Débora Scalzi, determinación y proyección por el waterpolo

Comenzó nadando de niña en la pileta de Diadema. Ya de adolescente incursionó en el juego acuático y sobre los 17 años se quedó sin equipo. Lejos de amilanarse, se sumó a los varones de Primera, aún sigue allí, y este año comenzó a jugar en la máxima competencia federal. Está a punto de recibirse de contadora, además es secretaria de la Asociación de Waterpolo local. Y se define como una "picasesos", detrás de Néstor Monzón, a la hora de promover la disciplina.

En la vida de Débora Scalzi (23) es todo determinación. A los 17 años ya sabía que carrera iba a estudiar y en dónde –de acuerdo a los recursos económicos de la familia- y que iba a seguir poniéndole el hombro al waterpolo, ese deporte acuático que conoció sobre el final del secundario cuando un grupo de amigas que se iniciaron nadando en la pileta de Diadema formaron un equipo de competencia bajo la mirada de Marcelo “Gallego” Alvarez.

“Era un lindo grupo, y de hecho jugábamos contra las ‘Guerreras’ que eran del Complejo Huergo y competían a otro nivel. También compartíamos entrenamientos con los varones. Pero luego por cuestiones particulares nos quedamos sin técnico, las ‘guerreras’ se disolvieron y de repente no teníamos donde ir”, recuerda Débora a El Patagónico.

Sin equipo, si actividad, las chicas –incluidas las ‘Guerreras’- desaparecieron del mapa. Pero Débora estaba dispuesta a no bajar los brazos y comenzó a sumar como jugadora y colaboradora con la actividad.

“Gracias a Néstor Monzón, que siempre está en todos los aspectos, el waterpolo comenzó a resurgir pero en varones. Así que yo comencé a ser la única chica que entrenaba con los hombres en la pileta del Huergo. Luego cuando íbamos a jugar Liga Patagónica hacíamos combinados con los juveniles para poder participar”, recuerda.

No le fue fácil, si bien se adaptó y los chicos del equipo de Comodoro la ven como una jugadora más, en el principio le costó hacer valer su jerarquía como jugadora.

“Yo a los 17 años ya empezaba la Universidad y la carrera de Contador Público. Sé que es una carrera exigente que te lleva muchas horas presenciales, de hecho yo entraba a las 14 y salía a las 21 directo a la pileta todos los días”, describe.

Determinación, Débora valora el esfuerzo que hicieron y hacen sus padres –colaboran con dinero para que pueda viajar dos veces al mes a Rosario para competir- por eso tenía en claro que iba a perseguir los dos objetivos: el deportivo y el académico.

En los estudios, está a cinco finales del título y ya no cursa más. Desde los 20 comenzó a trabajar en diversos estudios contables. Algunos como pasantes –siempre mal pagos- y otras como ayudante.

“En la Uní hasta el año pasado era la ‘chica de la mochila azul’, porque era gigante y ahí llevaba todo. Los primeros años me costaban, porque salía de trabajar, iba a la universidad, a la pileta y volver a Diadema. Y todo en colectivo”, describe.

REVALIDAR

Siempre la respetaron y cuidaron en el equipo. Y Débora siempre se sintió motivada, pero necesitaba revalidar que su esfuerzo valía la pena para ser parte de un equipo exclusivo de varones.

“En un Patagónico que se jugó en Puerto Madryn –donde también desapareció la actividad, porque este es un deporte muy amateur- recuerdo que yo fui al banco y había otro chico, pero como le habían sacado tarjeta no podía volver a entrar”.

Le tocó entrar contra Neuquén y con dos goles abajo. Al ser mujer, el rival no le puso presión personal. Y Scalzi marcó dos goles al ángulo desde una distancia de cinco metros. Ahí pasó a ser una rival más.

“El waterpolo es un deporte de roce y que tiene mucho de natación, de hándbol, de básquet y de visión de juego. Yo un par de veces me ‘comí’ un par de codazos que por suerte no me rompieron el tabique nasal. Y también en la intensidad de juego supe dar mis golpes, pero es algo que me tiene sin cuidado”, sostiene.

Los suyo fue revalidar sus opciones, y como en el waterpolo hay todo por hacer, comenzó como secretaria de la Asociación local.

“Este año comenzamos con la escuelita de waterpolo en la CAI y el Huergo. Además le metemos mucho empuje a los juveniles y a la Primera, donde sumamos a Federico Lastra que es profesor de educación física y nadó toda su vida y fue ex jugador. En el waterpolo cuesta conseguir técnicos, la mayoría que se acerca son ex jugadores. Pero es un trabajo de hormiga donde hay que motivar siempre”, comentó.

Su pareja es jugador de Primera, y este año –ya sin la carga de cursar en la universidad- entendió que estaba preparada para dar un salto más en lo deportivo.

“Con Agustina (Todoroff) fuimos del grupo de chicas que nos iniciamos en la pileta de Diadema. Luego ella se fue a estudiar a Rosario como su hermano y comenzó a jugar en Sportmen en la Liga Nacional. Para mí es el ejemplo a seguir, porque juega en la Selección nacional y hasta hace poco estuvo jugando en China”, recalcó.

Por ello, sobre 2016 –y con entrenamientos seis veces a la semana con varones- Débora le pidió a su amiga Agustina que la contacté con su entrenador.

“De Sportmen me dijeron que vaya en el verano a probarme. Yo pedí mis vacaciones y fui a principio de este año y quedé. Ahí fue momento de revalidar mis objetivos, porque jugar Liga Nacional implica viajar dos veces por mes a Buenos Aires y de ahí en colectivo a Rosario. Y el club colabora pero no me paga los pasajes. Vuelvo a repetir, el waterpolo no goza de buenos recursos económicos y cada club trata de mantenerse como sea”, remarca.

Con la ayuda de sus padres, su trabajo, el Ente Comodoro Deportes –que también la entrena a través del Gabinete Metodológico Municipal- y desde hace un par de fechas del referente del Sindicato de Camioneros, Jorge Taboada, Débora se mide con las mejores exponentes del país, con un equipo que marcha puntero en la tabla.

“Cuando estaba en los primeros años de la ‘Uni’, veía los avances de Agustina y para mí es un orgullo que sea mi amiga y haya salido de la Patagonia a recorrer el mundo con la Selección. Nunca me arrepentí de mis decisiones, yo planifico el futuro inmediato. Ahora estoy en pareja y con él nos apoyamos mutuamente para colaborar en la promoción del deporte. Apostamos por ello, y en ese sentido Federico (Lastra) viaja a capacitarse para que cada día seamos más competitivos”, detalla.

Respecto a si quemó etapas, y el miedo de querer vivir ellas en plena madurez, Débora aclara que no se privó de nada. Sí tuvo siempre en clara sus metas. Y todo lo que hizo y hace, lo hace por ella. El deporte es parte de su vida, si no lo hubiera practicado en ese alto rendimiento sería un presupuesto en psicólogos sostiene. Respecto a la relación estudio-trabajo-deporte, “nada es imposible”, sostiene. El deporte en ella le dio una disciplina, el trabajo la posibilidad de costearse las competencias. Y el esfuerzo de su familia la motivación para invertir su tiempo.

Cree que lo mejor está por venir. Que hay que aprender a esperar –como cuando salía de la secundaria y esperaba en el centro el colectivo a Diadema- y que una vez con el titulo bajo el brazo evalúa emigrar a Rosario.

Como dirigente, lleva los papeles de la Asociación y su mayor deseo es incrementar el número de jugadores y categorías del waterpolo de la capital petrolera. Así el deporte vuelve a brillar como en las décadas del 80’ donde Comodoro sobresalía por su jerarquía de juego.

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