De la bocha de 1 kg a la "naranja"

Ramón siempre fue un tipo inquietó y autodidacta, tal vez por ello no titubeó cuando un amigo lo invitó a realizar el curso para comisionado de básquetbol.
El desafío no era nada fácil, implicaba estudiar las reglas del juego y estar a la hora del día con las actualizaciones. A eso sumarle en la práctica la seguridad para impartir justicia en un juego dinámico donde la situación varía en milésimas de segundos.
"Yo creo que tiene que ver con el autocontrol, la capacidad de observar y la seguridad para impartir orden. A partir de eso uno pone en juego toda su capacidad", sostiene.
Durante 19 años ejerció en distintos torneos hasta llegar a Liga Nacional, donde fue en su momento el número 3 de árbitros para dirigir.
"Yo empecé en una época donde había equipos de básquet muy fuertes en Comodoro, como Petroquímica (que llegó a jugar Liga B), Huracán, Federación Deportiva y luego Gimnasia y Esgrima. Y me dediqué a estudiar con mucho entusiasmo y a hacer partidos locales, hasta que Petroquímica (con Othar Macharashvili como DT) me propone como oficial de mesa. Vinieron dos árbitros de FIBA a tomar examen y pasé las pruebas. De hecho fui el único en aprobar", sostiene.
Del plano local saltó a la instancia nacional, donde árbitro jugadores de jerarquía del básquetbol nacional como Campana, Milanesio o Montenegro.
"Todo el mundo mira donde va la pelota, y el básquet se ve donde no está la pelota, y donde si no estás atento se pueden matar a codazos o pisarse los tobillos. Igual a los dos minutos de juego vos como árbitro ya sabés si los equipos vienen a jugar al básquet o a otra cosa. Con los jugadores pasa lo mismo, uno en lo inmediato sabe quién sale a 'embarrar' la cancha", describe.
Hasta hace cinco años atrás, Ramón Morel revalidó su carnet como árbitro y comisionado. Pero cuando la ADC sostuvo que los árbitros debían viajar en colectivo -sin importar las distancias- no titubeó en renunciar junto a otros colegas e iniciarle juicio a la Asociación de Clubes de Básquetbol, instancia que ganó.
En lo particular, hace ocho años que se jubiló como viajante de libros. Y le dijo a su mujer que no trabajaba más. Pero Morel no pudo con su genio y aceptó la propuesta del árbitro internacional Raúl Chávez (único argentino en dirigir Euroliga) para sumarse a la empresa de un primo suyo, donde se desempeña en la actualidad.
"Para quien practicó el deporte de alto rendimiento no existe un punto final. Yo no me veo no haciendo algo. Y si bien ahora no juego un deporte en particular, salgo a caminar cada vez que puedo. Creo que el deporte me dio muchas cosas, pero en especial el autocontrol, lo que me permitió grandes satisfacciones en el plano laboral y familiar", concluyó.

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