En Salta, originarios perdieron sus casas por la crecida del Pilcomayo

Se trata de miembros de las etnias Toba y Wichí, que perdieron sus viviendas luego de que el río Pilcomayo desbordó por las intensas lluvias al sur de Bolivia. Unas 3.000 personas tuvieron que ser albergadas en centros de evacuados en el norte salteño.

Miembros de comunidades originarias del municipio Santa Victoria Este, Salta, pidieron a las autoridades poder seguir alojados en los centros de evacuados hasta lograr reconstruir sus viviendas, luego de que perdieron sus casas por la crecida del río Pilcomayo.

“Mi padre perdió la casa, que era rancho, y nosotros habíamos recibido viviendas de emergencia, que también se han caído”, contó a Télam Arturo Menéndez, del pueblo wichí en la comunidad Padre Coll 2.

El hombre, alojado en el centro de evacuados de El Rosado, cerca del kilómetro 90 de la ruta provincial 54, es uno de los afectados por la crecida del río Pilcomayo debido a las intensas lluvias al sur de Bolivia, que desplazaron a unas 8.500 personas de distintas comunidades de Santa Victoria Este.

Unas 3.000 personas fueron albergadas en centros de evacuación montados en distintos puntos del norte salteño.

“Por eso, nosotros suplicamos que nos den tiempito de estar acá para poder reconstruir. Ojalá que no llueva estos días para que podamos volver, elegir un lugar y trabajar para volver a tener nuestra casita”, rogó Arturo.

Junto a su padre, don Felimón Menéndez, Arturo conversó el miércoles con funcionarios del ministerio de Desarrollo Social de la Nación, en una carpa de campaña del Ejército.

“Reconocidas por el gobierno de la provincia, somos 72 comunidades que estamos con decreto. Nosotros todavía no tenemos todos los trámites legales, pero somos una comunidad reconocida”, explicó Don Felimón.

El hombre informó que Padre Coll 2 cuenta con unos 500 integrantes y está “antes de la entrada de Santa María, al lado de un puente que fue terminado”.

“En mi familia somos como 40”, todos alojados detrás de los anillos de defensa del río. Algunos parientes están albergados en el centro de El Rosado, y otros están “encarpados a la vera de la ruta”, detalló Arturo.

“Nosotros primero no queríamos salir, pero el río vino muy rápido. Gracias a Dios que ganamos tiempo y cuando ya amaneció estaba todo con agua. Estábamos sin posibilidad de abastecernos porque los comerciantes se fueron de nuestra comunidad. Sabíamos que había un campamento acá y nos trasladamos sin pensar nada, y nos han atendido bien”, comentó.

ADAPTARSE A LA CRISIS

A través del capitán Sebastián Lerda y unos 50 efectivos, el Ejército Argentino colaboró con la evacuación de inundados, y en la asistencia de 360 evacuados en El Rosado.

“Hasta con la comida fue difícil. Imagínese que muchos no comían ensalada, y poco a poco van aprendiendo y se van acostumbrando a la comida del Ejército, que es muy rica”, reveló Arturo, mientras que su padre asentía con la cabeza y contaba que en esta emergencia aprendió a comer cebolla.

El hombre dijo que la principal preocupación eran los niños, y explicó que “al principio estaban mal y extrañaban sus casas, pero se dan cuenta de que el río trae muchas cosas y no preguntan. Saben que por ahora no se puede ir”.

“En nuestra cultura algunos son muy ariscos. Muchas veces la gente de ciudad piensa que somos malos, pero no somos malos. Incluso aquí estamos las etnias toba y wichí, todos juntos. Eso es importante”, reivindicó Arturo, para quien “no es fácil, pero nos entendemos”.

Luego de agradecer a la familia que les permitió instalarse en el lugar, deseó: “Esperamos que esto no vuelva a pasar. El río es muy complicado”.

Los pedidos de donación incluyen útiles escolares, ante el próximo inicio de las clases, programado para poco menos de un mes. Y un equipo transmisor, ya que el de Felimón se deterioró con el agua, y se requiere renovar la radio FM 91.7, que cubre toda la zona.

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