Delio Carrizo llegó por el Servicio Militar y se quedó para echar raíces

Identificado con Petroquímica, donde hoy juega en Veteranos, a los 51 años, el chaqueño pero comodorense por adopción siente un amor especial por la capital del petróleo, donde vivió los mejores momentos de su carrera futbolística. "Comodoro me dio casa, familia e hijos", remarca, y se emociona. "Se me hace un nudo en la garganta, porque el cariño de la gente de acá, para mí, es impagable", sentencia.

por Lorenzo Martinsl.martins@elpatagonico.net

Delio Carrizo recibe a El Patagónico afuera del gimnasio del Sindicato de Petroquímica, enfrente de la cancha del “Verdolaga”, donde escribió varios capítulos de gloria con el club de Kilómetro 8, para retirarse con 34 años en octubre de 2000.

El exdelantero, que también defendió los colores de la Comisión de Actividades Infantiles, Jorge Newbery, Huracán, Laprida del Oeste, Ferrocarril del Estado y Universitario, actualmente está a cargo de Milan, un equipo que armó un grupo de padres. Son más de 30 chicos de entre 6 y 8 años.

Delio nació en Villa Angela, Chaco, hace 51 años. Cuando tenía 2 años, se mudó con su familia a Buenos Aires, donde vivió hasta los 18. A esa edad, tuvo que venirse para Comodoro Rivadavia, a cumplir con el Servicio Militar.Petroquímica le compró el pase a Argentino de Quilmes, donde el chaqueño alternaba entre Reserva y Primera desde los 16 años.

La entidad de Km 8 le dio casa, comida y sueldo.“Caigo en ‘Petro’ porque hice el Servicio con el ‘Dany’ García, en el Hospital Militar. Ahí se organizaban torneos que se jugaban con todos los hospitales o clínicas.

El ‘Dany’ me vio ahí y me llevó, porque quería que jugáramos juntos. Al final, él se va en la primera baja y yo me voy en la última. Se va a Mar del Plata, porque la señora actual vivía y estudiaba allá. Entonces nunca jugamos juntos en Primera. Hoy sí jugamos juntos en Veteranos”, resalta.

UN ARRAIGO MUY ESPECIA

LA la distancia, Delio Carrizo siente que es un privilegiado y por ello está muy agradecido a esta ciudad.

“Se me hace un nudo en la garganta, porque el cariño de la gente de acá, para mí, es impagable. A Comodoro lo amo como si hubiese nacido acá. Es lo que yo siento por esta ciudad”, afirma, con los ojos llorosos.

“No lo gané en dinero. Lo gané en el cariño de la gente, que es mucho más importante que tener plata. Eso también me lo gané porque jamás me creí más que nadie. Siempre la humildad. Papá siempre me dijo: ‘la humildad lo va a llevar lejos, nunca se crea más que nadie y respete desde el más chico hasta el más grande’. Siempre recuerdo los consejos de mi padre y no voy a cambiar”, asevera.

Delio, hijo de Lucía y Abelino, fallecidos entre 2009 y 2010, tiene once hermanos y seis hijos: Darío, Diana, los mellizos Julián y Candela, Morena y Julieta. “Comodoro me dio todo: casa, familia e hijos”, enfatiza.

ROMANCE ETERNOCON EL FUTBOL

Carrizo tiene bien claro que debe aceptar cuando le dicen “exfutbolista”, pero por una cuestión referida exclusivamente al fútbol oficial, ya que ama y sigue practicando el deporte.

“Uno dice que se retira, pero siempre está ligado al fútbol. Yo no tengo problemas en que me digan ‘exfutbolista’, porque llega cierta edad en la que uno ya no puede jugar a nivel oficial”, aclara.

Cuando se retiró y ya estaba jugando en Veteranos, el preparador físico Anastasio “Taso” Nicolau lo busca y le dice que vuelva. Se estaba preparando para su retorno a Primera oficial y se rompió el tendón de Aquiles.

“Me di el gusto de jugar en Quinta con mi hijo Darío, que tenía 16 años. Si no me hubiese roto el tendón de Aquiles, tiraba un par de años más porque estaba muy bien entrenado”, reconoce.

Siempre que revisa su carrera, de la cual está orgulloso, a Delio le pincha una espina. “Lo que más me dolió, es no haber podido jugar en la selección argentina, porque estuve convocado a la juvenil. Me tocó el Servicio Militar y no pude ir a la Selección. De Argentino de Quilmes también habían convocado a Tejeda. ¿Podés creer que fuimos los únicos dos que no pudimos ir?”, se lamenta.

Si de anhelos se trata, tiene uno muy especial. “Me gustaría trabajar en el club al que le di tanto de mi vida, porque mi corazón lo siente a Petroquímica. El tiempo lo dirá. Me gustaría trabajar en divisiones inferiores, enseñarle realmente al chico que no es sólo patear una pelota. Si querés que la pelota vaya donde vos querés, tenés que tratarla bien”, recalca Delio, mientras los chicos le preguntan a qué hora empieza la práctica.

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