Cuando vivir cerca de los boliches no es una fiesta

Habitantes de La Loma, donde funcionan Ele y Gigante, manifestaron su malestar por los inconvenientes que genera la apertura de boliches bailables durante los fines de semana y feriados. Coincidieron en que las peleas, los daños a los vehículos y las personas en estado de ebriedad son una constante. A la vez, criticaron al municipio, policía y a los propietarios de los locales por no brindar garantías en seguridad. Mientras, desde el Hospital Regional aseguran que durante los fines de semana los heridos en riñas se multiplican.

Todos los viernes, Fátima tiene una rutina: levantarse temprano, hacer las compras y limpiar el frente de su casa para acostarse antes de las 22 con la esperanza de poder dormir tranquila. Es que la mujer de 65 años, cada fin de semana debe soportar el ruido y movimiento que generan los locales nocturnos que se encuentran en La Loma, epicentro de la noche joven comodorense.
Fátima vivió toda su vida en la zona de Rawson al 1.500 y en diálogo con El Patagónico asegura que no recuerda un fin de semana en paz en los últimos diez años. Resignada afirma sin titubear que los inconvenientes o disturbios no tienen horario y se pueden generar antes o después que los locales de este tipo cierran sus puertas. Por ordenanza debe ser a las 6.
"Acá pasa de todo; un día te despertás y te encontrás a un pibe desmayado en tu puerta. No sabés si esta drogado o apuñalado porque hasta sangre he llegado a limpiar en la vereda" dijo la vecina, acostumbrada a la cotidianidad con que suceden diferentes tipos de hecho.
Fátima solo detiene su relato cuando recuerda que cada mañana de sábado debe volver a barrer su vereda, pero vuelve a su narración cuando recuerda los episodios de violencia que ocurren al frente de su casa.
"Los pibes salen muy borrachos de allá (los boliches). Algunos pasan por acá casi desmayándose y ahí es cuando comienzan las peleas. No solo los varones, las mujeres se dan sin lastimas y eso es lo feo. Pero una ya está curada de espanto; trata de hacer que no pasa nada, como los políticos", explicó.
Fátima asegura que su vida es distinta los sábados, domingos y feriados por temor a "encontrarse con personas borrachas" o con algo peor.
"Yo esos días hasta al mediodía no salgo a la calle. Me levanto temprano porque ya estoy acostumbrada pero no abro la puerta. Mirá si por ahí me encuentro un muerto y tengo que ir a declarar. Ya bastante tiempo me hacen perder cuando están borrachos", criticó.
Lo que le toca vivir a esta mujer jubilada, se hace eco en el reclamo de otros vecinos que viven más cerca de los boliches bailables de La Loma. Muchos tienen miedo de hablar cuando este diario les consulta sobre la situación que se vive los fines de semana. Otros, en cambio, dicen estar cansados por la falta de respuestas de las autoridades.
Marcos, que pidió reservar su identidad, cuestionó que los controles policiales solo se extienden en la cuadra de los locales y el resto de los habitantes "están a la buena de Dios", consideró.
"Yo tengo dos nenes chiquitos y tengo miedo porque los pibes salen resacados. Consumen y consumen. No hay un parate. Yo el sábado salgo a laburar a las 6 y los veo con merca o botellas en la mano. Muchas veces preferí llegar tarde al laburo porque tengo miedo que quieran meterse adentro de la casa y pase una locura", admitió.
El habitante del sector descree que la situación pueda mejorar y culpa "a la irresponsabilidad política".
"No puede ser que todos los fin de semanas veas a los pibes a las corridas por la (calle) Saavedra o la Alvear y nadie haga nada. Esto no cambia porque hay plata de por medio", criticó.

ROTURAS DE VEHICULOS Y SEXO EN LA CALLE
Los vecinos del sector coincidieron en que los hechos de violencia se repiten los días que abren los boliches bailables, donde las pelas con golpe de puños y corridas son una constante.
En este sentido, la directora del Hospital Regional, Myriám Monasterolo, explicó que según las estadísticas del nosocomio, los casos por violencia en la guardia del centro asistencial se multiplican sobre todo entre viernes y domingo. Sin embargo, advirtió que estos hechos no se pueden vincular directamente a los boliches bailables porque a veces también se generan riñas en reuniones familiares.
Lo cierto es que lesiones de arma blanca o arma de fuego, como también casos de traumatismo craneal o lesiones en el rostro son los casos que más atiende la guardia durante los fines de semana. Aunque a comparación de lo que sucedía otros años, disminuyeron los ingresos por coma etílico.
Otros de los inconvenientes que tienen los vecinos que viven en los alrededor de la zona bailable de La Loma –donde se encuentran los boliches Gigante y Ele- son las roturas de vehículos. Raúl que habita en Saavedra al 1.100, recordó que en los últimos dos meses tres veces le rompieron los vidrios a su vehículo.
"Dejar el auto afuera es un peligro. Los vagos bajan del cerro un toque mamados y cuando llegan al boliche se descontrolan. Suben gateando y haciéndose los malos. Se nota que no ganan nada adentro y se desquitan con lo primero que ven", señaló.
El vecino incluso fue testigo directo de los disturbios que se generan en el sector y una mañana tuvo que llevar al hospital a un joven que se desvanecía por los golpes recibidos en una pelea. "Yo salí un lunes a laburar que era feriado, y cuando abrí la puerta, lo vi tirado con la remera toda rota y la cara desfigurada. Le faltaban las zapatillas, se nota que se las robaron. No lo pensé y lo llevé al hospital. ¿Qué iba a hacer? No lo podía dejar que se muera", señaló.
Las escenas de sexo en la vía pública es otra problemática frecuentes de la zona bailable, principalmente en los pasajes que caracterizan a ese sector de La Loma. Muchos de esos espacios son usados a modo de hotel transitorio durante los fines de semana, dijeron los vecinos.
La problemática no es nueva. En febrero El Patagónico ya publicó las quejas de los habitantes del pasaje Fournier, ubicado en Saavedra al 700, quienes exponían que los fines de semana, las drogas, el sexo y las peleas se adueñaban del sector.
En los últimos días, este diario volvió a acercarse a ese pasaje para ver si la situación había cambiado, pero las respuestas fueron las mismas.
"El control de la policía sigue siendo el mismo. No dan abasto. Los pibes se drogan acá y esto es prácticamente es un telo para ellos. Mientras nosotros no podemos dormir porque la puerta está pegada a la calle prácticamente", se quejó una vecina.
"Acá los pibes hacen lo que quieren porque nadie hace nada. Un día va a pasar algo grave y van a salir los mismos de siempre a lavarse las manos. Lo que falta son más policías y controles porque no puede ser que en una cuadra no se generen quilombos pero pasando el boliche sea un descontrol", manifestó otro residente del sector.

PELIGROS DE LA NOCHE
Tal como dijo el vecino, la droga es un problema y la noche parece ser el momento propicio para su consumo. Los habitantes del sector aseguran que en determinadas calles hay venta de venta de estupefacientes y que en algunos locales su comercialización cuenta con la complicidad de los dueños.
"Los pibes salen muy locos de adentro. En la noche vos podés ver cómo merquean antes de entrar al boliche y seguramente continuarán adentro. La droga pega muy fuerte acá en Comodoro y lo podés ver en la noche", dijo Pedro, que vive en San Martín y Viamonte.
Augusto, vecino de Alem al 900, por su parte, criticó al municipio, a la policía y a los propietarios de los boliches por no tomar los resguardos pertinentes para brindar seguridad en la zona. Y dijo: "nosotros nos hemos juntado a hablar con la policía pero ellos dicen que hacen lo que pueden, que no tienen gente, que están atados de manos, pero nosotros vivimos presos en nuestras propias casas. ¿Sabés lo qué es un sábado a la mañana cuando uno intenta sacar el auto? Es mirar para todos lados y cerrar el portón lo más rápido posible con miedo a que no se te meta nadie porque no lo sacas más".
En ese sentido, Gonzalo, que vive en Dorrego y Alsina, también cuestionó los problemas de jurisdicción que hay entre las seccionales Primera y Segunda por no saber determinar cuáles son los límites de cobertura de cada dependencia.
"Cuando pasa algo, llamás y te dicen que esta zona es de la Primera y que la Segunda no tiene nada que ver. Se tiran la pelota uno a otro", señaló, reclamando también por la falta de semáforos en un punto crítico de la ciudad.
"Acá los autos a la madrugada pasan a mil. Nosotros estamos pidiendo un semáforo para que se terminen los choques y para que en la madrugada no maten a nadie porque los pendejos bajan gateando de todo el alcohol que tomaron. Encima se hacen los malos cuando uno les dice algo; yo el otro día tuve que esperar como media hora para sacar el auto porque había dos que estaban tomando y drogándose en el nicho de gas. El Gobierno tiene que hacer algo porque la única que queda es agarrar un arma y salir a punta de pistola para que te dejen sacar el auto", criticó.

CASOS DE VIOLENCIA
Lo cierto es que más allá de los testimonios, hay hechos concretos que marcan lo que sucede durante la noche, en ese sector bailable de la pujante Comodoro Rivadavia. El 28 de marzo de 2009, a la salida de Gigante, la bailanta que está ubicada en Ameghino al 1.500, Gabriel Coronel fue asesinado de tres puñaladas por Víctor Borda, quien ya cumplió condena por el crimen.
En el mismo lugar, pero el 29 de agosto de 2011, René Hernández también fue atacado con un arma blanca. Recibió varios puntazos en el abdomen y el torso que lo dejaron internado por varios días.
El 7 de abril de 2012, Gigante volvió a estar en el ojo de la tormenta cuando afuera del local, Leonardo Pintos (22) perdió la vida luego de ser atacado tras participar de un concurso de "Comerciales" y mantener una riña con otras personas tras un choque.
Mientras que el 15 de junio de 2013, Cristian Cárcamo salía de Gigante cuando recibió un puntazo en la espalda y otro corte en la zona del tórax. El joven de 20 años fue trasladado al Hospital Regional y fue dado de alta luego de recibir las curaciones.
Uno de los últimos hechos de este tipo de produjo el 25 de diciembre 2015, cuando Luis Aníbal Pintos fue atacado en el interior del boliche ubicado en Ameghino al 1.500.
Llamativamente la víctima fue encontrada por la policía en Alem al 700 con cuatro puntazos en el tórax, y cuando los investigadores siguieron los rastros de sangre llegaron al local. Exigieron el desalojo de todo el boliche para identificar a los agresores, pero cuando se encendieron las luces se produjo un desbande. El joven salvó su vida de milagro.

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