, vivir y sostener otros trabajos no es fácil. Ser artista independiente latinoamericana no es fácil”. A eso se suma la exigencia de trabajar con el propio cuerpo: “Hay momentos en los que una no está del todo bien, y hay que encontrar la manera de seguir poniéndolo. Escucharte y avanzar es todo un arte en sí”.
La autogestión atraviesa toda su trayectoria. “Creo que toda mi vida es autogestión, como la de la mayoría de los artistas”. Para Abdala, no se trata solo de producir obra, sino de aprender a gestionarla, crear redes y construir plataformas de circulación. “El arte sucede en colectivo. La grupalidad es fundamental y la autogestión necesita de la red”.
En ese sentido, valora especialmente los espacios colectivos como Bien del Sur. “Descentralizar de Capital Federal ya me parece bárbaro. Poder compartir lo que hacemos en la zona y conocer a otros colegas del sur es fundamental”, destaca. El intercambio con otros artistas, afirma, transforma la práctica: “Nos nutre, nos estimula, nos humaniza y nos ayuda a entendernos mejor como artistas”.
De cara a esta edición, sus expectativas son simples y claras: “Pasarla bien, conocer artistas de la provincia y ver en qué exploraciones están”. A futuro, le interesa seguir profundizando en “la luz, el reflejo, lo espejado y el movimiento de los cuerpos en el agua”.
Finalmente, define su participación en Bien del Sur desde un lugar afectivo y político a la vez. “Me da orgullo y emoción ser parte de un movimiento creado por y para artistas”, afirma. “Si el arte no se comparte, creo que pierde sentido”.
MEMORIA, TERRITORIO Y RELATOS PERSISTENTES: LA OBRA DE SANTIAGO KAMERBEEK
Desde la narración escrita y gráfica, Santiago Kamerbeek integra la octava edición de Bien del Sur con una obra que indaga en la memoria colectiva, el paso del tiempo y las huellas que persisten —o se borran— en el entramado social del sur. A los 42 años, el artista desarrolla una práctica centrada en la construcción de relatos, tanto en soportes analógicos como digitales, donde lo fantástico se filtra en lo cotidiano.
“Me dedico sobre todo a la narración escrita y gráfica”, explica Kamerbeek, y define su interés actual en torno a “la permanencia del pasado, la nostalgia, el tiempo, recordar y olvidar, lo fantástico en lo cotidiano, la individualidad dentro del conjunto y la muerte”. Ejes que atraviesan su producción y se articulan en proyectos donde la memoria aparece como un territorio en disputa.
El vínculo con el sur es estructural en su obra. “Todo lo que narro, de manera escrita o gráfica, está de una u otra manera relacionado con mi entorno”, afirma. En sus relatos emergen la comunidad extractiva, el pasado inmigrante de la ciudad, la ausencia de políticas de conservación histórica y la tensión permanente entre la meseta y el avance del cemento. “Ese enfrentamiento con el ‘desierto’ desde lo urbano está presente en mis cuentos y proyectos narrativos”, señala.
En esta edición de Bien del Sur, Kamerbeek presenta Los que vuelven, un proyecto que viene desarrollando desde hace varios años y que encontró en la muestra un marco propicio para dialogar con otras producciones ancladas en lo local. “Pensé que sería bueno encuadrar Los que vienen en una muestra compuesta por artistas dedicados a lo local”, explica sobre su decisión de postularse a la convocatoria.
El proceso implicó un desafío particular: adaptar una obra pensada originalmente para el papel y el espacio físico a un nuevo entorno expositivo. “Tuve que pensar cómo cambiar el formato de algo que siempre estuvo impreso o pegado en paredes y pasarlo a un soporte y un contexto diferentes".
Más que provocar una lectura cerrada, su trabajo busca interpelar al espectador desde la experiencia personal y colectiva. “Me interesa que la gente se pregunte por aquellos que desaparecen de la memoria porque ya no hay nadie que los recuerde”, afirma. En ese ejercicio, la obra invita a pensar cómo funciona la memoria colectiva y de qué manera el olvido incide en el presente. “Cómo el olvido nos juega en contra”".
Como artista independiente, Kamerbeek identifica limitaciones concretas en el desarrollo de su práctica. “Sobre todo la financiación y el tiempo”. Docente de profesión, aclara que todos sus proyectos creativos son autogestionados: “No vivo de lo que hago a nivel creativo, y mis proyectos están 100% financiados con mi sueldo como docente”. Esa realidad condiciona los ritmos de producción y obliga a postergar ideas que requieren mayor dedicación o recursos.
En ese contexto, los espacios colectivos adquieren un valor central. “Me parecen cada vez más necesarios en los tiempos que corren”, afirma sobre Bien del Sur. Para el artista, la construcción colectiva es una respuesta directa al cierre de espacios culturales: “Hace falta mover el arte de forma colectiva; ningún artista se salva solo en la era de la negación”.
El intercambio con otros artistas aparece como un motor de transformación de su propia práctica. “Suelo trabajar mucho solo, y es en la mirada del otro donde encuentro formas de destrabar lo que hago”, explica. “Una palabra, un ojo ajeno, pueden encontrar el camino escondido”.
De cara a su participación en esta edición, Kamerbeek espera ampliar el alcance de su obra. “Espero conocer otros artistas y formatos, y que mi trabajo resuene en ámbitos en los que no estoy presente”, señala. A futuro, planea profundizar Los que vuelven, tanto ampliando el registro de historias como proyectando una muestra propia que le permita desarrollar el proyecto en mayor escala.
Finalmente, define su incorporación a Bien del Sur como un gesto de concreción. “Es la consolidación de una idea que, en la vorágine del día a día, siempre queda en palabras”.
PINTAR DESDE LA PAUSA: TERRITORIO, IDENTIDAD Y RESISTENCIA EN LA OBRA DE KEILA GALVEZ
Desde una práctica pictórica sostenida en el tiempo lento y la observación sensible, Keila Gálvez integra la octava edición de Bien del Sur con una obra que reflexiona sobre el territorio patagónico, la identidad y las formas de resistencia que se construyen desde la quietud. A los 27 años, la artista desarrolla su trabajo principalmente en la pintura, utilizando acrílico sobre tela y fibrofacil, y abordando cada obra como un proceso abierto.
“Trabajo desde una pintura de proceso, donde conviven la observación, la intuición y el tiempo lento”, explica Gálvez. En su práctica, la imagen no se impone de manera inmediata, sino que se construye a partir de capas, pausas y retomadas. Ese modo de hacer se vincula directamente con el entorno que habita: “Me interesa construir imágenes que surgen de un vínculo sensible con el territorio”.
En su producción actual, el territorio aparece atravesado por una figura recurrente: el guanaco. “Trabajo con el guanaco como símbolo del sur, de lo silvestre y de la persistencia frente a contextos adversos”. La relación entre el animal, el paisaje y la cría se convierte en una metáfora de procesos vitales más amplios, donde el cuidado, la transmisión y el habitar otro tiempo —alejado de la lógica de la productividad constante— adquieren centralidad.
El diálogo con la Patagonia es directo y afectivo. “El paisaje abierto y el clima hostil influyen en una pintura donde el silencio, la espera y la contemplación son centrales”, afirma la artista. En ese marco, el guanaco se consolida como una figura identitaria, profundamente ligada a la experiencia de habitar el sur y a la construcción de una sensibilidad situada.
La decisión de postularse a la convocatoria de Bien del Sur estuvo vinculada a esa forma de trabajo. “Me motivó la posibilidad de participar de un espacio que valora las producciones situadas en el sur y los procesos reales”. Para Gálvez, el proyecto funciona como un impulso para sostener la producción artística incluso en momentos atravesados por pausas, bloqueos o procrastinación. “Bien del Sur acompaña mis tiempos de creación”, resume.
La obra seleccionada para esta edición condensa una línea central de su práctica actual. “Surge de un proceso con tiempos irregulares, pausas y retomadas”, señala, y destaca que la imagen de los guanacos funciona como síntesis de una manera de habitar y sostener, incluso desde la quietud.
Más que provocar una reacción inmediata, su trabajo propone una experiencia de desaceleración. “Busco que el público se permita una pausa”, afirma. La pintura invita a una experiencia contemplativa y a una conexión sensible con el paisaje y los ritmos de la naturaleza, habilitando preguntas sobre la relación entre territorio y tiempo.
Como artista independiente, Gálvez reconoce que uno de los principales desafíos es sostener la continuidad de la producción en un contexto de precariedad económica y exigencia de rendimiento. “La procrastinación aparece como parte de estos procesos, y el desafío está en transformar esos tiempos de pausa en parte activa del trabajo creativo”.
La autogestión ocupa un lugar central en su recorrido. “Desde la producción hasta la participación en exposiciones, gestiono mis propios procesos y espacios”. Si bien exige constancia, ese modo de trabajo le permite tomar decisiones acordes a su forma de crear y sostener una práctica independiente.
En ese camino, los espacios colectivos adquieren un valor fundamental. “Son lugares que generan redes, intercambio y acompañamiento entre artistas”, afirma. Sobre Bien del Sur, destaca su lógica colectiva y horizontal, y expresa su gratitud por formar parte de un movimiento que visibiliza producciones situadas y construye comunidad desde el sur.
De cara a esta edición, Gálvez espera que la experiencia le permita crecer, aprender y generar vínculos. A futuro, le interesa seguir profundizando en la relación entre territorio, identidad y pintura, así como explorar nuevas escalas y formatos que amplíen el alcance de su obra.
Finalmente, define su participación en Bien del Sur como una experiencia de pertenencia. “Es integrar una comunidad que acompaña los procesos reales de creación, con sus tiempos, dificultades y búsquedas”.
CAOS, AEROSOL Y PERTENENCIA: LA PINTURA DE BOGDY DESDE LA CRUDEZ PATAGÓNICA
Desde una práctica pictórica atravesada por el gesto, el desorden y la materialidad del aerosol, Bogdy participa de la octava edición de Bien del Sur con una obra que pone en primer plano el proceso como lenguaje y la identidad patagónica como territorio sensible. Su trabajo se mueve entre la pintura y el muralismo, con una estética marcada por la asimetría, la intensidad cromática y el contacto directo con el material.
“Mi práctica actual la describo como caótica, en el buen sentido de la palabra”. En ese caos encuentra una forma de equilibrio: “Me da mucha paz cuando soy uno con la pintura, cuando me mancho las manos, la ropa y cuando me encuentro con el desorden”. La obra se construye desde ese estado, donde el proceso importa tanto como el resultado. “Al final de cada obra todo esto encuentra su lugar, y esa niebla disipándose me da mucha satisfacción”.
El aerosol ocupa un lugar central en su producción, tanto por sus cualidades formales como por su potencia expresiva. “Es una herramienta súper rica para poder expresarse y que tiene mucho para dar”. En su trabajo, los colores vivos y las escalas completas de uno o varios tonos permiten construir degradés, sombras y luces con mayor cuerpo, dotando a las imágenes de una energía particular. “Eso hace que las ideas que quiero plasmar en una pared o en un lienzo tengan mucho más vida”.
La decisión de postularse a esta edición de Bien del Sur estuvo vinculada a la necesidad de dar un nuevo marco a su práctica. “Nació por la iniciativa de querer darle más seriedad a mi trabajo”, especialmente en un contexto donde el uso del aerosol suele quedar relegado fuera de los espacios expositivos tradicionales. En ese camino, reconoce el impulso recibido por parte de Martina Acevedo, a quien agradece por acompañar y fortalecer el proceso.
En relación con el público, su obra propone una experiencia directa y contagiosa. “Me gusta que la gente se sorprenda y que se motive a sacar su lado artístico”. La frescura del material y la intensidad del color funcionan como disparadores de una conexión inmediata, capaz de despertar curiosidad y deseo de crear.
El lugar del arte emergente y de los espacios colectivos aparece como una dimensión clave dentro de su mirada. “Hoy en día muchos chicos y chicas quieren crear y escapar un poco de los trabajos y oficios convencionales”. En ese contexto, proyectos como Bien del Sur habilitan otras posibilidades: “Estos espacios generan la conciencia de que también se puede vivir del arte, que se puede contribuir a la sociedad desde otro lugar”.
La experiencia personal se inscribe dentro de una realidad compartida por muchos artistas. “Hay muchos artistas como yo que laburan y dedican su tiempo libre al arte”. Desde ese cruce entre trabajo, creación y deseo, los espacios colectivos se vuelven necesarios tanto para el desarrollo cultural como para pensar el arte como sustento de vida.
De cara a su participación en esta edición, las expectativas se abren hacia lo colectivo y lo lúdico. “Que surjan cosas nuevas, laburos, colaboraciones con otros artistas. Dar a conocer mi trabajo y, por sobre todas las cosas, divertirme y disfrutar del proceso”.
A futuro, el interés se desplaza hacia el cruce con lo digital. “Me gustaría profundizar en el diseño digital y en la creación de dibujos animados”, con especial atención en las expresiones faciales, el movimiento de los personajes y su vínculo con el entorno.
Ser parte de Bien del Sur aparece, finalmente, como una experiencia de pertenencia profunda. “Me hace sentir parte de un grupo súper arraigado a la esencia patagónica”. Criado en Comodoro Rivadavia, reconoce en el proyecto una posibilidad de representar aquello que atraviesa al territorio: “El clima hostil, la soledad, la crudeza de la sociedad”.
Tejer desde el sur: autogestión, redes y comunidad en la mirada de Juana Rollan
TEJER DESDE EL SUR: AUTOGESTION, REDES Y COMUNIDAD EN LA MIRADA DE JUANA ROLLAN
La participación de Juana Rollan en la octava edición de Bien del Sur se inscribe en una concepción del arte atravesada por la construcción colectiva, el arraigo territorial y la práctica cotidiana de la autogestión. Su mirada pone el foco no solo en las obras que integran la muestra, sino en los modos de hacer que permiten que el proyecto exista y se sostenga en el tiempo.
En ese entramado, la autogestión aparece como una forma de habitar. “Es una práctica cotidiana de compromiso, arraigo y cooperación, una forma de hacer que honra y sostiene las redes que tejemos para seguir creando juntxs”. Más que una herramienta operativa, se trata de una raíz desde la cual el colectivo crece y se mantiene vivo. “En el sur, donde el territorio marca los tiempos y las formas, autogestionarnos es una manera de habitar: decidir desde lo cercano, desde lo que conocemos, amamos y cuidamos”.
El funcionamiento del colectivo se apoya en una lógica horizontal, basada en la distribución de responsabilidades y en la escucha mutua. “Es organizarnos sin perder el vínculo, compartir responsabilidades, aprender a escucharnos y a sostenernos en lo común”. En ese ejercicio, la cooperación se vuelve un gesto político y afectivo, especialmente en un contexto geográfico donde las distancias y las condiciones materiales imponen desafíos constantes.
La construcción de redes entre artistas jóvenes y emergentes del sur ocupa un lugar central en su perspectiva. Ese trabajo se origina en el encuentro directo y en la cercanía territorial. “La construcción de redes y el intercambio nace del encuentro y de la cercanía”, y reconoce al sur como un espacio diverso, atravesado por historias, geografías y realidades compartidas.
Desde allí, el colectivo impulsa instancias donde el diálogo y el acompañamiento son posibles. “Trabajamos generando espacios donde la colaboración y el intercambio de saberes, experiencias y procesos puedan darse”. Las redes no se conciben como estructuras rígidas, sino como “tramas vivas”, que se fortalecen con el tiempo a través de encuentros, muestras, conversaciones y cruces entre prácticas.
El vínculo con el público también se piensa desde una dimensión sensible. La exposición busca funcionar como un espacio de encuentro, donde artistas y visitantes compartan una experiencia común. Para quienes habitan el sur, ese lazo se construye desde la identificación. “Reconocerse en los paisajes, en los gestos, en las preguntas y en las memorias que atraviesan las obras”, describe, y agrega que la muestra puede operar como “un espejo posible, donde lo propio aparece nombrado y compartido”.
Para quienes llegan desde otros territorios, la experiencia propone otro tipo de acercamiento. “El vínculo se abre desde el conocimiento y la escucha”. La exposición invita a mirar otras geografías y formas de habitar sin exotización, desde el respeto y la curiosidad. En ambos casos, el objetivo se mantiene: habilitar preguntas, generar diálogo y tender puentes entre experiencias, territorios y personas.
EL AUTORRETRATO COMO TERRITORIO EN LA OBRA DE MUNI
Desde una práctica que cruza el autorretrato fotográfico con la instalación, el objeto y el video, Marianela Muñiz participa de la octava edición de Bien del Sur con una obra que indaga en la construcción del yo, la intimidad expuesta y los lenguajes visuales propios de la cultura digital contemporánea. Su trabajo se apoya en la puesta en escena del cuerpo y en la creación de ficciones visuales que dialogan directamente con las lógicas de las redes sociales.
“Trabajo desde la construcción de ficciones visuales, utilizando lenguajes vinculados a las redes sociales y a la cultura digital”. La imagen aparece pensada como experiencia más que como representación, y cada obra se adapta al contexto expositivo en el que circula. “Me interesa explorar distintos dispositivos para que la obra se transforme según el espacio donde se muestra”.
En su producción actual, la pregunta por la imagen se articula con una reflexión crítica sobre la exposición y el deseo. “Nada de lo que se exhibe es ingenuo: toda imagen responde a una necesidad de ser vista, reconocida o querida”. La obra se sitúa en ese punto incómodo donde lo íntimo se vuelve público y la validación externa opera como motor y conflicto.
El territorio también atraviesa su práctica, tanto desde lo simbólico como desde lo material. “Vivir y producir desde el sur atraviesa mi práctica desde lo logístico, pero también desde una mirada situada”. Los tiempos, las distancias y las formas de vinculación propias de la Patagonia inciden en su manera de producir y circular obra. En ese sentido, la participación en Bien del Sur habilita un retorno: “Me interesaba que Lifestyle vuelva al territorio donde fue creado y que siga circulando desde ahí”.
El proyecto que presenta en esta edición se desarrolla desde 2023 y continúa en expansión. “La obra se fue definiendo a partir de su propio recorrido y de las distintas instancias de exhibición que atravesó”. Ese carácter abierto permite que el trabajo se resignifique cada vez que entra en contacto con nuevos contextos y públicos.
La experiencia que propone al espectador no busca comodidad. “Me interesa generar una experiencia incómoda pero cercana”. La obra invita a cuestionar el consumo de imágenes, las formas de mostrarse y los mecanismos de validación que atraviesan la vida cotidiana. “Que el público se reconozca en esas escenas y se pregunte por su propia relación con las redes”.
El desarrollo de su práctica independiente convive con desafíos constantes. “Aprender a convivir entre la gestión y la práctica artística sin que una colapse a la otra es uno de los grandes desafíos”. A eso se suma la dimensión económica y la necesidad de sostener proyectos a largo plazo en un contexto de urgencias laborales.
La autogestión ocupa un lugar central en su recorrido, aunque no se vive en soledad. “La autogestión no es hacerlo todo sola, sino saber con quién construir”. En ese camino, destaca el trabajo conjunto con otros profesionales y artistas, entendiendo la producción como un proceso colectivo y colaborativo.
Los espacios de encuentro y exhibición aparecen como plataformas fundamentales. “Desde el inicio se genera comunidad: hay intercambio, acompañamiento y vínculos que se construyen incluso antes de conocerse en persona”. Bien del Sur se presenta, en ese sentido, como una excusa para viajar, encontrarse y ampliar horizontes.
El intercambio con otros artistas transforma la obra en movimiento. “Que la obra viaje y sea vista por públicos diversos modifica inevitablemente la forma en que sigo produciendo”, señala. Cada nueva instancia de circulación abre preguntas, desplaza sentidos y reactiva el proceso creativo.
De cara a esta edición, la expectativa se apoya en la sorpresa. “Nunca se sabe qué puede pasar cuando una obra entra en contacto con nuevos contextos y miradas”. A futuro, el interés continúa en la exploración de nuevas materialidades, mientras Lifestyle sigue su recorrido, acompañado por una reflexión constante sobre la imagen, el deseo y la necesidad de vínculo.
Ser parte de Bien del Sur se vive como una experiencia de impulso y pertenencia. “Me da orgullo, me estimula y me hace sentir contenida”.