El hombre que le ha cortado el pelo a cuatro generaciones

Juan Carlos llegó a esta ciudad el 2 de julio de 1969. Como la mayoría, arribó en busca de un destino mejor. Había terminado el servicio militar obligatorio, tenía 22 años y si bien le gustaba su Mendoza natal, sabía que el futuro debía buscarlo y construirlo en otro lado.
Juan Carlos o "Peluquín", el mendocino que le ha cortado el cabello a cuatro generaciones de comodorenses, sabía poco y nada de esta ciudad cuando llegó a ella. Sin embargo, reconoce que le dio todo y que la ama profundamente. Pese a despotricar por algunas cuestiones y por lo que considera falta de gestión y de compromiso, tiene a Comodoro Rivadavia en su cabeza y corazón.
"Terminé el servicio militar y me tomé el micro. Primero fui a Neuquén, porque algunos amigos me habían hablado de que había trabajo en El Chocón, donde ese estaba construyendo la represa, pero seguí viaje hasta llegar a Comodoro. Desde ese día, no me fui más de esta ciudad", rememora.

EL VIENTO, LA GENTE
La mayoría de quienes no nacieron en esta tierra recuerdan el día de su llegada. En el caso de Juan Carlos fue el 2 de julio de 1969 y uno de los personajes siempre presentes que lo recibió fue el viento. "Si, el día que llegué había un viento terrible, como los de antes, pero también a poco de andar me encontré con una gente extraordinaria. Por eso me quedé y está claro que, de acá, me voy a ir con las patas para adelante", asegura con toda certeza.
Como todos los comienzos, al menos el de los laburantes, fue duro, pero Juan Carlos siempre confió en su esfuerzo, sus ganas y su decisión. "Vivíamos cuatro tipos en una piecita, en lo de Davos, acá la vuelta", cuenta señalando hacia la calle Sarmiento.
"Empecé a trabajar con Jorge Cavicchioli, con quien estuve dos meses. Luego pusimos la peluquería El Turf, acá en mismo lugar que estoy ahora (Pellegrini 968). La abrimos el 28 de setiembre de 1969. Estuve primero dos años, después por razones particulares me fui un año con "el colo" Paradiso, otros 10 seguí con la gran familia de Toto Cereceda, en la San Martín, y en el 82 volví acá. Hace exactamente 35 años", remarca.
Juan Carlos aceptó la entrevista "porque es para hablar de mi Comodoro", pero solo si podía seguir trabajando. Es decir que mientras con habilidad asombrosa y cotidiana avanzaba con sus tijeras en el corte solicitado, su voz se teñía de recuerdos y tanto su hablar como su mirada a veces se entrecortaban por la emoción.

"CRECEMOS PESE A TODO"
Juan Carlos y la ciudad fueron creciendo casi de la mano. A "Peluquín" hay cosas que no le gustan y eso se debe a que es un vecino comprometido para con su terruño, el lugar dónde formó familia, desde que conoció a Diana Silvia Leske con quien tuvo 4 hijos (Diana, Laura, Nicolás y Luis)
"Los cambios son grandes. Hace tiempo que Comodoro dejó de ser un pueblo o una ciudad chica. Somos una ciudad enorme, y esto tiene algunas cosas buenas y otras no tanto. A mí lo que me molesta y lo digo con dolor, es que desde hace 28 o 30 años hay una escasez de dirigencia muy grande", opina.
Mesa aclara que respeta a todo el mundo y que cree que hay, en la mayoría de los casos buenas intenciones, pero considera que "falta gestión a nivel general. Ahora, todo el mundo le pega a la cooperativa (por la Sociedad Cooperativa Popular Limitada), pero nadie dice que los caños que hoy tenemos, son los mismos que puso la gente que dejó todo por esta ciudad y por defender algo tan noble como trabajar en una cooperativa".
En ese tono, Juan Carlos recuerda: "hace 30 años también se hablaba del Dique Los Monos. Hoy vemos que el tiempo pasó y no tenemos ni esa obra ni otras. Tenemos que tener una dirigencia más fuerte porque, como pasó casi siempre, estamos dejados de todo, tanto por Provincia como por Nación".
Juan Carlos, con este amor y compromiso por su ciudad, no se quedó en las palabras de café, o en su caso de peluquería, en 1987 fue candidato a concejal por el Partido Vecinalista de Comodoro Rivadavia, por el que hizo una buena elección pero no alcanzó la banca algo de la que ahora no se lamenta para nada, sino todo lo contrario.
El salto del interconectado eléctrico, que pasó del Valle a Pico Truncado, también es evocado por Juan Carlos como una falla de la dirigencia comodorense y un "olvido intencional" de la Provincia y Nación. "Si vos te acordás o agarrás los diarios viejos, el único que luchó un poco por este tema fue Marcelo (Guinle), el resto no dijo nada, y hoy la mayoría siguen siendo funcionarios. El pueblo no se movió", lamenta con bronca, mientras muestra con su espejo el primer corte ya hecho, y llama tras ausentarse unos minutos para lavar la cabeza del cliente, al segundo en la fila de espera.
"También nos llevaron la energía eólica, que se fue para Dolavon. Acá tenemos el parque número uno, fuimos pioneros con los molinos, y sin embargo cuando viene la buena o la inversión, todo va para otro lado. Es muy triste, pero pese a eso y pese a todo, Comodoro sigue creciendo", acota orgulloso.
El corte y la entrevista solo se interrumpe si el cliente, que mira atento lo reclama, o cuando en la radio o en el equipo de música suena un tango, que es fuera de su familia y su oficio, su otra pasión.
"Comodoro es una ciudad tanguera, de eso no hay dudas. Soy un enamorado del tango, porque las letras son colosales. Dicen todo. No solo es poesía, es filosofía pura. Acá vinieron a tocar y cantar los mejores, hasta eso me dio esta ciudad. Puedo estar enojado porque dejamos de tener el ferrocarril que iba a Deseado, o La Chanchita, pero esta ciudad y su gente son ma-ra-vi-llo-sa", define Juan Carlos, silabando al dos por cuatro.

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