Víctor "Cococho" Godoi es rápido de mente. Hoy con la madurez de sus casi 42 años es poco probable que se lo pueda "joder" a la hora de hacer números, aunque le pasó en su época de boxeador. Llegó a ser campeón mundial supermosca de la OMB, tuvo "malos manejadores", pero aprendió. Y aprendió bien, en especial que la lucha continúa debajo de un cuadrilátero.
Por eso triunfó, pero esa "gloria" vino después de retirarse del pugilismo, cuando cobró su primer sueldo -1.400 pesos mensuales o 1.400 dólares de la época- como empleado recolector de basura en Clear, en el año 2001, cuando el país atravesaba una de sus peores crisis institucionales.
De aquella noche, 7 de noviembre de 1998, en el Socios Fundadores cuando consiguió el título mundial supermosca de la Organización Mundial de Boxeo, donde venció en fallo dividido al mexicano Pedro Morquecho, Godoi recuerda casi todo. En especial cómo vivió ese momento de la consagración que todo púgil persigue.
"Vos sabés que la misma tecnología ha crecido mucho. Y tengo en el WhatsApp el vídeo con el cual me coroné campeón mundial", cuenta a El Patagónico.
Las crónicas sobre aquella noche histórica para la Patagonia sostienen que debería haber sido el azteca quien tendría que haberse quedado con la corona vacante. Que Godoi fue sinónimo de entrega y voluntad ante un rival que tuvo un mejor desempeño en el cuadritálero.
"Sí, siempre me acuerdo. La verdad que nunca subí al ring pensando que le podía ganar al otro. Mi pensamiento siempre era sobre cómo iba a hacer la pelea. Que me salgan bien las cosas. Que no me peguen mucho, porque las piñas de la otra persona te van a doler igual, que no me agarre mal parado, que sea rápido. Uno siempre pensaba eso. Y a cada asalto uno iba viendo cómo se iba poniendo el rival, con qué mano pegaba más fuerte. Así uno sabía esquivarle. Y pegarle lo más fuerte para que termine todo rápido. Por ejemplo si era a diez rounds, uno deseaba que al cuarto finalice", sostiene desde el fondo de uno de sus multirrubros llamado "Cococho; va como piña", en la calle La Prensa.
En todos los rounds quería meter una mano y noquear a Morquecho. A la vez veía en los ojos del rival la desesperación. Y sabía que iba a pegar más fuerte por esa desesperación de que se le iba la pelea, buscando el golpe salvador para él.
"Yo siempre subí a querer ganarle y destruirlo. Sabía que el mexicano me respetaba mucho. Y en cada asalto yo iba al frente para acosarlo, a pesar de que yo tenía mala defensa y él era más estilista. Lo mío era atropellarlo y atropellarlo y poder meterle una mano de lleno para el nocaut", describe.
Pero la definición llegaría recién en las tarjetas, donde la localía jugo a favor del chico nacido en el barrio José Fuchs.
"Yo pensé que ganaba él, por cómo fue la pelea. Pero al jugar de local uno contaba con un punto más a su favor del lado de los jueces. Mi mejor arma era en la corta distancia al hígado, con cualquier mano. En la vida yo siempre digo que quiero trabajar e invertir el dinero, no guardármela. Luego disfrutar, porque el hambre de gloria sigue. Yo creo que eso se termina cuando uno se muere", apuesta el único campeón mundial de boxeo que dio la tierra de los vientos.
Han pasado casi 20 años de esa noche de gloria, pero en la memoria de "Cococho" está tan fresca como si hubiese ocurrido ayer. "Yo en el 98 era un tipo conocido, que tenía una buena trayectoria y que era campeón mundial. Lo cual me acuerdo era lindo porque fui el único que le dio a Comodoro Rivadavia un título mundial. Y yo estoy contento porque hay mucha gente en Comodoro y en otras provincias que hablan muy bien de mí y me relacionan con mi ciudad. Eso es algo que me pone muy contento. Eso me genera un orgullo hacía sí mismo porque creo que el boxeo es un trabajo serio, profesional. Y llegué a la meta que todo boxeador quiere: ser campeón mundial, algo que pocos logran. Y yo fui uno de ellos", se enorgullece.
Acerca de que si el deporte le sirvió para la vida y cómo hizo para no caer en el ocaso como otros boxeadores luego de su retiro, Godoi reflexiona: "yo creo que lo que más sirve es formar una familia, hacer bien las cosas. Siempre uno en la vida nace y empieza a luchar y trabajar. Y yo sigo trabajando. Gracias a Dios me ha ido bien. Tengo dos fondos de comercio, empleados muy buenos que se les paga bien y nunca faltan".
"Y siempre la idea es seguir trabajando para el día de mañana llegar a cierta edad salir a pasear y disfrutar la vida. Es cierto, yo siempre veo que la mayoría de los boxeadores terminan mal. Podés hacer una buena carrera, o ganar mucho dinero. Pero si no lo sabés invertir es lo mismo que la nada. El boxeo y el deporte es un trabajo y lo poco o mucho que ganes tenés que invertirlo. Después te queda la vida para seguir trabajando y viviendo de lo que sea", subraya.
VA COMO PIÑA
"Yo creo mucho en Dios, y creo que me ayudó a entrar en Higiene Urbana donde estoy a punto de cumplir 17 años de servicio. Y ya con eso fui guardando la plata, nunca la tiré, puse un negocio (multirrubro, ahora tiene dos). Lo bueno es que uno se proyecta para el día de mañana donde uno espera disfrutar con tranquilidad. El 31 de marzo cumplo 42. Mi propuesta es darle fuerte hasta los 50 años y luego de eso vivir, paseando", imagina su retiro de la vida laboral.
En la actualidad, Godoi no está en pareja ni tiene hijos, vive en la casa que su padre le dejó a la familia, donde también alquilan departamentos. Su madre (Nilda Cayún de 73 años) es la que está siempre a su lado.
"Cococho" reconoce que le costó no tener delirios de grandeza, en especial cuando el recuento en las tarjetas de la vida no jugaba a su favor. "Fue una etapa que me costó. Yo entré en Urbana cuando se llamaba Clear en 2001. Y yo en enero de ese año era popular. Y de repente andaba corriendo atrás de un camión juntando basura. Y cuando llegábamos a los puntos de acopio de basura la gente decía 'es Cococho'. Y a mí me daba vergüenza que la gente me viera juntando basura. Porque si bien es un laburo digno, la gente sabe que en el boxeo tuve gente que no me cuidó e hicieron negocios conmigo. Y a mí me costaba mucho ir a juntar basura. Pero cuando vi mi primer sueldo (1.400 pesos) me dije 'me quedó acá', si ganaba mucho más que en el boxeo", dimensiona.
"Ya había tomado la decisión de retirarme a los 28 años. Antes de eso estuve nueve meses con el gobierno radical en 'Plan Trabajar'. Y primero me dolía mucho, porque yo había representado a la ciudad y cuando necesité, el Estado no me dio una mano. Y eso que representé al país en México y en Alemania. Por eso cuando veía que los radicales no me ayudaban, fui a ver a otro político y me hizo entrar a Clear. Porque con el plan 'Trabajar' sentía que cuando era campeón todos querían una foto conmigo. Y luego no me atendían en ningún lado. Por eso cambié ser contratado de forestación municipal para pasar a limpieza en un año jodido para la Argentina", rememora.
En la actualidad el campeón ya no corre detrás del camión recolector, se dedica a recorrer los bulevares de la ciudad con un camión regador, de la sección 'parques y paseos' de Urbana.
Víctor "Cococho" Godoi nació el 31 de mayo de 1975. Debutó como profesional el 13 de octubre de 1995, con un triunfo por nocáut en el primer round ante Pedro Chiguay. "Yo creo que en el deporte me fue bien. Logré tres títulos. Se hablan un montón de cosas de mí y no me importan. Yo vivo de mi trabajo y mis negocios. Mi meta es tener una cantidad de capital para que a los 50 años no labure más", insiste. "El año que viene me voy a Cancún a pasear. Antes salía del país pero a competir, por deporte. Yo cuando empecé a boxear quería que ese deporte me diera un kiosco, me diera un capital para vivir. Y nada de eso pasó porque tuve malos manejadores de mi carrera. Y laburando en una empresa lo logré. Creo que ese es mi mayor logro", reitera.
- 23 febrero 2017